En días tan turbios, con tanta presión en las mentes y las emociones, con tanto que se tensa y logra enfrentarnos unos contra otros, ante la masa confusa que se cierne, la Enseñanza y el recurso interno juegan de manera tan perfecta, que todo lo de más se desvanece como un espejismo que parecía real.
La meditación renueva en mí ese manto de respiración que cubre a mi Ser. Y me llevó a una experiencia del Navaratri pasado en la cual se revela la perfección y lo infalible de la conciencia Shiva, la que estamos trabajando y la que cada vez más se asienta en nosotros:
“Todo ocurre por programas en perfecta y matemática ejecución. Hasta te parecería un organigrama. Y hasta se proyecta como hologramas, considerando la dimensión y la voluntad de ejecución”.
Esta frase me lleva a la noción computacional de las condiciones iniciales de los programas. Encontré que la infalibilidad de un programa no está solo en la fuerza de la programación inicial (por ejemplo: retornar a la fuente que lo creó), sino en la capacidad del programa para reconocer el mundo que encuentra, adaptarse sin perder su propósito y volver a un estado seguro cuando no puede avanzar.
Para poder retornar, el programa necesita tener un registro de aquello que lo creó, lo cual se vuelve complejo ya que no conoce a su creador directamente (una inteligencia, un programador). Solo puede reconocerlo por las instrucciones propias inscritas en su código, es decir, el programa no accede al creador como tal. Accede a representaciones del creador. Es aquí donde la siguiente parte de la emanación me resulta tan poderosa:
“Y se dan iconogafías, símbolos, que no responderían a fetichismos. Se trata de proyectar, hacer reflejo y se puedan operativizar, y hasta manipular, tocar, en este estadío, en este espacio, en donde las dimensiones juegan, la dualidad prela y la conciencia se establece. Y no se trata de que aportes. ¿Para qué sería? Ni que te unas desde algún confuso ideal. Todo lo que motoriza este programa es tu resolución y tu liberación”.
Esto es clave porque no podemos retornar a una fuente que no reconocemos. De modo que el ritual (el arte místico más elevado), el mantra y la disposición abierta y entendida es lo que vamos concretando como Orden en este encuentro.
La otra forma de verlo es entendiendo “la fuente” como el estado inicial, más no necesariamente como un creador “aparte”. En este sentido, retornar sería restaurar un estado originario, una condición de pureza en la configuración inicial. En informática esto implica restaurar valores por defecto y limpiar memoria.
En teoría de sistemas dinámicos, un atractor es un estado hacia el cual el sistema tiende a moverse. Aunque haya desviaciones, perturbaciones o variaciones, el sistema intenta volver hacia cierto patrón. Y es gracias a las conciencias que nos asisten, a su Guía tan presente en todo momento, que tenemos de un potente atractor, al cual pretendemos y vamos logrando acercarnos cada vez más.
Más allá de verlo como un programa, un código inscrito, o una orden, siento que dejarse atraer por esa cualidad es un acto de amor, de profundo reconocimiento de la grandeza del Ser, de entender y decidir Ser eso, revelando el Principio.

