Decidimos y actuamos, nos movemos y cambiamos, creyendo que con eso salimos de situaciones e iniciamos nuevas dinámicas de vida que nos traerán algo que esperamos en diversos ámbitos como puede ser una vida más sosegada y en paz, tiempo de calidad, espacios de crecimiento e intercambios más profundos y significativos donde crezcamos y seamos más libres.
Sin demeritar lo que se deja, o a lo que se renuncia hay niveles y matices que determinan lo que como efecto se genera por nuestras decisiones. Quedan pendientes que obviamos o evitamos y que luego nos alcanzan como parte de lo que se debió abordar para concluir y aclarar – aunque tarde – el tiempo de las cosas que debemos atender para sanar, nos sale al encuentro.
Recordando que será mejor atender lo ineludible para aclarar y alivianar el peso de lo que no se ha resuelto, aunque asumamos lo contrario, hay una frase del destacado escritor estadounidense, y premio Nobel de Literatura (1949), William Faulkner en su obra El sonido y la furia que refiriendo al tiempo bien da un encuadre a esta reflexión: “Se puede ignorar el sonido durante mucho tiempo, pero luego un tic-tac instantáneo puede recrear, en la mente intacta, el largo desfilar del tiempo que no se ha oído”.
Esos pendientes que postergamos o eludimos por miedo, dolor, resentimiento, entre otras emociones, quedan rezagados mas no atendidos y un oleaje del tiempo que conlleva cierres más profundos y sanadores, nos los trae de vuelta para – si tenemos el valor suficiente – darles la cara y ojalá con más conciencia y entendimiento hacerles frente.
Y si bien caben muchas formas de retomar cierres, una sería el abrirse a diálogos necesarios que nos debemos con otros o con nosotros mismos, en los que sea posible expresar ojalá con nuevos ímpetus, sentimientos y emociones eso que hemos experimentado y desde la poca o mucha verdad ya alcanzada de nosotros mismos, decantemos y aclaremos si corresponde y alivia pesos internos.
En medio de todo tendemos a suponer tanto de lo que los otros son y sienten, que en nuestro dolor no consideramos el de los demás, la desesperación y el agobio producen en cierto modo un estado de auto centrismo que pareciera egoísta en cierta medida, aunque a veces necesario para navegar tormentas del alma donde si no hay foco, se naufraga.
Tanto valor hay en el tiempo que se nos retorna para espacios de verdades, que deberíamos estar más atentos a escuchar ese “tic-tac” y propiciar revisiones de justo intercambio que nos pueden liberar al retomar pendientes que no se concluyeron en correspondiente reconocimiento del otro o los otros, sabiéndonos tan sensibles, tan humanos, tan Divinos.
Que el miedo no nos calle, y el amor más puro nos abrace.


ONS, muy acertado artículo, la procastinación del trabajo interno es el trabajo mas hábil y solapado del ego.
gracias Swami.