Toshirō Mifune, actor japonés, nació el 1 de abril de 1920 en Qingdao, China, de padres japoneses. Su padre tenía una tienda de fotografía y Mifune aprendió muchas de las técnicas con él. Durante la II Guerra Mundial prestó servicio militar en la Armada Imperial Japonesa, realizando interpretación de fotografías aéreas.
Tras el fin del conflicto, y con la intención de trabajar con cámara, asistió a los estudios Tōhō Films. Realizó algunas pruebas y, por su impronta, llamó la atención Yamamoto Kajiro, así que se adentró en el mundo de la actuación. Debutó en 1947 en “La cumbre nevada” de Senkichi, luego trabajó con Kurosawa (1948-1960) protagonizando 16 de sus películas, legando ambos, hasta ahora, lo más destacado del cine japonés en el mundo. “Rashomon” (1950) y “Los siete samurais” (1954) fueron las producciones más relevantes, las más aclamadas internacionalmente, las que les dieron fama mundial. Mifune sufrió gran estrés por el perfeccionismo de Kurosawa y temió por su vida cuando se usaron flechas reales que le alcanzaron muy cerca.
En 1960 protagonizó “Ánimas Trujano” en México, pues el director deseaba un artista internacional para contribuir con la proyección del cine mexicano. Mifune aprendió las líneas en español, pero como su acento japonés era tan notorio, se terminó usando el doblaje. En Hollywood participó en “Grand Prix” (1966), “Infierno en el Pacífico” (1968), “Sol Rojo” (1971), “1941” (1980) y en la miniserie televisiva “Shogun” (1980).
Fue un actor muy versátil, de formas enérgicas, contundentes y a veces extravagantes. Kurosawa apreció su poderosa presencia, pero se estresaba porque era “como domar una fiera”. Participó en 150 películas y recibió tres premios del Festival de Venecia por “Yojimbro” (1961) y “Barbarroja” (1965). Fundó su propia productora que tuvo un alcance limitado.
Falleció en Tokio el 24 de diciembre de 1997.

