Juana de Arco es una santa y heroína, cuyo rol en la Guerra de los 100 años, entre Francia e Inglaterra, fue determinante. Nacida en 1412 en Domrémy, durante el periodo conflictivo entre Carlos VII de Francia, el heredero al trono, apodado El Delfín, y Enrique VI de Inglaterra. Adquirió fama por haber cambiado el destino de una nación que parecía estar a punto de ser derrotada.
Desde su infancia la joven Juana demostró una fuerte conexión con lo divino, y un fuerte amor hacia la iglesia católica, y hacia Jesús. A los 13 años, relata que tuvo su primera visión de las hermosas figuras del Arcángel Miguel, Santa Margarita y Catalina de Alejandría estando ella en el jardín de su padre. Declararía más adelante, durante el juicio, que en ese momento ella había escuchado a las figuras místicas instruirle sobre su misión: expulsar a los ingleses y llevar al Delfín a Reims, para ser coronado.
Así fue como a los 16 años la Doncella de Orleans comenzó su misión.
“Dos soldados creyeron en Juana,
tras observar su manifestación de fe
y acertada predicción”
Un pariente acompañó a Juana a la ciudad de Vaucouleurs donde ella solicitó, al comandante de la guarnición, una escolta armada que la condujera a la Corte Real, en Chinon. El comandante fue convencido a aceptar su petición, después de haberle negado su ayuda, ya que dos de sus soldados creyeron en Juana, tras observar su manifestación de fe y después de su correcta predicción de la derrota francesa en la batalla de Rouvray, días antes de que llegaran noticias de parte de los mensajeros.
La joven obtuvo una audiencia privada con Carlos, quien quedó muy impresionado con la doncella. Sucesivamente, a la superación de arduos exámenes teológicos, le fue permitido guiar 5000 soldados, si bien su papel no fue claramente definido, pero con la condición de que cumpliera su previsión de levantar el asedio de la ciudad de Orleans. La victoria en Orleans fue seguida por la de Patay, liberando la vía para llegar a Reims, donde el Delfín logró ser coronado el 17 de julio de 1429. Tras el cumplimiento de esta magistral empresa, Juana no volvió a escuchar las voces que hasta el momento la habían acompañado, y pidió le fuese permitido volver a su casa, pero cedió ante la insistencia del ejército de permanecer.
Durante su mando del ejército, ella llevó a los soldados a mantener un estilo de vida cuasi monástico: primero alejó las prostitutas que viajaban con el ejército y prohibió la violencia y el saqueo que usualmente seguía las victorias, además del blasfemar, y, finalmente, obligó a todos a confesarse y a acercarse dos veces al día a su estandarte a orar.
“Juana fue capturada por los borgoñones
y vendida a los ingleses, quienes
la creían poseída por el Diablo”
Juana fue capturada por los borgoñones y vendida a los ingleses quienes la creían poseída por el Diablo, o una bruja al servicio del Diablo, cosa que hubiese hecho de Carlos VII un seguidor de una bruja, anulando su legitimidad al trono.
Acusada de brujería y herejía fue juzgada por un tribunal eclesiástico en un proceso inquisitorial que se prolongó por tres meses, y que terminó con la declaración de su culpabilidad. Juana fue declarada culpable de herejía y hechicería y sentenciada a muerte. Con el fin de evitar la sentencia, decidió cambiar su precedente afirmación de inocencia, pero no obstante el hacer eso le hubiese permitido evitar la muerte cambiando la sentencia a cadena perpetua, ella reafirmó el origen divino de las voces escuchadas, aceptando así la original sentencia. Juana murió en la hoguera el 30 de mayo de 1431, a la edad de 19 años.
Fuentes consultadas https://canalhistoria.es/perfiles/juana-de-arco/ https://www.biografiasyvidas.com/biografia/j/juana_dearco.htm

