A más de 25 años desde su estreno, en tiempos de inteligencia artificial, realidades mediadas por pantallas y sistemas que moldean nuestra percepción, la pregunta central de la película Matrix sigue intacta: ¿cómo distinguir entre una realidad que habitamos y una realidad que nos programa? Desde ahí vale la pena volver a escuchar su música.
Solemos recordar la saga por sus icónicas imágenes y secuencias que marcaron un hito en las producciones cinematográficas de acción en los años 90: el código verde descendiendo por la pantalla, los cuerpos suspendidos en cámara lenta o la famosa elección entre la píldora roja y la azul. Pero vale la pena acercarse nuevamente a su sonido y desde ahí profundizar un poco más en los matices de revelación que esta película contiene, tan vigentes en estos tiempos como en cualquier otro en donde el ser humano busca salidas.
Sus sonidos y composiciones están totalmente imbuidos en los temas narrativos y sus aspectos conceptuales: desde el despertar del sueño de la conciencia, el tránsito Carrolliano entre dos mundos, hasta la posibilidad y el propósito de retornar a la fuente creadora y así diluir a la Matrix. Lecturas, por supuesto, que variarán según el nivel interpretativo de cada uno.
La partitura de Don Davis tiene algo arquitectónico y casi matemático que compagina con la realidad programada de quienes sueñan en Matrix. Sus disonancias, ritmos irregulares y texturas orquestales tensas parecen constituir una inexorable máquina sonora. Además de las secuencias de acción y peligro, escuchamos un sistema, una estructura de agencia precisa y control ineludible. En ese sentido, el sonido de Matrix traduce musicalmente el problema central de la película: ¿qué ocurre cuando una conciencia despierta dentro de una realidad programada?
Y ahí, frente a esta música-sistema, aparece otra dimensión: la música como ruptura. La electrónica, el rock industrial, el metal y el pulso techno introducen una energía corporal, rebelde y subterránea, propia de los seres despiertos y sobrevivientes. Son estilos musicales que irrumpen en el código y resisten desde lo físico, lo pasional y lo que aún queda como propiamente humano.
Por eso “Wake Up”, de Rage Against the Machine, funciona tan bien al final de la primera película. No es una canción elegida al azar para cerrar con intensidad sino una declaración al mejor estilo de denuncia de la banda. Es música que propone sacudirnos, actuar, expresar, más que relajarse en este momento de despertar, el cual no es presentado como una plácida iluminación, sino más como una especie de insurrección de la percepción.
En las películas posteriores, especialmente en Matrix Revolutions, la música abre otra puerta. Con “Neodämmerung” y “Navras”, el universo sonoro de la saga toma un matiz más de tipo ritual. El mantra “Asato ma sadgamaya” (llévame de lo irreal a lo real) contiene la cualidad más espiritual de todo el periplo de Neo. Precisamente, la Matrix es el reino de lo irreal confundido con lo real.
Luego, algo verdaderamente profundo ocurre: el retorno a la fuente. Neo no regresa al origen como un programa que simplemente cumple su función. Regresa transformado por la elección consciente, por el desapego y por el amor.
En este recorrido podemos preguntarnos: ¿qué parte de mí sigue dormida? ¿qué sistema confundo con realidad? ¿puede la música ayudarme a despertar?
Fuentes consultadas:
- https://www.allmusic.com/album/the-matrix-original-motion-picture-soundtrack
- “Wake Up”, Rage Against the Machine
- “Navras”, Juno Reactor & Don Davis: https://open.spotify.com/intl-es/track/1GwA4Zt32UTIM568C4PGpg?si=cca3e4b214104d37

