El ser humano no ha dado el primer paso -en su tímida intención de buscar algo que lo explique como ser espiritual- cuando ya busca la forma de no darlo. De evitar la confrontación, de sumergirse en la divinidad. Considerando sus miles de encarnaciones, la mirada interna se vuelve ora sombría, ora opaca, siempre dependiendo de la cualidad kármica. El universo material lo rapta, a manera de tendencia estructural y en esos intersticios desarrolla todas sus emergencias, puras e impuras, dominios de mente y alma que, en ese proceso de sustracción, prevalece la involución, la distracción, el encantamiento por la adhesión. Se inferioriza.
¿Por qué es importante una Iniciación? ¿Cuál es la razón para desplazar mi conciencia hacia a un criterio teórico-práctico evolutivo del ser? ¿Puedo experimentar un avance espiritual alejado de toda vía iniciática? ¿Es razonable intentar una transformación en mi ser y no abandonar mi estatus en la sociedad? Interrogantes van y vienen, y es lógico que, en los albores de un ajuste de elevada espiritualidad, el sujeto se explore, se interpele, ya que la decisión implica una ruptura con aquello que quebranta toda instrucción de amor.
La imagen es muy sencilla. En principio, el interés por el autoconocimiento es uno de los momentos más lúcidos del ser humano. No es su disposición para asumir una relación de pareja, contraer matrimonio, tener hijos, hallar un buen trabajo, estudiar la carrera de sus sueños, recibir un premio consagrado, firmar con la marca más poderosa en cualesquiera de las actividades que le plazca, es decir, armar y ejecutar el patrón y que desfilen los resultados materiales previstos.
No se trata de satanizar los roles y formas culturalmente establecidas, se trata de advertir que el nuevo nacimiento debe acabar con el pacto del replicante, que interviene en la vida con el propósito de reincidir en lo que ya ha reincidido en sus otras vidas. El advenimiento celestial de esa madurez que ha hallado el ser humano, de ese despertar, es el inicio, el comienzo, el esbozo, de unas correspondencias entre él, sus circunstancias espirituales y el cosmos.
La iniciación espiritual es un evento esotérico agudo, de gran intensidad, siempre que exista en el aspirante a iniciado, disposición en la entrega, humildad y hambre de entendimiento. A pocos estadios en la vida se llega con esa desnudez de espíritu, energía que nos instruye en la aventura de Ser, y nos recuerda que, una vez iniciado, la gradualidad en el recorrido asumirá, una curiosa semejanza con el héroe, en especial, cuando este se sacrifica en función de un ideal, aunque debe superar todo obstáculo posible y desarrollar su carácter. Eso hace un iniciado: forja su temperamento a fuerza de voluntad, superior a toda manifestación consciente.
Hay códigos sin los cuales, nada de lo que haga y diga el iniciado tendrá perspectiva evolutiva. Sin el acatamiento de la norma, sin el compromiso y la disciplina, adquiridas, los esfuerzos por interpretar la naturaleza en términos espirituales, terminan siendo falsas calistenias cósmicas. Es la morfología que se exhibe en la actualidad, con notable tendencia. Visto así, nos topamos con la idea de querer ser sin poder ser. Hasta que un día hallamos, por causa y efecto, el espacio, la sonoridad del llamado. Si venías buscando la frecuencia, la hallarás. Y por ley, te sitúas.
Renunciar al estado con que te asomas al umbral es determinante. Entrar al laberinto cargado de equipajes limita toda opción de liberación. Ni hablar de la carga de deseos, sueños, esperanzas, anhelos, y todas esas creencias que nos hunden en las arenas movedizas de la esclavitud. La verdad concede libertad en todos los niveles, y ella es la guía, la luz orientadora, el gurú que te sugiere con sutileza, pero la decisión última, el dictamen transformador, lo experimenta el iniciado. No puede ser un visitante ocasional de este proceso.
¿Algo a qué aferrarse? Sí, contrario a las palabras de Qohelet, “Esto no tiene sentido, nada a qué aferrarse”, el juicio se evapora en el supremo entendimiento del iniciado, quien debe embarcarse en el rito iniciático aferrado a la verdad, a la luz, al amor, y a la inevitable aspiración de eludir el eterno retorno como la desmedida astucia de la humanidad.


la verdad es que el Alma está regida por las emociones que nos esclavizan. Esto hace que el Espititu no pueda llegar de nuevo a su hogar original.
Cuando controlamos las emociones ;somos autónomos.
la verdad nos hará libres.
Que no retornemos…. gracias.
Quien soy,hacia dónde voy? crecimiento, expansión, cuando habla el espíritu, vibrante calma nos sacude, gracias encuentro muy valioso su texto
gracias, gracias, gracias!
Bendiciones
Sin desperdicios. ¡ Muy Agradecido !