Cruzaba miradas con las siempre inquietantes noticias de twitter cuando avisté un taller sobre biografía y autobiografías. Precisamente, hoy, ahora, pandemia mediante, cuando la realidad del contagio hace pensar aún más en la vida, propia y ajena, lo contable y lo que no, memoria que se creía dormida ¡pum! brinca sin razón ni permiso, así como todo aquello que provoca solo olvido.
Vamos claros: el real y verdadero contagio de esta situación, son las ganas de procesar lo que se vive, el cuento circunstancial diario, ese que uno mismo se echa a diario, tras la visión de la realidad impensada. El percibir, viendo, escuchando, sintiendo todo lo que se vive desde el suceso y el evento íntimo. Uno se escucha por dentro y se dice: pero qué facilidad para la elaboración, es que como que no caben las aventuras y desventuras en la pequeña alma que somos. Ni las propias ni las otras. Creo que eso fue lo que me movió. La intención de volcarme al relato crudo, vivo, fresco, sin ficciones ni remiendos del tiempo, al que a veces se le echa mano para transcender lo experimentado.
«Me vi en medio de una lista de gente bonita,
abierta, dispuesta, de oficios periodísticos y literarios,
algunos, otros en situación de inmigrantes forzados
todavía con esa memoria del destierro en el compartimiento…»
Lo otro de lo que no me percaté de inmediato: vía whatsapp, o sea, no entendí. ¿Cómo? me dije sin oírme porque me inscribí. Con lo que me gustan los chats y los intercambios anodinos por la bendita aplicación. Bueno, ni modo. Me entregué.
Son seis clases, una a la semana. La primera ya fue. Y es así: se escuchan los audios, libre participación, (un aparte aquí: pregunté temerosa si aceptaban stickers y sí) una lista inmensa de títulos para leer y los nombres de los participantes dispuestos que suenan y resuenan. ¡Oh, bueno, pecho con eso! Por supuesto que aún no me he atrevido a confesar que mi libro de cabecera, de mesita de noche (¡y de día también, ja!) de iniciación y de entrompe a la vida es Autobiografía de un yogui, por ahí ni asoma. Mutis total de mi parte.
Me vi en medio de una lista de gente bonita, abierta, dispuesta, de oficios periodísticos y literarios, algunos, otros en situación de inmigrantes forzados, todavía con esa memoria del destierro en el compartimiento de la maleta con cierre, esa donde se quedan siempre un par de medias hasta el viaje siguiente.
Lo que sentí fue como una autorresponsabilidad de emociones y sentimientos, como esas ganas de quererse uno mismo desde la propia historia y la que se da en otros. Ganas y esperanzas por hacer de la vivencia algo contable, confesable y este pareciera el recurso: escribir lo propio, a título personal, en primera persona, desde adentro. No sé, no me prometo nada. Voy por la primera clase.
Por cierto, el instructor es Ricardo Ramírez Requena, cofundador de la Poeteca, un bello núcleo en Caracas, donde se habla, se analiza y se vive en modo poesía. También quise traerles uno de sus poemas.
LA VIGILIA
Uno es de los espacios impregnados por el afecto,
desde el mueble al lavamanos. Solo eso ayuda a
soportarlo. Al dolor, la inutilidad, los pocos pasos
y voz, la falta de apetito, los espasmos.
Poco enseña tanto como el viaje y la enfermedad.
Cada uno es tránsito, tiempo hecho movimiento
que se queda. Son el padecer del solo. Te mueves
y eso sigue ahí, aunque te marches a otro lado.
Es una vigilia por el oro. Andamos y andamos,
transitamos con el demonio azul adentro que nos
viaja, nos manda postales, se emborracha pensando
en nosotros. Nos padece tanto como lo padecemos.
¿Soy el demonio de quién? ¿Mi cuerpo, jaula de qué?
Somos un espejo que refleja enseñanzas.
Que muestra claves, logros, desaciertos.
Estoy volviendo a mi propia danza.
Traeré de este viaje el tedio, todo lo que de mi cuerpo
se llevaron. Comenzaré otro: las ausencias de mi
cuerpo me recorrerán, serán vigilia de mí mismo.
La misma calle que recorro cada tarde,
el mismo demonio que me embriaga.


A mas de un ano del relato de Ma. Me quedo con la curiosidad de saber que fue del taller Autobiografía de un taller.
Esperamos saber de las próximas clases!
Querida Ma, que lindo es verla motivada y curiosa en este rol de estudiante. A por esa autobiografía!