La viajera respira profundamente, mientras sus ojos, detrás del telón de sus párpados hacen movimientos a un lado y a otro revelando que se encuentra explorando activamente las imágenes que en su interior se despliegan. Imágenes, sensaciones y emociones, como una película creada y dictada al momento por la música de Ralph Vaughan-Williams.
Los sonidos del movimiento lento, amplio y sostenido de su segunda sinfonía, con sinuosas texturas de cuerdas frotadas, dibujan lo que la viajera va experimentando en su interior:
–Cae la noche y el cielo se ve inmenso también, es como si nunca hubiera visto tantas estrellas. Es como si me hablaran, pero no literalmente… siento que cuento con ellas, que tienen mensajes para mí. Mensajes suspendidos, listos a iluminarme cuando lo necesite. Puedo flotar acostada y acercarme.
La música modula hacia tonalidad menor, con protagonismo de la viola, que parece extender un llamado anhelante.
-Siento nostalgia. Al acercarme a las estrellas y al alejarme del suelo, ya que me alejo de las personas. Nunca hay forma de estar con todos.”
Una atmósfera más etérica es percibida con los sonidos iniciales del poema sinfónico de “Los Planetas” de Hoslt con “Venus”, irradiando suavemente sus vibraciones de paz y elevación con el corno inglés como solista en la parte introductoria:
–Siento que hay estrellas grandes que brillan más que otras. Ahora no solo floto, sino que puedo viajar. Me puedo mover como si estuviera volando, acostada mirando para arriba, como en una alfombra voladora. Ese movimiento me hace sentir libre, como si las obligaciones y las expectativas no fueran tan pesadas. No son tan pesadas. Es como el puro juego de volar, de dar vueltas como torbellino: para adelante, para atrás, a la derecha, a la izquierda. Si pudiera aprender a volar es lo que haría: piruetas y juego. Hay una atmósfera rosada.
Los sonidos de los vientos de madera, se unen en honesta armonía y melodías ascendentes.
-Una nube, y en la nube se siente amor, cariño. Momentos de paz, como cuando estás con personas que quieres. No hay nadie físicamente, es algo que pasa, suspendido en la atmósfera. Como un coqueteo, a veces. Como cuando un amigo o una amiga te pone una mano en el hombro porque te está contando algo. Como el abrazo de papá, de mamá, de mi hermana. Como si tuviera esas sensaciones hechas nube, totalmente abstractas, ahí en el aire. Se rotan como si fuera el amor suspendido en la atmósfera, casi como concepto. Se siente bien, en el pecho, en la espalda, en el cuerpo. Me envuelve.”
La descripción anterior responde a la experiencia compartida de una “viajera”, escuchando la música de Vaughan-Williams y Holst, en un estado de introspección profunda, magnificado por el poder de la música, como si fuera esta quien le sugiriera los rumbos que su psique ha de recorrer, en el único universo posible: la intimidad del propio Ser.
Hemos podido experimentar la meditación guiada, como una hermosa forma de conectarnos con aspectos del Ser, a través del conducto brindado en ofrenda, por una conciencia que habita los planos supradimensionales. Si lleváramos esta idea a la música, y partiendo de la idea de que esta, en sí misma contiene la impregnación de consciencia de quien la creó, podríamos entregarnos a hermosas meditaciones guiadas por esos sonidos maestros.
La música es magnética para la psique. Juntas crean una alianza extraordinaria para revelarnos qué contenemos, quiénes somos. Al dejar que estas composiciones guíen nuestra exploración interior, podemos recrearnos en viajes íntimos de autorrevelación a través de la metáfora de la imagen, la pureza del sentimiento y la consciencia de los cuerpos. Para esto, Helen Bonny (1973), musicoterapeuta y mística, sugirió formas de escuchar la música desde una nueva conciencia: “(…) las melodías, armonías y ritmos revelan significados; las comprensiones significativas son comunes, siendo posible ver un problema, una idea o a una persona de diferentes maneras”.
Aceptemos la invitación para viajar al interior, de la mano de la música, así como lo expresó Cerati: “…viajo sin moverme de aquí. Los chicos del espacio, están jugando en mi jardín”. Dejo a continuación algunas sugerencias para explorar esos jardines interiores, espacios del Ser:
Piezas sugeridas para la escucha con comentarios de Helen Bonny (1973):
- Ottorino Respighi: “Pinos de Roma – Giancolo”. “Puede evocar imágenes de la naturaleza en un ambiente pausado, satisfactorio, tranquilo y relajante.”
- Gustav Holst: “Los Planetas – Venus”: “puede evocar imágenes fuera de este mundo, en un ambiente de ensueño, placentero, tierno y silencioso.”
- Franz J. Haydn: “Concierto para Cello en Do, Adagio”: “puede evocar sentimientos maternales, personales, de infancia, de nutrición y cuidado emocional, en un ambiente de bondad, nostalgia, anhelo y gratitud.”
Referencias: Bonny, H. & Savary, L. (1973). Music and your Mind. Listening with a New Consciousness. Barrytown, New York.Cerati, G. (2009). Fuerza Natural. Álbum: Fuerza Nat

