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Home Mirada Interna Voces del Gurú

MI AMIGO THERIAN: MIGUELITO, UN ADORABLE CENTAURO, DE PURA RAZA

by ShaktiMa
abril 10, 2026
in Voces del Gurú
12
MI AMIGO THERIAN: MIGUELITO, UN ADORABLE CENTAURO, DE PURA RAZA
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La sed de escandalizar, y más aún de viralizar, tomó a un fenómeno social que logró inquietar -según lo previsto- a un colectivo sediento de lo anómalo y lo bizarro. Alcancé a consumirlo, no sin sorpresa, cuando explotó masivamente desde esa “normalidad” que lo había contenido.

Sin embargo, ver hoy el remedo de lo que puede llegar a leerse como una modalidad de zoofilia en tiempos de pedofilia, inquieta. Y sí puede perturbar -y más aún- cuando ha llegado como ítem de la agenda, cualquier tema susceptible hoy a convertirse en tendencia para explotar el descontrol y revertir síntomas desde los sentidos hacia lo que se ha querido enfocar como una lícita autopercepción o identificación con lo animal.

Me saltó la memoria mi entrañable amiguito, y más que hermano, Miguelito, el vecino de enfrente. Salía relinchando de su casa, que ahora entiendo percibía como establo; se detenía en la acera, miraba hacia uno y otro lado y, a sutil galope, cruzaba la calle hasta llegar al muro de la casa. Una vez ahí, daba coces, piafaba con inquietud, hasta que, sereno, se desmontaba de sí mismo y entraba él, Miguelito, quien igualmente resoplaba y se frotaba la nariz con frenesí antes de saludar.

Su conducta, entonces, la tomábamos como su pasión por lo hípico, un juego ecuestre espontáneo en respuesta a su encanto por lo ecuestre, su anhelo por ser un caballo galopando libre, pese a que se moviera apenas por las cuadras de Campo Claro, bajo el cuidado de unos padres, Ofelia y Antonio, quienes se debatían en sus propias formas de vida, las mismas que hicieron que se fueran pronto.

Una vez dentro de la casa, se convertía en ese muchachito de carita de hombre esculpida, cejudo, de ojos vivaces y una dulzura que le hacía ganarse una arepa extra de mi mami, aun después de haber desayunado en su hogar.

Miguelito era, en sí mismo, un caballo galopante y, a la vez, un jinete sagaz. Un centauro desprovisto de mitología alguna: ni Quirón ni Folo. Parecía entrenado a pelo, y no es que tuviera un equilibrio perfecto entre la razón y el instinto, pero era capaz de desbravar a cualquiera con su dulzura y su intensidad. Nunca perdía los estribos, a menos que fuera desafiado a convertirse en ese niño que debía defenderse; ahí daba rienda suelta a su desenfreno. Su furia tenía causa —nuclear, por lo que recuerdo—, pero siempre supo ser la expresión más viva de una naturaleza compleja, y solo recordarla conmueve.

Cuando toda esta movida de los therians se “visibilizó”, me movió profundamente, me llevó de regreso a esa infancia en la que el vecinito más cercano era tan particular, fiel a una conducta que hoy parece tan explotada. El remedo de las expresiones que alcancé a ver en medio de -caninos y felinos, en su mayoría- resultaba, muchas veces, ridículamente forzado: olfateos, manoseos por “pezuñeos”, brincos rabiosos, pericias descontroladas en parodia descarnada de las naturalezas innatas.

Este revival de sensibilidad e instinto animal registra lo que han sido estos seres, algunos etiquetados como “el mejor amigo del hombre” y han motivado frases como las del filósofo griego, Diógenes de Sinope, quien desde su ascetismo balbuceó aquello: “Mientras más conozco al hombre más quiero a mi perro”. Toda esta nueva jauría circense, a la luz de hoy, se siente como escape y descarrile, rebeldía y carencia, así como a una urgida necesidad de afectividad que busca salir y encontrar pista, tras la demanda demencial que nos atrapa.

Indignación sentí cuando quisieron racionalizar, analizar, decantar, apelando a una inteligencia tan artificial que en su deshumanización responsabilizó como antecesor a Zeus, por su versatilidad de ser un «teriantropo» al transformarse, metamorfosearse, en algún animal al antojo, a saber, un cisne, para acercarse a Leda, un toro para raptar a Europa y un águila para llevarse a Ganímedes.

Igual, en forzada referencia, en medio de la viralidad surgida, se pretendió usar a Mogli, como aquel espécimen que tras su “socialización” en la jungla traducía conducta therian, magno insulto. Ese flaquito ha sido hasta ahora lo más adorablemente humano que deparó Disney en lo que fue su afán de humanizar animales. Es cuando la infancia se defiende a trompadas.

Buscando algún otro registro de therian me asaltó el alma de nuevo la peli Birdy, en los tempranos ochentas, de Alan Parker, basada en la novela de William Wharton. Rememoré a Matthew Modine interpretando a un joven transformado en pájaro. La experiencia de dolor, impotencia en Vietnam, lo llevó a liberarse del terror bélico alzándose en imaginario vuelo sobre el campo de batalla.

«Al» Columbato, interpretado por Nicolas Cage, fungió de aquel amigo de infancia que intentaba traerlo a tierra, cuando el trauma lo enjauló en un psiquiátrico por su negativa a hablar y su persistencia en actitud y obsesión a volar hacia otra realidad. Si esto puede ser considerado hoy un síndrome therian, a ver si los actuales tienen el suyo que justifique su rechazo o desadaptabilidad a su condición humana y su argumentada metamorfosis (¡oh… Kafka!) como animales.

Es cuando siento que en esta humanidad se ha exacerbado la involuntad. Esta movida es otra sintomatología a deshumanizarse, a sucumbir a lo que las tensiones actuales llevan; no superar el dolor, no atajar el descontrol y la resistencia al quehacer, no querer asumir lo que corresponde por tantísimas razones que acosan.

Pero volviendo a Miguelito, para mí fue un therian pulcro e impecable, tanto en su andante y natural trote como en su desenfrenado galope. Su relincho daba voz a ese salvajismo contenido, y a su vez, a un freno consciente que le permitía transformarse, a discreción, en ese ser humano posible, sensible y para jamás domesticado; al contrario, profundamente libre y autónomo.

Cuando quedó huérfano, así, como un potro en desconsuelo, redobló su estancia en nuestra casa, hizo establo en nuestro hogar y su “papi” y su “mami”, fueron mis padres. Que recuerde nunca lo vi realmente abatido ni triste, sus sentimientos los dispuso a armarse su propia tropa. Siempre fue tan alegre como bravío, y supo paliar todo con nuestra cercanía, no salía de la casa. Qué amor siento hoy por ese primigenio therian que me aliviana la sensación que hoy produce este trastorno social.

Hace algunos años tuvo sus quebrantos de salud por el pueblo del oriente del país, donde finalmente se asentó con esposa e hijo, salió en bien. Y allí estuvimos en solidaridad y firmeza como buena caballería humana. Con permiso entonces, cierro por aquí, retorno a mi potrero, todo esto me ha hecho sentir las crines al viento.

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Comments 12

  1. Jorge Pérez says:
    1 mes ago

    gracias Ma, me lo imagino llegando a la quinta Josefina y bajándose del caballo.

    Responder
  2. Sandra Ponce says:
    1 mes ago

    Que linda historia, la imaginación de un niño que lo convierte en aquel que le da sostén, libertad, entusiasmo para convertirse no solo en otro ser sino para cambiar toda la realidad que lo rodea. La magia de jugar y poder crecer más fuerte y al mismo tiempo mantenerse puro.
    Benditos sean los vecinos de enfrente que le dieron cobijo y amor. Ons!!

    Responder
  3. Maria says:
    1 mes ago

    Tengo varios Mogli’s en mi vida, también los amo mucho, uno es mi hija Ivi, enemiga número una del peine de chiquita y otro que no menciono por respeto.
    Buen y sentido relato, recordar en confortable.
    Gracias Madre.

    Responder
  4. Alejandrina Reyes Moya says:
    1 mes ago

    Recordando mi tiempo.vivido cerca de caballos, recordé a mi Gitano. un potro precioso que fue capado y murió por la poca higiene. Lo vi nacer, y crecer. lo ame mucho y enmedio del dolor mostró su cercania. le llore tres días y se hizo presente en sueños caminando a dos patas, mostrando su pertenencia. Se terminó mi sufrimiento al comprender la transición. Es bellísimo su relato Madre amada, y comprendido plenamente. ONS.

    Responder
  5. Nydia says:
    1 mes ago

    Madre, agradezco la belleza de cómo, a través del relato de una historia tan suya, humana por demás, nos acerca a esta realidad, como tantas otras corriendo por estos días, tan deshumanizantes.
    Donde cada elemento que nos puede reafirmar en nuestra humanidad, como la voluntad, la acción o el hacerse cargo conscientemente de lo que nos habita internamente, se presenta como algo que no es propio de nuestra capacidad intrínseca y en contrapunto, se genera como respuesta, una salida de escape de la realidad para habitarse desde el desconocimiento.

    Responder
  6. Maribel Suárez Cárdenas says:
    1 mes ago

    Gracias Madre por tan hermoso relato y por compartirnos estos recuerdos. Yo también conocí en mi infancia a algunos jinetes-caballo, niños-perro y niños-gato principalmente.
    Además, qué generosidad de sus padres de albergar en su casa a un niño huérfano.

    Responder
  7. Fabiola says:
    1 mes ago

    Los animales especialmente los caballos son tan nobles y hermosos y tan libres
    Conmovedor este reportaje donde hay muchos sentimientos compartidos entre el alma de los seres humanos y el alma del mundo animal.
    Acaso no somos todos uno ?

    Gracias amada maestra por sus letras divinas impresas en este hermoso reportaje
    Abrazossss

    Responder
  8. Nicola says:
    1 mes ago

    Belleza de relato. Tan profundo como ameno. ¡Gracias!
    Aquí, un domingo cualquiera, leyendo el periódico. El nuestro…

    Responder
  9. María Eugenia Cavazza says:
    1 mes ago

    Como dicen educadamente pase usted su merced : Con permiso entonces, cierro por aquí, retorno a mi potrero, todo esto me ha hecho sentir las crines al viento.
    Hermosa imagen a la cual me uno , de pequeña me parecía a Miguel , sabía relinchar muy bien y me identificaba con los maravillosos caballos , sus ojos eran para mi una conexión a otro mundo
    A lo mejor todos tenemos un poco de therian en nuestras andanzas planetarias . El punto está en cuanto desencanto tenemos de la humanidad para optar a no pertenecer a ella ?
    Que esas crines sigan peinandose a la voluntad del viento . ONS!

    Responder
  10. Bernardira Rakos Ried says:
    1 mes ago

    Una maravilla leer este texto!

    Responder
  11. Blanca Angelica says:
    1 mes ago

    Seguimos atestiguando silenciosamente cómo toda expresión que podría contener un asomo de sutil pureza, ternura, encanto y hasta tenacidad se termina corrompiendo y pervirtiendo al servicio de intereses ya para nada ocultos, pero si bien oscuros y podridos. El juego de los niños, aquel por el que muchos hemos pasado y sostenido como sano divertimento; el entrenamiento de dramaturgos, actores y cantantes, que siempre han encontrado en los sonidos y expresiones animales fascinación, entusiasmo, rigor y expansión; y la misma imaginación y creación de Dios: todo ello se ha llevado al absurdo. ¡Cuánta falta de respeto!

    En el teatro, la pintura, la danza y la música, en el canto sobre todo, siempre ha sido un recurso didáctico la imitación de formas, sonidos, fuerzas, presencias y cualidades animales. Existes decenas de ejercicios que los estudiantes realizan para encarnar éstas criaturas, integrar sus fuerzas, o referir lo que representan simbólicamente, con el fin de ampliar la expresividad, la capacidad creativa, la interpretación, los recursos, las habilidades propias, la fluidez del movimiento, o la intensidad de la obra. Tanta inspiración, tanta sana diversión, ¿ahora qué legitimidad, resguardo y respeto podrá conservar todo ello?

    ¡Qué genial es poder imitar con la voz el sonido de un Delfín, o cualquier otro animal, para recrearse con los amigos, o para una puesta en escena, o alcanzar la destreza del movimiento y la fuerza de una gacela, un primate, o un jaguar en la danza! ¡Qué adorable es el inocente juego de las parejas que realmente se aman, cuando aluden a la vulnerabilidad de los gatitos que se abrazan al dormir, o todas las grandes metáforas de los pingüinos y caballos de mar en su entrega y fidelidad eternas! Tantos atributos asociados a cada especie, ¿dónde va a quedar toda esa bella poesía?

    Lo han tomado todo. Ya nada va quedando. Ni a las frutas respetan. Ésta sí es en verdad la era de la decadencia, desde el mayor sinsentido, que otrora se venía adelantando. Todo se degrada; todo se corrompe. Si alguna vez hubo un intento de elevación de la humanidad hoy todo va quedando, aspecto por aspecto, en cada ámbito, reducido al vómito mental e idiosincrásico de las mayorías perturbadas y entregadas a las experimentación más “salvaje” de sus sentidos e instintos enfermos, conducidos por las torcidas ambiciones mercantiles de quienes configuran el condicionamiento humano.

    Queda ser espectador consciente, resguardado y compasivo, pero fiero, para proteger a los nuestros. Queda conservar el encantamiento y la contemplación por las genuinas criaturas, quienes simplemente son como o son; inocentes y libres. Que Mahadev nos ampare y nos revista de su inmensa consciencia plena de amor y misericordia para, como él, poder observar todo lo que se adviene sin juicio y en paz. Que todo sea absorbido por su gracia y disuelto pronto.

    Pranam, Madre amada. Om Namaha Shivaya.

    Responder
  12. ANA LUCIA BALDERAS RUIZ says:
    1 mes ago

    Gracias Ma por condividir! Ese SI que es therianismo puro, como inocente, en confronto con aquel que ha aparecido ahora: viral, que cae en lo ridiculo. Uno se espera que los «pura raza» sean los mas. Bien vengan los centauros de verdad! Muy lindo articulo!

    Responder

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