Parafraseando a Marx, quien en el “Manifiesto Comunista de 1948” decía que el fantasma del comunismo recorre el mundo, podemos decir que hoy el fantasma que recorre el mundo es el fantasma de la violencia. Se trata de una violencia que asume diversas formas.
Si bien la violencia de las guerras interestatales (cuya máxima expresión se produjo con las denominadas “guerras mundiales”) se ha reducido; sin embargo, aún subsisten algunos focos de guerras que enfrentan a naciones o pueblos. Una de estas es, por ejemplo, el conflicto bélico que enfrenta al Estado de Israel con el pueblo palestino; un conflicto en el cual una nación poderosa desde el punto de vista económico y militar, y que además cuenta con el apoyo permanente del país más poderoso del planeta, enfrenta a un pueblo sin un ejército convencional, y sin un Estado formalmente establecido y reconocido.
Por esto mismo la violencia de este conflicto, que se activa cada vez que se enfrenta el ejército israelí con las diversas milicias palestinas, deja una mayor destrucción de vidas y viviendas ente el pueblo palestino. Se trata de una violencia que no se resolverá mientras no se resuelva su causa de fondo: la necesidad de dicho pueblo de contar con un territorio y un Estado propios.
“Se trata de diversos tipos de violencia en el
mundos sustentados en causas sociales estructurales
diversas, ya sean nacionales o internacionales”
Más allá de los reducidos focos de violencias interestatales, lo que predomina hoy son diversas formas de violencia intraestatales, esto es al interior de los territorios de Estados y naciones, y cuyo origen puede ser el afán independentista de un sector de la población por razones de tipo étnico-cultural, o puede también tener como origen la disputa del poder estatal por razones de índole ideológico-políticas.
En estos dos casos el enfrentamiento violento, que opone a diversos sectores étnicos o políticos de la población de un país, puede escalar el nivel de una verdadera guerra civil. Ejemplos actuales de esos enfrentamientos los tenemos en países de Europa, Asia, América Latina (Colombia y la violencia entre el Estado y los resquicios de la guerrilla) y sobre todo en África.
Un tercer tipo de violencia es aquella que con frecuencia ejercen los Estados contra las manifestaciones de protesta de diversos sectores poblacionales de un país; protestas que, usualmente tienen como causas medidas económicas antipopulares o medidas políticas impopulares.
“Lo que predomina hoy son diversas
formas de violencia intraestatales, esto es
al interior de los territorios de Estados y naciones”
Ciertamente, de esas protestas pueden generarse también actos violentos; empero, la violencia represiva estatal se ejerce contra protestas pacíficas, y con excesos que han dejado una secuela de muertos, heridos y apresados. Una represión que en algunas ocasiones puede calificarse como una forma de terrorismo de Estado y que denotaría el carácter autoritario o dictatorial de los Gobiernos o regímenes políticos que así actúan.
Finalmente, al interior de cada sociedad nacional se hacen presentes diversas formas de violencia social, que pueden ir desde la violencia delincuencial común hasta las violencias ejercidas por la delincuencia social organizada, ligadas a las mafias del narcotráfico, a la trata de personas, ala corrupción de los Estados, etc.
A todo esto se uniría la violencia, ya sea física o simbólica, ligada a las relaciones de poder o a la opresión que se da entre diversos grupos sociales, que se da por razones de género, de raza, de etnia, de edad, de orientación sexual, de orientación religiosa, etc. En definitiva, se trata de diversos tipos de violencia en el mundo sustentados en causas sociales estructurales diversas, ya sean nacionales o internacionales, y no simplemente de expresiones de un supuesto plan conspirativo global para controlar el mundo, como muy reduccionistamente a veces se quiere interpretar.
*El autor es sociólogo y analista internacional. Profesor de la Universidad de Cuenca.

