Agudo y directo, y con mucha autoridad en el manejo de los temas que consideraba trascendente en la sociedad, el Swami Sivananda (1887-1963) lanza una diatriba contra ese falso humanismo que persigue el mundo contemporáneo. La siguiente reflexión es tomada de su libro Senda Divina, libro que ofrece 84 ensayos espirituales, con diversas materias que van desde el Brahmacharia, ética, hinduismo, hasta el silencio y la verdad.
Swami Sivananda
¿Qué es la civilización? ¿Eres realmente civilizado? Cuando sufres de tisis o de asma, de septicemia o de malaria, los médicos te recetan diversos tipos de inyecciones. ¿Puedes llamar a eso civilización? Hoy puedes escuchar a alguien cantar desde París, desde Constantinopla o desde una playa de Madrás. Pero ¿es eso civilización? Los gérmenes de la tisis y de la piorrea se propagan por las carreteras, las vías del tren y las tiendas de bebidas.
Millones de personas se encierran en casas insanas, formando largas calles. Se desconoce la libertad. La vida depende ahora de muchas cosas. Cuando se va la electricidad, no hay luz en la casa. Tampoco sale agua del grifo cuando más ardientemente la deseas. Hace quince años nunca oíamos hablar de alta tensión sanguínea; ahora el noventa por ciento de la gente padece esta terrible enfermedad.
El panorama de la vida en la ciudad
El polvo levantado por los coches y camiones en las calles y carreteras penetra en los ojos, nariz, pulmones, tráquea y estómago, y produce diversos tipos de enfermedades de los ojos, pulmones, estómago, etc. Esto se debe a la civilización moderna. El hombre no desea más que dinero. Se muere por el dinero. Ya no desea la religión. Piensa: «No sólo quiero pan, sino pan con mantequilla y mermelada.» Pero para comer ese pan con mantequilla tiene que tragarse el polvo de las carreteras y el humo de las chimeneas de las fábricas, y gastar todos sus ahorros en el tratamiento de la piorrea, la tensión alta, el asma y la tisis.
La mayoría de la gente toma el desayuno a las ocho de la mañana e inmediatamente cogen el primer tren para llegar a sus oficinas y despachos antes de las nueve. No hay descanso. El estómago y los intestinos se agitan violentamente, por lo que acaban padeciendo dispepsia y diversos problemas estomacales. Esto se debe a la civilización moderna.
Algunos desarrollan ingeniosos métodos para engañar a los demás. Utilizan el mesmerismo y el hipnotismo para robar a otros y para seducir a las mujeres. La gente inventa todo tipo de platos sabrosos para satisfacer su paladar. Eso es la civilización moderna.
Los hoteles se han convertido en centros de juegos mundanos, o de Maia. En ellos hallas todo tipo de comodidades, agua caliente y fría, etc. Hay baile y orquestas tocando durante las comidas, y todo tipo de alimentos para excitar los sentidos al máximo y hacerte olvidar a Dios y la Verdad por completo. Se celebran competiciones de belleza entre hombres y mujeres por votación, presididas siempre por algún hombre rico. Los hombres votan por la mujer más bella, y las mujeres por el hombre más apuesto. A los elegidos se les conceden premios. La mujer que ha obtenido el primer premio es invitada a comer por los hombres ricos, arruinando su vida miserablemente. Eso es la civilización moderna.
Un rico ingeniero exclama: “¡He tenido a lo largo de mi vida treinta coches!” Un rico doctor dice: “Tengo veinte sirvientes en mi casa”. Un abogado exclama: “He viajado a Europa y América diez veces”. Un gran hombre de negocios afirma: “Tengo quinientos chalets en distintos lugares. No puedo comer sin dulces. Me envían frutas desde Bombay y Calcuta”.
Un juez de moda dice: “Tengo doscientos vestidos y trescientas camisas”. Pero nadie dice: “He realizado veinticuatro vueltas del Gayatri Yapa (repetición del Nombre de la Divinidad). He estudiado el Yogavassihtha diez veces, el Guita un centenar de veces y el Ramayana cincuenta veces. He ayunado durante la festividad de Dusserah. Medito doce horas los domingos. Hago Pranayama tres horas diarias, asanas dos horas, y escribo mi Mantra durante dos horas”. Así es la civilización moderna.
Usar gafas a los diez años, llevar reloj de pulsera, comprar un coche pidiendo el dinero prestado, vestir trajes de noche a la última moda con botas y sombrero, llevar el pelo cortado a navaja, fumar cigarrillos americanos o puros de Manila, ahogar la garganta con cuellos duros, comer sentado a la mesa con cucharas, tenedores y cuchillos, caminar a lo largo de la playa junto a la esposa, cogidos de las manos y con el periódico en el bolsillo, llevar el bigote recortado y acicalado, tomar carne y brandy, jugar al bridge, bailar en salas de fiesta, pedir dinero prestado para ir al cine y en definitiva, llevar una vida de excitación… ¡Eso es la civilización moderna!
La moda y la pasión
La gente se muere por la moda. Los caballeros y las señoras se han vuelto esclavos de la moda. Si hay un ligero error en la hechura de su abrigo o uniforme demandan a sus sastres en los tribunales de Londres y París. Observa las extravagantes modas nocturnas. Para las mujeres la moda consiste en mostrarse medio desnudas. A eso lo llaman científico, considerándolo ventilación higiénica de las partes expuestas.
Exponen el pecho, los brazos y las piernas hasta la mitad; ésa es la moda. Llevan el cabello siempre arreglado; ése es su Siddhi, o poder psíquico. Lo pueden cortar y peinar de cualquier forma en una peluquería. La moda incrementa y excita la pasión.
El mundo entero podría vestirse con los retales de esa gente vana vestida a la moda. En ésta se malgastan grandes cantidades de dinero. Si ese dinero desperdiciado en las modas se utilizase en acciones virtuosas, en hacer caridad y en servir a la sociedad, el hombre se transmutaría en la Divinidad.
Disfrutaría de paz y dicha eternas. ¿Qué ves ahora, sin embargo, en la gente elegante? Inquietud, ansiedad, preocupación, miedo, depresión y arrugas en sus rostros. Puede que vayan vestidos con trajes de seda a la última moda y con cuellos duros y corbatas; sin embargo, descubres en sus rostros su tristeza y fealdad. Las úlceras de la preocupación, la avaricia y el odio les consumen hasta lo más profundo de su corazón.
¿Por qué visten las damas y caballeros trajes elegantes? Porque desean aparentar ser gente importante a los ojos de los demás. Piensan que obtendrán respeto y honor vistiendo a la última moda. La esposa quiere aparecer bella a los ojos de su esposo, pues desea atraerle. El esposo, a su vez, viste trajes elegantes para atraer a su esposa. Las mujeres de mala reputación esperan atraer más clientes vistiendo trajes extravagantes. Todo eso es una ilusión. ¿Puede un traje vistoso proporcionar la verdadera belleza? ¡Todo eso es una decoración artificial, un relucir falso y temporal! ¡Una belleza decadente y falsa!.
Si posees virtudes buenas, como misericordia, simpatía, amor, devoción y paciencia, serás verdaderamente respetado y honrado. Eso proporciona una belleza imperecedera, aunque vayas vestido de harapos. ¡Con qué sencillez vestía Mahatma Gandhi! Sólo llevaba una tela de lino. ¡Cuán simple era Ramana Maharshi! Se vestía tan sólo con un pedazo de tela.
Efectos destructivos de una vida artificial
La vida se ha vuelto artificial. Hay una degeneración física, mental y moral. Ya no encuentras gente robusta, fuerte ni sana. Se desconoce la longevidad. La gente vive poco. Se ven criaturas débiles y raquíticas con un físico pobre, una estructura débil y una apariencia enferma. No pueden andar siquiera cien metros; en seguida piden un taxi. Los niños engendran niños.
La gente muere como moscas. Se han vuelto débiles. Se han vuelto afeminados e impotentes. ¡Qué fuertes y sanos eran nuestros antepasados! Disfrutaban de una vida larga. Podían caminar hasta cuarenta kilómetros diarios. A los setenta años eran capaces de cruzar nadando un ancho río desbordado. Podían cortar leña y transportar grandes pesos. Eran fuertes y vigorosos. Vivían en lugares sencillos. Observa aún hoy a los trabajadores del campo. Viven de pan, sal y chile. ¡Observa el tremendo trabajo que realizan! ¡Observa su salud y su maravillosa fortaleza! Hoy, sin embargo, todos vosotros tomáis vitaminas. La esposa desea tener un sirviente particular y un cocinero. Tú quieres un sirviente que te ponga los zapatos, y el niño una nodriza.
La ciencia ha proporcionado muchas comodidades a la vida del hombre. La electricidad realiza todo tipo de trabajos: extrae agua, nos eleva hasta el último piso del edificio, cocina nuestro alimento, nos lleva a Londres y a Paris. La ciencia ha hecho que nuestros viajes y comunicaciones sean fáciles y rápidos. Todo ello tiene sus ventajas, pero las desventajas sobrepasan aquéllas. Ha hecho de la vida un lujo. El hombre es ahora más inquieto. El lujo de hoy se convierte en la necesidad de mañana.
Todo el mundo desea tener radio de bolsillo, linterna, reloj de pulsera, coche, televisión. El nivel de vida se ha elevado mucho. A los secretarios y oficinistas no les importa engañar y dejarse corromper para conseguir sus fines. Pero el cine y la moda devoran todos sus ahorros.
La gratificación de los sentidos se ha convertido en la meta de la vida. La gente lista inventa ingeniosos métodos para ganar dinero, aunque sean deshonestos. Hay corrupción en todas partes. La honestidad y la amabilidad han desaparecido. La doble personalidad, la sinuosidad, el engaño y el pillaje se han apoderado de todo. Ése es el resultado de la vida lujosa, consecuencia de los descubrimientos científicos y de la civilización occidental.
Un doctor o un abogado, aunque se mueran de hambre, conservan su coche, pues sin él no pueden conseguir pacientes o clientes. La esposa le presiona, porque desea trajes de seda, polvos para la cara, lápiz de labios y cosméticos; quiere reservar entradas para el cine. ¿Cómo obtener el dinero? Tiene que engañar a la gente pobre. Llena un bote de agua y tinturas de colores y cobra un precio excesivo por él. Consigue el dinero cobrando muy caras sus inyecciones y visitas. La misericordia, la simpatía y la honestidad han huido de su corazón. Cuando la mente se llena de avaricia, pasión y deshonestidad, la conciencia se destruye.
En esta era de la llamada civilización moderna, la avaricia, la pasión y el egoísmo aumentan de día en día, e incluso de hora en hora. El hombre ha perdido su masculinidad. El hijo lleva a su padre a los tribunales para conseguir su parte de la propiedad. La esposa se divorcia del esposo, casándose con otro más rico, más bello y más joven. El hermano menor envenena al mayor para quedarse con sus posesiones. Hay crueldad, deshonestidad, injusticia y atrocidad en todas partes. Nadie cumple sus promesas. El padre no tiene fe en su hijo. La esposa no tiene fe en su esposo, ni el marido la tiene en su esposa.

