En el vasto paisaje del pensamiento y la reflexión, la relación entre el sujeto y el objeto ha sido un tema central de debates por mucho tiempo. Esta dicotomía, que consiste en poder definir nuestra relación con la realidad material circundante, ha generado múltiples interrogantes sobre su significado y su influencia en nuestra cultura. Resulta que rara vez consideramos que los objetos mismos poseen vida social y emiten mensajes en su forma y función, y por ende esto implica que quienes hacen esos objetos fabrican una parte de la realidad que no es solo materia inanimada. Por el contrario, la obra de estas compañías se convierte en últimas en una parte activa de la vida humana, que puede afectarnos positiva o negativamente.
Desde tiempos inmemoriales, los seres humanos han creado objetos como herramientas, tecnología y obras de arte que trascienden su mera utilidad. Desde el arte rupestre hasta la AI, toda cosa carga implicaciones más allá de sí misma. Estos artefactos, lejos de ser simples accesorios inanimados, están imbuidos de ideología y simbolismo; por ejemplo, a veces las personas entablan relaciones emocionales y afectivas con cosas, amuletos, pertenencias, etc. Esta dimensión trascendental que los objetos poseen se convierte en una ventana a la noción de la “ética de los objetos”, una perspectiva que va más allá de su existencia física y se adentra en su esencia conceptual.
Jean Baudrillard, un pensador francés y visionario que desafió las normas establecidas, llevó esta noción de objetos a nuevos horizontes. En su influyente obra «El sistema de los objetos», Baudrillard explora cómo estos no son simplemente entidades pasivas que satisfacen nuestras necesidades, sino que también están entrelazados con la cultura, la sociedad y la tecnología en formas profundas y complejas. Según él, los objetos no solo reflejan la realidad, sino que también contribuyen a construirla y definirla.
Entonces, en este contexto, las corporaciones y las instituciones desempeñan un papel crucial al tejer un sistema de necesidades que mercadea nuevas partes de la realidad arbitrariamente. Así, las campañas publicitarias ingeniosas nos persuaden de que necesitamos ciertos objetos para ser parte de una identidad colectiva, para cumplir con ciertos estándares (falsos, por demás) de éxito y felicidad. Este sistema de necesidades, en su mayoría inesenciales, transforma los objetos en vehículos de significado y status: “cuánto tienes, cuánto vales”.
A través de la lente de Baudrillard, podemos apreciar cómo un sistema tecnológico coherente (los objetos) se difunde en un sistema práctico incoherente (que es toda la estructura social del neoliberalismo, la economía y la política). Esto significa que, aunque los objetos pueden parecer inertes, todos están conectados por un hilo invisible de significado, tejido por las interacciones humana y las necesidades sociales: en últimas, por el inconsciente colectivo. Los objetos y las relaciones que tenemos con ellos son una manifestación de nuestro nivel de conciencia.
La ética de los objetos, entonces, nos invita a considerar la responsabilidad que tenemos como seres conscientes y sociales en la relación con los objetos que nos rodean. Al reconocer la vida social de los objetos, somos desafiados por el entorno: estemos atentos a esos metamensajes que envía la cultura queriendo adoctrinar constantemente mediante la propaganda. Esta perspectiva nos alienta a cuestionar las narrativas impuestas por las corporaciones y las instituciones, y a tomar decisiones informadas sobre qué objetos deseamos incorporar en nuestras vidas y con qué fin.
Desde el uso de la tecnología fría, cada vez más incorporada a nuestra constitución mente-cuerpo, pasando por el imperante fetichismo ostentoso y la adoración a las pertenencias lujosas, hasta el apego emocional que se siente por amuletos que solo se valoran personalmente… en fin. En última instancia, la ética de los objetos nos recuerda que no estamos simplemente rodeados de cosas inertes, sino que compartimos una relación simbiótica con un mundo lleno de significados y mensajes, y que lo que parece inofensivo, quizás es parte de lo que somos, tanto como nuestro mismo cuerpo.
Referencias:
El sistema de los objetos, Jean Baudrillard


Muy relevante la reflexión en estos tiempos en donde los biomecanismos amenazan con derrumbar lo que queda de naturaleza humana. Y Hansreudi Giger desde el arte lo ha sabido expresar crudamente, como es.
Atentos siempre de nuestro entorno!!! Como el búho 🦉 abierto los ojos ante la oscuridad que nos rodea …
Respira consciente ! Eres lo que respiras ! Que tu alimento sea tu respiro ! Nos recuerda Ma …
Muy interesante, profunda reflexión que nos invita a la auto observación en relación a los objetos que nos rodean, sus significados y el vínculo emocional depositado en ellos. El siguiente paso es desprenderse. Estar atentos al adoctrinamiento, poder darnos cuenta de lo que realmente necesitamos y lo que no. Muchas gracias a Mataji y al equipo del Upani.
Belo texto e importante reflexão. É importante que reconheçamos que as coisas são vivas, elas agenciam sentidos e criam realidades. Há um ótimo texto sobre isso: «Bringing Things to Life: Creative Entanglements in a World of Materials», do Tim Ingold.
Furibundo mensaje …a deslastrarnos de las cosas pues …a no hacernos tan dependientes de la tecnología y sus «chiches» y «cliches»….
Si es verdad nos hacemos esclavos de las nuevas tengnologias y apartarnos de nuestra vida divina.
Muy cierto….. Nuestro deber es despertar y abrir nuestro fuego para el verdadero enfoque….
La vida espiritual como el mismo Gandhi nos lo enseñó en el sentido de darnos nuevas herramientas para vivir es darnos conciencia de los sujetos politicos que somos. Sensibles o insensibles, participantes o pasivos estamos contribuyendo a formar la sociedad que tenemos y el mundo global que aceleramos la destruccion de la vida en el planeta o la controlaremos con nuestras propias decisiones