Si bien pareciera que hacer un omelette no tiene mayor ciencia, pues el omelette francés sí la tiene. De ingredientes sencillos, el omelette francés o clásico, es considerado un plato de graduación en las escuelas culinarias occidentales de alto nivel, donde se pone a prueba a los estudiantes de último grado, dado a que el omelette reúne los fundamentos más importantes de la cocina clásica: técnica, precisión y control. Hablamos del control absoluto del calor, dominio de la sartén y movimiento precisos de la espátula. Si bien hay diferentes tipos de omelette, el francés se caracteriza por una textura suave, cremosa y húmeda.
Al ser de cocción lenta y movimiento constante, no debe dorarse ni generar costra. Si el cocinero supera la prueba, se considera que tiene la base para enfrentar recetas más complejas. La gastronomía francesa es la base de la formación culinaria occidental, y en escuelas de prestigio, incluso se pide preparar varios omelettes seguidos, todos idénticos en tamaño, color, textura y forma, para demostrar consistencia y aptitud en el cocinero, lo que le dará su ticket de ida a las cocinas de alto nivel. Como dato curioso, la palabra omelette proviene del francés antiguo “alemelle / amelette” que significaba “delgado” o “lámina”, en alusión a la capa delgada de huevos cuajados sobre la sartén.
El omelette francés representa el minimalismo culinario, generado con sólo 3 ingredientes: huevos, mantequilla y sal. Te invitamos a sumergirte en este desafío gastronómico y descubrir por ti mismo por qué el omelette francés es mucho más que unos simples huevos batidos.

Ingredientes:
2 huevos
1 cucharada de mantequilla
1 pizca de sal
Preparación:
Rompe los huevos y confirma que no quede cáscara ni impurezas en ellos.
Bátelos lo suficiente para homogeneizarlos, pero que no incorporen demasiado aire.
Pon a derretir la cucharada de mantequilla en la sartén (temperatura media-baja). La mantequilla puede hacer espuma, pero no debe dorar.
Agrega los huevos, y muévelos lentamente raspando con la espátula el centro y los bordes, sacude suavemente la sartén.
Cuando los huevos se hayan cuajado en su base, pero mantengan en su centro una consistencia húmeda y cremosa es momento de enrollar el huevo, cerrándolo en forma de cilindro.
Servir inmediatamente. Lo puedes acompañar de un pan o una ensalada ligera.

