Vivimos en una sociedad con hipertrofia visual. Entiéndase hipertrofia como lo contrario de atrofia: un desarrollo desmesurado de cualquier cosa. Pantallas por todas partes estimulan nuestra visión: entornos laborales, momentos de ocio, momentos familiares, hogares, calles y hasta nuestros cuerpos están inundados con dispositivos que compiten por nuestra atención. Todo ello un evidente síntoma de cómo las dinámicas del mercado responden a la relevancia que tiene la percepción visual en nuestra naturaleza humana.
Teniendo un nutrido conjunto de órganos perceptivos ¿A qué se debe tal preponderancia de la vista? Y una primera respuesta podría ser que ésta nos permite ubicarnos y desplazarnos por el mundo; sin embargo, personas que carecen de ella, e incluso muchas otras especies animales nos demuestran el gran potencial que tienen el oído, el tacto e incluso el olfato para navegar la espacialidad.
Permitámonos entonces formular otra hipótesis: tal preponderancia de lo visual en nuestra experiencia humana está determinada por el poder que este sentido tiene para incidir e interactuar con nuestra emocionalidad. Ahora divaguemos un poco en torno a ella.
Hacia la segunda mitad del siglo XIX, los pintores impresionistas nos enseñaron que contrario a la aparentemente obvia idea de que vemos objetos y formas, en realidad percibimos luz. Los impresionistas “pintaban el momento de luz”.
¿Y qué es entonces la luz? Gracias a la física, sabemos que la radiación electromagnética es un amplio espectro que abarca desde las ondas de radio hasta los rayos X y gamma, pasando por las microondas, la radiación infrarroja, la ultravioleta, y en medio de las últimas dos, la luz visible. La diferencia entre unas y otras está dada por el tamaño y la frecuencia de la onda. Así que lo que captamos con nuestros ojos no es más que una estrecha franja del espectro electromagnético.
De manera análoga, cuando miramos el arco iris, cuando nos sorprende un rayo de sol, al atravesar por una ventana en el ángulo justo, o cuando observamos la carátula del álbum The Dark Side of the Moon de Pink Floyd, se hace evidente cómo la luz se descompone en colores, o más bien cómo los colores conforman la luz.
Rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta. Podríamos quedarnos horas contemplando este fenómeno y descubrir infinidad de matices entre unos y otros, notando siempre cómo la gradación es perfecta: el rojo se convierte en naranja, este a su vez en amarillo y así sucesivamente, sin que haya una clara delimitación. Se trata de un continuum de frecuencias electromagnéticas que desde el lenguaje escasamente logramos etiquetar con unas cuantas palabras: muchas más para las tonalidades de blanco entre los pueblos Inuit en el norte de Canadá, o para las de verde entre las etnias nativas de la Amazonía.
Uno de los principios herméticos, el de correspondencia, nos enseña que como arriba es abajo y como afuera es adentro. Podemos pensar entonces que así como nuestros ojos sólo captan una estrecha franja del espectro electromagnético, existen también manifestaciones del color mas allá del plano material, en niveles más sutiles.
Ya sea producto de sueños, experiencias místicas o incluso producto de alucinaciones, cuando damos cuenta de experiencias de naturaleza astral, por lo general relatamos paisajes visuales en los que el color suele tener un lugar relevante. Entonces, quizás el vínculo entre la percepción visual, color y emociones provenga de raíces más sutiles.
Si reconocemos entonces la poderosa influencia que tienen los estímulos visuales sobre nuestra experiencia interna, tal vez logremos hacer uso más consciente de esa miríada de luminarias que nos acompañan. Y de esa manera, recordar que todos esos fulgurantes colores que nos envuelven, tanto desde las pantallas como desde la asombrosa paleta de tonalidades que engalana este mundo, no son otra cosa que expresiones o fractales de la luz.
Y más aún, cabe hacernos conscientes de que la luz no sólo es accesible desde la vista: de hecho se percibe mucho mejor desde el corazón.
Fuentes consultadas
La luz: ondas electromagnéticas, espectro electromagnético y fotones. (khanacademy.org)
El deslumbrante impresionismo que conquistó la pintura. (yaconic.com)

