La curiosidad por explorar el espacio cósmico, podríamos decir, es una condición presente en todo ser humano, asunto que podría incluso adjudicarse a una especie de memoria contenida, a un recuerdo que inevitablemente atrae y fascina.
Quizás lo palpado en esta Tierra no haya sido suficiente y, en consecuencia, siempre se va por más. Para quien tiene esa vivencia, probablemente mirará el espacio exterior como una experiencia única, sentirá la sensación de vacío como aquello que provoca habitar y experimentará la falta de gravedad como una libertad asombrosa.
«El satélite Sputnik, fabricado por la antes
llamada URSS, un objeto circular de aluminio,
de apenas 58 centímetros de diámetro.»
El espacio exterior no solo ha encantado a esta humanidad sedienta por descubrir y re-descubrir en lo que cree ajeno, sino que verlo y explorarlo la ha llevado también a mirarse a sí misma, y no desde una perspectiva de autodescubrimiento, sino permaneciendo en esa visión foránea y extraña de lo que podría ser su propia condición.
Hace 64 años, nos deleitamos con la nueva aventura de mirarnos desde afuera; en principio, se quería obtener información de las capas más altas de la atmósfera, así como estudiar el campo electromagnético de este planeta.
Nos referimos al lanzamiento del Sputnik, un satélite fabricado por la entonces llamada Unión Soviética (URSS) que consistía en un objeto circular de aluminio, con apenas 58 centímetros de diámetro, con cuatro antenas de contexturas muy delgadas y de gran longitud.
Asimismo, no se tardó en enviar un segundo artefacto, el Sputnik 2, que esta vez llevaría a la famosa Laika, la perrita que se convirtió en el primer ser vivo en orbitar el planeta. La carrera por observarse se fue convirtiendo en un arma muy afilada. Ya no era la investigación, ya no era el explorarse, era el observar para conocer, saber e incluso dominar.
«En 2021, 1.400 nuevos objetos han sido
puestos en órbita, superando cada año
el récord en lanzamientos.»
Podríamos preguntarnos: ¿cuál es el límite de esta exploración? ¿Qué hacen hoy día en el espacio más de 3 mil aparatos circunnavegando a miles de kilómetros sobre la Tierra? Sus objetivos están asociados a la ciencia y a la tecnología, pero ¿también están en calidad de espías espaciales?
Tan solo este 2021, unos 1.400 nuevos objetos han sido puestos en órbita, superando cada año el récord en lanzamientos. Un total de 7.941 satélites artificiales estaban orbitando el planeta hasta hace un mes, según el Centro de Ciencia y Tecnología Espaciales de la Universidad de Massachusetts.
Hace una década los objetos llevados al espacio exterior oscilaban entre 60 o 100 satélites, pero el ritmo de esta actividad ha ido en un aumento extremo. Además, ha habido un impulso mayor a raíz de que, debido al avance tecnológico, los objetos son cada vez más pequeños y fáciles de transportar, en cohetes, por ejemplo, que facilitan y economizan el traslado.
¿Todo a costa de qué? Al cúmulo en toneladas de basura espacial que ya existe y se espera aumente en una década de forma abrumadora.
Estamos literalmente en una carrera espacial en la que los pequeños satélites de bajo costo nos invaden, convirtiéndose en un problema cada vez mayor, que podría afectarnos, en un futuro muy cercano, acumulando no sólo satélites inservibles, sino muchísima chatarra espacial que es conformada por partes de cohetes espaciales que han quedado allí, a la deriva sideral, a unos 800 y 1.000 kilómetros de altura.
Los intereses son muchos, lo que está detrás de todo eso es indecible, al parecer no solo hay un descontrol dentro del hábitat terrestre, marcado evidentemente por el desequilibrio y cambio climático. También mucho más allá, en nuestro espacio exterior.
Fuentes consultadas https://www.eleconomista.com.mx/tecnologia/que-son-los-satelites-artificiales-20200129-0066.html https://www.bbc.com/mundo/media-41503825 https://www.eltiempo.com/vida/ciencia/2021-bate-todos-los-records-de-lanzamiento-de-satelites-619752

