Más allá de la familia, el grupo que nos recibe en esta tierra y donde forjamos las primeras ideas y sentimientos sobre lo que la pertenencia es, se encuentran aquellos espacios de los que hemos decidido integrarnos. Generalmente guiados por una suma de similitudes, las llamadas “resonancias”, vamos dando con algunas formas de interacción, actividades y personas que nos permiten Ser. Espacios agradables para compartir y que deseamos frecuentar. Es ahí donde el tiempo nos muestra toda su relatividad, ya que algunas veces nos sentiremos “parte de” como resultado de muy breves encuentros.
¿Qué será eso que nos permite reconocernos en otro?
¿Memorias compartidas, similitud en el sentir? Tal vez la búsqueda de un sentido más trascendente de la existencia. Así es que el hombre se ha reunido en hermandades y escuelas iniciáticas a lo largo de su historia, como las surgidas en Egipto y Grecia.
Actualmente, en medio de un mundo acelerado y materialista, el camino espiritual aún se abre espacio para el buscador profundo. Pues como se indica en El Kybalion: “Cuando el oído es capaz de oír, entonces vienen los labios que han de llenarlos con sabiduría”. Por lo tanto, escuchar al propio Ser toma vital importancia para finalmente dar con la Escuela y/o Maestro que será nuestro guía en el Sendero Espiritual.
Probablemente sea ese momento en el que se decide seguir el camino en compañía del Maestro, cuando el sentido de pertenencia comienza a desarrollarse y se fortalece poco a poco con la enseñanza recibida. Así como con el apoyo y resguardo que se nos brinda, para transitar de mejor manera las distintas situaciones de la propia vida.
Pertenecer a una Escuela de Desarrollo de Conciencia, se encuentra más allá de realizar una inscripción y la asistencia a eventos. La verdadera pertenencia es estar en sintonía con sus valores, en principio conocer esos valores, experimentarlos, y después procurar vivir en congruencia con ellos, cada día en los diferentes ámbitos de nuestro existir: familiar, profesional, social.
Es necesario ser consciente de cómo nuestra pertenencia al grupo suma o resta al colectivo que somos. Y así adquirir responsabilidad sobre nuestro actuar. Estamos aprendiendo juntos, de las experiencias de los otros y de las que aportamos por nuestra vivencia individual.
Sentir la compañía de un grupo es trascedente es un planeta donde el desarrollo espiritual verdadero rema contra corriente y encontrarnos en un lugar donde podemos generar avance es una bendición.
La bendición de contar con un foco vivo de conciencia es gigante. Propiciarnos el encuentro, para aprender y avanzar en compañía es un hermoso regalo del Ser para el Ser. Eterna gratitud.
Fuentes:
– El Kybalion, Tres Iniciados. Introducción, pág. 4.
– https://www.linkedin.com/pulse/trascender-el-conocimiento-francisco-javier-rauda?originalSubdomain=es


Para mi en grupos es más positivo porque se comparte las ideas uno razona mas
Así es debemos sumar en vez de restar ayudarnos unos a otros respetarnos con amor y respeto unos saben más que otros debemos apoyar al que no sabe respetar nuestra divinidad de cada ser alumbrando su cad de cada ser mino dando luz a los que vienen en camino