Por John Keane
Fuente: https://www.letraslibres.com/
Las medidas que toman los gobiernos para afrontar la pandemia pueden poner en peligro las libertades. Vigilar al poder es un requisito indispensable para evitar que el despotismo se convierta en la nueva normalidad.
La peste ha devastado muchas veces nuestro mundo, pero cada oleada de la enfermedad es un momento estremecedor en el que la normalidad trastabilla, las ansiedades florecen y las ideas se vuelven tenebrosamente sobre sí mismas. Las pandemias destruyen viejas costumbres. Rompen corazones. La gente se vuelve temerosa. La muerte acecha. Las certezas son arrojadas al viento. La gente siente en las tripas la necesidad de pensar las cosas de nuevo, como yo hago ahora, en cuarentena obligatoria, apuntando los días y las noches, considerándome afortunado por haber logrado escapar indemne del actual pandemonio del Reino Unido y, unos meses antes, de un largo periodo de clases en Wuhan, zona cero de la Gran Pestilencia que ahora tenemos encima.
Entre el dolor y el pánico, la gente quiere entender las cosas. ¿Qué podemos decir de las causas, efectos e importancia de esta Gran Pestilencia? Algunas respuestas ya están sobre la mesa…
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