Nicolás Mijáilovich Románov, Gran Duque ruso, nació el 26 de abril de 1859, hijo del Gran Duque Miguel Nicoláievich de Rusia nombrado virrey del Cáucaso (1862). Su madre fue la figura dominante de la familia a la que llevaba con gran disciplina. Junto a sus hermanos fue educado por tutores.
Se interesó por la literatura y la arquitectura y tenía pasión por las ciencias, pero fue obligado, por tradición, a hacer carrera castrense. Destacó en su formación y, aunque no tenía madera de militar, participó liderando un batallón en la Guerra Turco-Rusa (1877-1878). Era considerado progresista y el trauma de la guerra lo convirtió en pacificista.
El padre fue nombrado Presidente del Consejo del Imperio (1882), la familia se estableció en San Petersburgo y Nicolás se incorporó a la guardia montada de la zarina, donde fue conocido como “Luis Felipe de Orleans” el amigo de los soldados. En 1903 se convirtió en el único Románov que renunció a la fuerza armada.
Se dedicó a estudiar, a la botánica, especialmente pomología, y a las lepidópteras. Desarrolló una mandarina sin semilla, conformó una colección de mariposas raras y escribió diez volúmenes bajo el título “Debates sobre las lepidópteras”. Sobresalió en historia, presidió la Sociedad Histórica Imperial Rusa y escribió varios libros sobre sus ancestros, bien recibidos por historiadores europeos, más no por los connacionales.
Tras la Revolución dudó en salir del país y confió en que el nuevo régimen acabaría pronto. Como otros Románov, permaneció detenido en distintos lugares del país, supo de la ejecución de la familia imperial y terminó en las celdas de la Cheka, Petrogrado.
Por intercesión de Gorki, Lenin firmó su liberación, pero al día siguiente, el 28 de enero de 1919, fue ejecutado y echado en una fosa común junto a otros tres Grandes Duques.

