Ágnes Heller, filósofa húngara, nació el 12 de mayo de 1929 en Budapest, en una familia judía de clase media cuyo padre, durante la II Guerra Mundial, ayudó a muchos a obtener los documentos necesarios para emigrar, pero cayó en 1944 y murió en Auschwitz. Heller y su madre lograron escapar, pero la pérdida del padre y otros familiares marcaron profundamente a Ágnes y su trabajo.
Ingresó en la Universidad de Budapest (1947), comenzó estudiando física y química y terminó estudiando filosofía, tras escuchar las conferencias del historiador y filósofo marxista Georg Lukács, pues sus planteamientos resonaban con su propia necesidad de entender los eventos ocurridos durante el nazismo.
Debido a su evolución, su obra ha sido difícil de clasificar; pertenece a la Escuela de Budapest, supera las 60 publicaciones y es descrita en tres etapas. La primera es influida por Lukács, se inclinó por el marxismo y se afilió al partido comunista, incluye “Las teorías de las necesidades en Marx” (1974) y “Sociología de la vida cotidiana” (1975), entre otras. Luego, tras la invasión de la URSS a Hungría (1956) rompe con el marxismo/comunismo.
La segunda etapa inicia como opositora al gobierno húngaro y su exilio en Australia (1977-1987). El tema del período es la revisión crítica del marxismo como en “Filosofía del radicalismo de izquierda” (1978) y “Crítica de la Ilustración” (1980). La tercera etapa se desarrolla en EEUU, donde publica, entre otras, ”¿La Modernidad puede sobrevivir?» (1990) y ”El tiempo trastornado: Shakespeare como filósofo de la historia” (1999). La evolución de su pensamiento parte de querer cambiar el mundo hasta la prioridad existencial de cambiarnos a nosotros mismos.
Considerada una de las filósofas más importantes, fue distinguida con numerosos galardones como los Premios Lessing, Hanna Arendt y Medalla Goethe. Falleció el 19 de julio de 2019 en Balatonálmadi.

