Hija menor de un matrimonio irlandés, Isadora Duncan nació en San Francisco, EEUU, el 27 de mayo de 1878. Su padre, banquero, abandona la familia siendo ella muy pequeña y su madre la sustenta dictando clases de piano y fundando en 1884 una escuela de danza en la que sus hijos dan las clases.
En 1900 la familia regresa a Europa, Isadora comienza a estudiar los movimientos de la danza visitando museos y encontrando en la Grecia antigua iluminación infinita. Fue un período de formación, ávidas lecturas y ensayos de nuevas expresiones dancísticas y coreográficas. Sus primeras presentaciones en Londres despertaron entusiasmo y sus éxitos se extendieron en Europa.
Considerada la creadora de la danza moderna, Duncan se veía a sí misma como revolucionaria. Su arte rompía con los cánones del ballet clásico, pues sentía que éste era forzado y antinatural. Sus escenarios eran minimalistas, vestía túnicas vaporosas, llevaba las piernas desnudas y los pies descalzos.
Para ella la danza era la prolongación de los movimientos naturales del cuerpo que se comunicaba armónicamente con la naturaleza y los cuerpos celestes.
Apasionada y maravillosa, tuvo innumerables amistades y admiradores entre pintores, poetas e intelectuales. Fue madre soltera de dos hijos que perdió en un accidente en París. Al final de su vida se refugió en Niza donde escribió su autobiografía (1927) y ‘’El arte de la danza’’ en el que transmitía sus enseñanzas.
Murió el 14 de septiembre de 1927.

