La primera raza de humanos había descendido en vibración. Tras las intervenciones y mutaciones, la codicia, el poder y la ambición, formaban parte del acervo de la civilización. Los devas, al ver que el experimento se estaba desviando del resultado esperado, deciden reiniciar el programa y preservar la semilla pura, que servirá de germen a la segunda raza.
Cierta mañana, mientras el Rey Satyavrat se encontraba inmerso en el río haciendo sus abluciones, un pequeño pececillo dorado nadó hasta el cuenco que formaba el rey con sus manos. Al levantarlas, percibió que, en el agua contenida en ellas, nadaba el diminuto pez. Lo contempló encantado, pero su asombró fue mayor cuando el pez le pidió que lo llevara con él, para evitar que otros peces más grandes lo devoraran. El Rey aceptó cuidarlo y lo depositó en su Kamándalu (recipiente de agua que se utiliza en la cultura védica, generalmente de bronce, que tiene un asa en la parte superior).
Instalado en el Palacio, en pocas horas creció hasta que el recipiente que lo contenía ya no le era suficiente. Viendo aquello, el Rey decide trasladarlo a un pozo. Horas después, el pozo le había quedado pequeño. De allí lo pasan a un estanque, luego a un lago, nuevamente al río y finalmente al océano, donde adquiere proporciones gigantescas. El Rey se da cuenta de que es un Pez sobrenatural y descubre dentro de sí, que es el mismísimo Señor Vishnu. Matsya se revela como avatar de Vishnu y le advierte que en 7 días los tres mundos serán destruidos por una gran inundación, lo que ahora se conoce como el Gran Diluvio Universal.
Relato afín a todas las civilizaciones que habitaban el planeta en ese preciso instante. Documentado en las tablas sumerias, la biblia, las tradiciones orales africanas y en este caso el Matsya Purana.
Al igual que a Noé, Matsya instruye a Satyavrat. Le da indicaciones precisas de cómo construir una embarcación, en la cual resguardar y salvar las semillas de las plantas medicinales y alimenticias. Una pareja de cada especie animal. Su familia y a los Saptarishis (los siete sabios que contienen en ellos la conexión con la fuente creadora y la sabiduría universal). Matsya le insufla confianza y la Fe del Rey se fortalece al saber que Vishnu está con él, para acompañarlo y guiarlo durante este duro proceso de muerte y renacimiento.
Llegado el séptimo día, se desata el diluvio. De los cielos caen enormes caudales de agua y de la tierra brotan innumerables manantiales. En pocas horas no existe tierra en la superficie. El planeta todo es un inmenso océano. El arca a la deriva, aparece Matsya. Satyavrat, el Rey, ata el arca al cuerno de Matsya, sirviéndose de Vasuki (el Rey de las Nagas) como cuerda.
Tal y como en los inicios se prestó en el batido del océano de leche (Samudra Manthan). Matsya le da buen rumbo a la barca y cuando las aguas descienden, la deposita sutilmente en los Himalayas. Satyavrat, que de ahora en adelante será nombrado en la historia como Manu, desciende con su familia, los Saptarishis y todo el reino animal. Tiene una enorme tarea por delante, sembrar y cultivar la segunda raza de humanos.
La extinción por medio del agua no podía ofrecer otra forma de avatar que no fuese un Pez. Lo simbólico de este animal, que fluye con la corriente y a veces la remonta. Que es devorado por su propia especie y que pide refugio para poder cumplir su propósito. Que, a pesar de ser un animal mudo, se comunica con el Rey, tal vez telepáticamente. Y lo más destacable: cómo el Creador consigue transfigurarse siempre en la forma que mejor le permitirá cumplir su propósito, adatándose de manera perfecta a la situación presente.
Algo que el aspirante al Ser debería al menos intentar emular sinceramente, hasta que consiga liberarse de sus propias limitaciones.
Fuentes Consultadas:

