Es evidente que ya es hora de tomar consciencia de lo que somos dentro de este vasto mundo que nos hemos procurado para recrearnos. Aunque pareciera tarde para eso. Para nada está oculto, aunque los medios de comunicación que ahora llegan a las masas quieran negarlo u ocultarlo, que el futuro de la humanidad es desolador. No es objetivo aupar lo que podría interpretarse como pesimismo, quizás la idea es acercarse más a lo que como cómoda estancia hemos construido, desligando lo esencial que incluso se refleja en lo natural como ecosistema.
Es importante acotar que, aunque a algunos la naturaleza nos fascine, como humanos hemos intervenido demasiado en ella, sea por conveniencias egoicas, placeres o mercadeo en general. Las intervenciones más positivas y antiguas se adaptaron al curso natural de los elementos existentes, beneficiando tanto a la Tierra como al hombre. Las más contemporáneas no son las más alentadas por los medios de información y han surgido, casi en su mayoría, para restaurar los malos manejos del hombre en el planeta.
Es sabido que hay informes muy desalentadores como el del Fondo Mundial para la Naturaleza, que encontró una reducción del 68% en las especies de vida silvestre del mundo. Y lo más alarmante es que este estudio refleja una acelerada declinación en el número de animales, ya que “no corresponde a los últimos 10 o 20 años, sino a los últimos 4”.[1] Esto, aunado al comercio de especies, la contaminación, la expansión urbana, el uso de sustancias tóxicas industriales como el arsénico, el cadmio, entre otros, son las razones principales de tanta debacle ecológica.
Más específicamente, y recordando lo ya expuesto sobre derecho y legislaciones para el beneficio de los animales, hay iniciativas que han llevado a una visión más profunda de todo aquello que vive en este ecosistema. Algunos sectores de la sociedad humana se han atribuido el derecho a definir a los animales como “seres vivos dotados de sensibilidad”, acción bastante meritoria ante una condición natural finalmente aceptada. Aunque pareciese más un intento desesperado de permanecer en el tope de la Scala Naturae de Aristóteles.
Es obvio también que hay una escala progresiva en el uso de animales como complementos de la vida del hombre. Desde usos abusivos y crueles, hasta actividades que procuran sutileza y encanto. Aunque siempre conlleva lo ya mencionado: conveniencias personales, placeres o mercadeo en general. Es muy común hoy día el “adopta, no compres” para los animales domésticos, o las legislaciones recientes en beneficio tanto de los domésticos, como de los silvestres, que destacan el bienestar animal como una preocupación social.
En el caso de las aves, quizás por la sutileza que implica su estructura, estas han encantado la vista y el oído humano desde tiempos inmemoriales. El hombre los ha admirado desde su simple paso por ambientes naturales, hasta el confort de la observancia en la sala de una casa, a través de los barrotes de una jaula.
Como muchas otras especies, también han sido objeto de estudio, especialmente por su extraordinario trinar. Han estado presentes en el arte, la simbología arquetipal, la cultura popular, los experimentos científicos, entre otras áreas. Por ejemplo, el estudio científico de su canto tiene vieja data, e incluye ciencias como la Biología, los estudios taxonómicos de las especies, investigaciones en neurofisiología, incluso la Física.[2]
Asimismo, no solo especies como los caballos, los galgos o los gallos son usados como importantes elementos en competencias que generan dividendos por medio de un aparente azar; las aves más sutiles también son utilizadas para competiciones, que en su caso están determinadas por su canto. Una rareza, sí, quizás también por la delicadeza que la misma conlleva. Es una actividad que implica, por supuesto, el confinamiento del ave porque requiere un entrenamiento que podría durar años e incluye una concentración y silencio que ningún otro espectáculo ofrece. Además del acondicionamiento del oído humano que se embelesa con la majestuosidad de su trinar, dejando también, indiscutiblemente, un lucro para quienes se dedican a este pasatiempo.
Aunque dista de ser parte del estudio de la Ornitología como ciencia, implica un estudio empírico, intuitivo y natural por parte del poseedor del ave. Tampoco llega a ser tan perspicaz como la tarea de los observadores de aves que, aunque no buscan leyes o significados en el comportamiento de esta especie animal, sí inquieren ideales sociales, placeres estéticos y cierta búsqueda de armonía entre el mundo natural y el humano, disgregando nuevamente su esencia en la separación y superioridad, ante un mundo del que también es parte, y en el que inevitablemente, interactúa.
Sin embargo, no se pueden negar las bondades de esta actividad, en las que se encuentra una invaluable: el silencio. Sí, el silencio. Se necesita del silencio para la evaluación del mejor canto. Y no solo eso, la concentración, pasos previos a un ejercicio meditativo que no implica en nada la adrenalina del fútbol, el básquet o del mismo hipismo.
Uno de los lugares emblemáticos en los que esta práctica se hace ritual es Surinam, donde años de entrenamiento, mucho dinero e inversiones y una “comunidad muy estrecha que, en silencio, se resiste al ritmo del mundo moderno” se juntan para dar vida a esta actividad.[3]
Las aves forman parte de la vida de los surinameses, tanto como el perro o el gato lo puede ser en otras zonas del planeta, y esta competencia es transmitida como un partido de béisbol o fútbol. Es una gloria nacional que tiene un campeonato todos los diciembres de cada año y que atrae competidores de todas partes del país. Las eliminatorias son vistas en todo Surinam, en medios de comunicación oficiales y en cadenas informativas.
“Es una tradición”, dijo Arun Jaimsi, un dueño surinamés de una tienda de animales y uno de los campeones de la competencia del año pasado. “Crecimos con ella”.[4]
No hay otro lugar sobre la Tierra que acoja al campeonato anual de cantos de pájaros, como un modelo de juerga nacional que se disfruta y se celebra en silencio, bajo los rigores que parten de evaluar la intensidad de la descarga sonora y su durabilidad.
Hay que destacar finalmente que sí, es un hermoso cateo de sonoridades, pero también es una tradición que no se anda con dobles morales y se obtienen grandes premios, así como se hacen grandes inversiones. Sobra también quienes critican el encierro de los animales, para que un ave logre el encantamiento divino con su trino, ya que, como se ha dicho, es pertinente el largo entrenamiento, que incluye dietas y planes estratégicos de adiestramiento. La figura mítica alada, que se eleva a las alturas y está más cerca del cielo que cualquier otro ser vivo, se convierte entonces en un codiciado atleta de alto rendimiento.
FUENTES CONSULTADAS [1] https://www.eltiempo.com/cultura/gente/cientificos-advierten-que-la-humanidad-va-encaminada-a-un-futuro-espantoso-560528 2 https://bibliotecadigital.exactas.uba.ar/download/tesis/tesis_n5147_Alonso.pdf 3 https://www.nytimes.com/es/2021/01/14/espanol/america-latina/surinam-aves.html 4 Ibidem.


Asombroso, jamás imaginé algo así, más no es de sorprenderse… Hemos hecho show de todo lo que nos rodea. ¿Cómo mejorar con nuestro entorno?