El escrúpulo, siempre latente. Duda o recelo inquietantes para la conciencia sobre si algo es bueno o se debe hacer desde un punto de vista moral, es la definición de muchos frente a esta acción interna. Por lo que sería conveniente analizar sobre cómo este comportamiento opera dentro de uno y se proyecta en el otro, es decir, su funcionamiento, causas y efectos.
Desde la psicología, la escrupulosidad es una presentación del trastorno obsesivo compulsivo generado por ideas relativas a la violencia, al sexo o alguna temática que la persona puede considerar repugnante o inmoral, debido a la presencia de dudas y temores relativos al pecado, la blasfemia y el castigo divino, refugiándose en conductas religiosas, pero con una intensa angustia y disfuncionalidad. (Ducis, 2022) Debido a este miedo irracional, la persona se inclina a juzgar determinados pensamientos o acciones como moralmente indebidas, o las mira más graves de lo que son en realidad.
Esta patología la podemos observar en la obra de teatro y película homónima “Equus”, donde un psiquiatra acompaña el proceso de un muchacho que dejó ciego a varios caballos en un establo por haberlo visto tener relaciones sexuales con una mujer. Esto sucede porque en su familia se considera inmoral la sexualidad y él tuvo su primer acercamiento al deseo al fijarse en una persona que montaba en caballo, por lo que su obsesión se impregnó como símbolo en ese animal, llegando a adorarlo compulsivamente hasta el punto de sustituir la imagen de Jesús que su familia le impuso como dogma, con su representación.
Vemos aquí un vivo ejemplo destructivo de una actitud escrupulosa, la cual, en apariencia puede ser bien vista socialmente debido a los comportamientos que genera, como la puntualidad, el rigor, el orden o la disciplina. Pero esto es simplemente una pantalla causada por intenciones de agrado o de rechazo, siendo ambas provocadas por un ego que compara y separa a las personas. Por lo que es imprescindible el observar claramente los orígenes de esta actitud, identificando los temores que la conforman, para terminar con esta falsedad.
Cabe entonces la pregunta: ¿Las buenas acciones pueden existir sin escrúpulos, es decir sin un sentido moral de lo correcto e incorrecto, asociado a un dogma o creencia? Y es que el comportamiento, la acción y el hecho pueden confundirse fácilmente, pues en la ilusoria realidad algo puede parecer virtuoso sin serlo realmente. Por ejemplo, es bien sabido del voto que hacen los sacerdotes de celibato y que, al no ser efectuado desde una plena renuncia al apego sensorial, sino más bien por una creencia religiosa, reprime el deseo y lo fuerza a su expresión, muchas veces violentando y causando daño a otros. Su actitud escrupulosa es bien vista socialmente, pero en el fondo una persona así acumula insatisfacción y perversión.
Entonces, la virtud en sí no está ligada al escrúpulo, sino que más bien se manifiesta en otras actitudes como la impecabilidad o la integridad, pues estos comportamientos responden a una reflexión interna, mientras que el escrúpulo es un acto que sigue dependiendo del externo.
Según Carlos Castaneda, antropólogo peruano, famoso por su saga de libros sobre chamanismo, la impecabilidad es, simplemente, el mejor uso de nuestro nivel de energía, lo cual requiere frugalidad, previsión, simplicidad, inocencia y por sobre todas las cosas, requiere la ausencia de la imagen de sí mismo. Curiosamente pareciera la descripción de una vida monástica, no siéndolo.
Por lo tanto, valdría hacer un sano ejercicio interno que cuestione nuestro juicio y nos haga discernir sobre la verdadera belleza de nuestros actos, encontrando su sustancia fundamental, más allá de su aparente buena intensión o correcto comportamiento dentro de un contexto humano específico.
Bibliografía:
La escrupulosidad: Una aproximación clínica. Ducis, P. (2022) Instituto Seminario Mayor San José, La plata – Argentina
Las enseñanzas de Don Juan. Castaneda, C. (2001) Fondo de cultura económica de España
Equus. Peter Shaffer (2018) Arola Editorial

