Cuando nuestra vibración se encuentra elevada, somos más completos. Nos sentimos, en general, llenos de dicha y nos brota un deseo porque no se acabe y, en el mejor de los casos, por compartirla. La generosidad es un aspecto de un estado de prosperidad y su contrario, la avaricia, es un concepto humano que se ha incrustado en la mente colectiva y regido la mayoría de las sociedades.
Mientras la generosidad provee y multiplica, la avaricia termina por secar la tierra más fértil. En la naturaleza, las plantas y animales consumen sólo lo que necesitan, quedando el resto para el siguiente en turno, sea o no de su especie. En un estado puro, la naturaleza es un ciclo en el que todo organismo participa para sostenerse a sí y a todo.
Mientras tanto, a lo largo de la historia humana no faltan los ejemplos de lo contrario, y ello ha terminado con pueblos, reinos, imperios. En 1668 se estrenaba en Francia la comedia teatral “El Avaro” de Moliére. En ella, Harpagón el personaje principal, temeroso de perder su fortuna, tiene la idea de casar a su hija con un viejo rico a pesar de que ella se encontraba ya enamorada de un joven. Tras una serie de enredos y complicaciones, la obra termina con el triunfo de las virtudes. Los nudos se desentrelazan, los enamorados se casan, Harpagón recupera su amada caja de dinero. La verdad sale a la luz.
Y Jean-Baptiste Poquelin (Moliére) da a través del humor y risas, una lección ética al público de hasta donde se puede llegar siendo avaro. Antes y después, muchos escritores, filósofos, sabios y místicos han tocado el tema, y desafortunadamente, como humanidad hemos recorrido ese hasta donde muy lejos, mostrando lo poco que hemos aprendido sobre la ilimitada prosperidad que es el Universo que, para muestra, basta sólo observar y encontraremos a nuestro alrededor muchos ejemplos de cantidades que rebasan la capacidad que tenemos para contar: hojas en los árboles, gotas de lluvia que caen, granos de tierra sobre los que estamos parados.
No todo tiene que ser oro para ser valioso. E inclusive el oro, es valioso por sus cualidades intrínsecas, no por el valor cuantitativo que le hemos dado como instrumento de cambio.
La prosperidad no está reñida con el crecimiento espiritual, al contrario, es en sí, un estado natural del Ser, del alma, y abarca muchísimos aspectos de nuestras vidas, incluyendo el bienestar material en este plano. Como seres vivos nos debería bastar el sustento diario de comida y bebida, un cobijo y la apreciación que el tiempo nos da para desarrollarnos y crecer en nuestro espíritu.
Satisfechos con esto lo tendríamos todo y no necesitaríamos más. En una realidad cuantitativa, tendríamos de más para gozar. Sin embargo, en la práctica sabemos que en la mayoría de las personas no es así, y que como humanidad hemos rebasado los límites a grados que amenazan la supervivencia de nuestro planeta.
¿Cómo es que llegamos aquí? Longevas dotes de ignorancia y avaricia han dejado que la precariedad de pensamiento se fuera descomponiendo y corrompiendo hasta llegar a las tensiones, hambrunas, guerras y crisis de todo tipo que cortan nuestra atención en el día a día. Colectivo o individual, son las leyes del Karma y el Dharma las que están en juego, siendo la autoindagación propia y profunda el camino para encontrar su trascendencia.
En la tradición Védica, el Rishi Chanakoya, refiere la prosperidad como los principios esenciales de la cultura védica donde la realización del Ser es el propósito único de la vida en este planeta. En su representación Divina, la prosperidad es un aspecto de la Madre Divina que se manifiesta en la Diosa Lakshmi, consorte de Vishnu, quien nos ayuda -entre mucho más- a disolver nuestro Karma en los aspectos relacionados a la carencia, la pobreza extrema, bloqueos y autocastigos de nuestros sistemas propios de creencias.
Igualmente atenúa nuestro Artha y Kama para alinearnos con nuestro Dharma y alcanzar el estado de Moksha, es decir, la prosperidad debe ser siempre y sólo en servicio del camino de la autorrealización. La Madre Lakshmi a través de su luz, nos enseña que para ser próspero hay que emanciparse de los nudos mentales que nos hemos generado a lo largo de nuestra existencia. Siendo la claridad, la sabiduría, la generosidad, la bondad las virtudes a incrementar en uno y no la dependencia a lo material, la posesión o dominación y el control de otros.
En el mundo que vivimos hoy, con sus crisis, no se trata de refugiarse en una utopía, pero tampoco generar una distopía. Así como la tortuga gana la carrera al conejo en la fábula de Esopo, hay que avanzar con constancia para ir sanando nuestro camino, enfrentando los retos con valentía. En lo practico hay que ser administrados con nuestros recursos y no dejar que la Maya se convierta en una malla que nos encierre. Siendo la prosperidad un estado profundo, hay que emanciparse de las ataduras mentales y sean la felicidad y la dicha las variables con las que mirar nuestra prosperidad.
Fuentes:
Enseñanzas y talleres de la EVD.
Wikipedia.org: Moliére y Esopo.
Diccionario de la Real Academia de la lengua Española
Bob Marley: Redemption Song


Sabernos prósperos y creerlo como esa condición innata que refieres. Llegar a poder deslastrarnos de la idea de que es algo externo que debemos alcanzar y que ciertamente, sólo respirando, siendo sensatos con nosotros mismos y sanando es que lograremos una comprensión real o más cercana de esa, nuestra naturaleza. Gracias por referir este texto que siempre viene bien refrescar como parte de muchas de las realidades humanas.
Variadas tradiciones nos alertan sobre el conocimiento utilitario, que solo piensa en la ganancia, convirtiendo el capital en Dios. Reconocer la espiritualidad como lo esencial es un signo del nuevo mundo por venir. Solo los avaros que vibran a una frecuencia tan pobre como el dinero no podrán sobrevivir en el nuevo mundo de regeneración.
Es de mucha trascendencia la enseñanza de la cultura Védica, que el único propósito aquí en este plano terrenal es la Realización del SER. Y que la prosperidad está referida a lo Divino, representada en la Madre Divina, siendo la Diosa Lakshmi la energía femenina, que a través de su luz nos sostiene y nos ayuda a emanciparnos de los nudos mentales (de carencia) para otorgarnos sabiduría, generosidad, bondad.
Es así como nuestra Madre Divina guía nuestras vidas para que el Karma no se haga presente en nuestras vidas.
practicando y meditando a diario siendo agradecidos con honestidad, empáticos ,sanando muestro karma llegaremos a tener una vida plena