Desde que nacemos experimentamos cambios físicos, biológicos, psicológicos. En nuestra vida diaria cuando nos enfrentamos a una nueva situación, a un cambio que puede ser en lo profesional o personal y además somos conscientes de que esta nueva situación se va a convertir en permanente, en forma inmediata generamos rutinas para lograr una adaptación más rápida a ese cambio.
¿Cómo podríamos asumir el ritual de lo habitual, teniendo en cuenta que el cambio es intrínseco a la condición humana?
Convertir lo nuevo, en algo habitual, es un sistema de defensa ante nuestra aversión a los cambios, no solo para superar el impacto, sino también para crear nuevas rutinas que nos permitan “estar”.
Sin embargo, podríamos considerar que el establecimiento de estas rutinas y estandarizar nuestro comportamiento, aunque mitiga los efectos del cambio, también limita nuestra capacidad creativa para solucionar adversidades. Estaríamos cambiando seguridad a costa de reducir nuestra creatividad.
En la corriente existencialista planteada por Jean Paul Sartre en su obra “El existencialismo es un humanismo”, este señala que el hombre es “el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe después de la existencia, el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Éste es el primer principio del existencialismo. Es también lo que se llama la subjetividad, que se nos echa en cara bajo ese nombre”. [i]
En este punto podemos diferenciar lo que el hombre proyecta después de experimentar su existencia, y por otro lado tenemos lo que él quiere ser y es en esta línea de coexistencia en la que deberíamos ir asumiendo la responsabilidad total de nuestra existencia.
Pero, la responsabilidad total de nuestra existencia no es desde un punto de vista individual, sino desde una perspectiva amplia y colectiva en donde coexisten todos los hombres.
Es aquí donde indefectiblemente nos enfrentamos al dilema de la “elección”, el valor de lo que elegimos y debería estar orientado al bien mayor, donde “nada puede ser bueno para mi sin serlo para todos”.
En estas elecciones nos vamos modelando y vamos modelando nuestra imagen también, pero, si esto lo convertimos en un hábito, deslindado de la conexión, de la responsabilidad de comprometernos con el bien mayor, solamente fundamentado en la ayuda al otro, como si el otro es diferente de mí, y sin la consciencia del impacto que este distanciamiento va generando, nos vamos alejando de nuestra correspondencia con la humanidad entera.
Con estas acciones de convertir nuestra existencia en rutinas y hábitos desconectados de nuestro compromiso mayor, hemos puesto en riesgo esa esencia de nuestra condición humana, el aprendizaje. No solo hemos renunciado a la creatividad al generar rutinas, sino que estamos renunciando al aprendizaje que nos permite enfrentar los cambios con nuevos conocimiento.
Todo humano evoluciona a base del aprendizaje continuo y este será empleado por cada uno de nosotros en base al aprendizaje previo que hayamos tenido y a nuestras dotes de creatividad.
Consolidar el “ritual de lo habitual” como sistema de protección no es la solución para conseguir el crecimiento como ser humano. No hemos podido evolucionar como sociedad y mucho menos como humanidad. Debemos entender que si elegimos la humanidad, allí estamos nosotros como individualidad, porque en este plano coexistimos todos, y al creernos separados hemos ejercido una forma de inconsciencia que niega los cambios, se disfraza de amparo y mata nuestros talentos.
Fuente:
[i] https://www.ucm.es/data/cont/docs/241-2015-06-16-
sartre%20%20El_existencialismo_es_un_humanismo.pdf. Pag. 14


Justamente estoy viviendo ese momento o circunstancia que me he creado al cambiar de lugar donde ahora estoy Experimentando mi Ser y Estar, el vivir humaneizadamente conectado a la naturaleza también genera nuevas rutinas y rituales, lo que los diferencia es el desde dónde, el para qué estoy eligiendo este cambio..este camino.
Gracias
Om Namaha Shivaya