La noche de las noches, o todas las noches en una. No podemos contentarnos con ser complejos, ni complejizar las cosas. Sabernos situar para comprender lo que nos ofrece esa otra mitad del eterno retorno, cómo la miramos, bajo qué formas la sentimos, cómo nos asiste el cosmos de este lado, el costado terrenal, desde donde incubamos nuestras inseguridades, más que certezas, desde donde derrocamos y nos derrocan, y siempre estará allí, esa proporción de luz envuelta en una noche, una sola y única noche, la absoluta, que, dependiendo del observador, observado, transmitirá y le será transmitido, el nexo que maravilla y testimonia la fe.
Es excesivo, en el mundo de los sentidos, e infinitas en las diversas culturas, lo que representa y simboliza la noche. La cultura védica destaca, señalado el génesis, que después –luego de la aparición de un enorme huevo como la primera causa de la creación, y todos sus efectos- apareció el agua, los cielos, los años, “las estaciones, los meses, el día y la noche”, y luego el humano comenzó a modular su conciencia, a formular su aquí y ahora, a interpretar su espacio, su tiempo, el significado de las cosas, una aventura del alma, donde la psique tiene reservado un espacio para la noche. ¿El refugio de los dioses? ¿La morada celestial de quienes portan la luz?
Hay una noche suprema en los juegos estelares, esa fisonomía de reloj cósmicos a que nos tiene habituado el destino superior, indoblegable marcha hacia el infinito, intrínseco en el Sanathan Dharma: la noche de Shiva. Durante esos tres días que le dan el punto final al mes de febrero, las horas nocturnas están cargadas de una energía auspiciosa, y más aún, cuando es la noche de Shiva, antes de la Luna Nueva, su consciencia desciende sobre aquellos que están alineados, en ceremonia divina, acoplados, conscientes de esa invalorable fuerza de resguardo.
Así, en otros espacios, lo que simboliza, nos da vida, nos estabiliza, o desestabiliza, todo ha de ser de acuerdo con la mirada diversa de nuestro conocimiento y entendimiento. En su Teogonía, el poeta griego Hesíodo, ciertamente nos ilustra sobre el linaje de los dioses de la mitología, sus orígenes, breve descripción de aquel influyente mosaico de deidades, y en ese inventario, antes de adentrarse al mundo de las Musas Olímpicas, reseña a “la negra Noche y a la restante estirpe sagrada de sempiternos inmortales”.
Es como si cada apreciación de los universos creados, necesitara de la existencia de un elemento que la justifique. Es el rosario de las dualidades: noche, día; luz, oscuridad, etcétera, y de pronto todo se vuelve denso, o luminoso. Lo importante es comprender que esa dualidad es unidad. La noche conjuga realidades, y el día las exhibe. Aunque las distintas cualidades de la noche sostienen numerosos y múltiples orientaciones, su valor dependerá de su propia naturaleza. Para los cabalistas no hay dudas de que la luz se oculta en la noche.
Por eso, los egipcios comprenden la noche como un caos que renueva lo viejo. Una dinámica cósmica revelada en el Libro de los muertos. Y Homero, siguiendo las huellas griegas, apunta que la noche rinde, compensa, beneficia, a dioses y hombres por igual. “La noche es terrible, sabia y poderosa, e incluso Zeus la respeta”.
Desde los vedas, la fuente de las fuentes, todos los periodos de la filosofía, con sus noches, la edad antigua, la media, la moderna y contemporánea, oriente y occidente, las culturas prehispánicas, la sumeria, los babilónicas, egipcios, hebreos, chinos, griegos, romanos y celtas, las religiones, es decir, más de 15 mil años contemplando la noche, intentando articular formas de aproximarse a la realidad, allanando fórmulas para responder a los maravillosos enigmas de las civilizaciones, nunca será suficientes para darla a la noche un valor universal, absoluto, que nos meta a todos en el mismo significante.
La noche ha sido tema de inspiración poética, y no podía faltar en el abecedario de las composiciones humanas. Ni hablar de la poesía mística de San Juan de la Cruz, y su Noche Oscura. De ese laborioso empeño hasta surgió un género literario denominado Nocturno, aunque primero se expresó en la música a través del irlandés John Field (1782-1837) y el polaco, Frederic Chopin (1810-1849) . Algunos autores de las letras hispanoamericanas se destilaron por un nocturno, como una manera de afianzar una posición ante la noche, ese instante de regocijo eterno, como García Lorca, Xavier Villaurrutia, José Asunción Silva, entre otros. Incontables manifestaciones de luz en ese ejercicio de la escritura.
Vicente Gerbasi nos dice en Mi padre el inmigrante:
Venimos de la noche y hacia la noche vamos.
Los pasos en el polvo, el fuego de la sangre,
el sudor de la frente, la mano sobre el hombro,
el llanto en la memoria,
todo queda cerrado por anillos de sombra.


Hermoso editorial, finamente hilvanado con Su Amor
Gran enseñanza donde d llega a lo más profundo limpiando karmas y elevando el alma !!! OM NAMAJHA SHIVAYA
Maha Shivaratri!! La gran noche Del Señor Shiva!!! Pude en dos oportunidades festejar esa Gran Noche de Shiva cantando bhajans a los Pies de Mi Maestro Bhagavan Sri Sathya Sai Baba durante toda la noche!! Cuánta Energía!!..cuanta Fuerza en el Corazón. .cuanta alegría y devocion fluia x doquier!!…un regalo maravilloso para mi alma!! Jamas lo olvidaré!! Om NAMAHA SHIVAYA!!! OM SRI SAI RAM!!!
Impresionante editorial… ONS.
Gracias por compartir lectura que alimenta al alma y educa a la mente.
Los sigo de hace tiempo incluso e buscado poder tener un retiro en escuela valores divinos.
Podrían mandar información si es que lo hay
Gracias.