Serguéi Prokófiev, pianista y compositor ruso, nació el 23 de abril de 1891 en una finca en Sonsovka, Imperio Ruso, de padre ingeniero agrónomo y de su madre aprendió los rudimentos musicales. A los 5 años compuso su primera pieza para piano, a los 7 aprendió a jugar ajedrez y fue aficionado toda su vida, y a los 9 escribió su primera ópera, representada en familia.
Recibió clases particulares de Reinhold Glière. Pronto se deslindó de las estructuras tradicionales, experimentando “cancioncillas” con disonancias y compases insólitos. En 1904 ingresó en el Conservatorio de San Petersburgo, se graduó en composición (1909) y luego como pianista summa cum laude, y en 1910 ya gozaba de cierto renombre como compositor.
El enfant terrible, rebelde en la composición, virtuoso del piano, antirromántico y politónico, creaba hermosas y sugestivas melodías, estrenaba sus propias obras y en 1911 firmó con la casa Jurgenson para publicar su producción. Vivió en EEUU (1918-1920) donde escribió las óperas “El amor de las tres naranjas” y “El ángel de fuego” y ofreció conciertos de piano, pero sin buenos resultados. En París compuso “Chout”, “El Bufón” y “El paso de acero” para los Ballets Rusos de Diáguilev, relativamente bien recibidos.
De regreso a casa (1936) encontró una Rusia muy diferente donde el realismo socialista controlaba la creación artística. La “Cantata para el vigésimo aniversario de la Revolución” fue calificada de excesivamente moderna y fue prohibida, así que tiñó sus composiciones con un tinte clásico. De este período son sus piezas para niños como “Pedro y el lobo”, los ballets “Romeo y Julieta” y “La Cenicienta”, y bandas sonoras como “Alejandro Nevski” e “Ivan el Terrible” para Eisenstein.
Hoy se sigue interpretando su música y se ha incorporado al cine y la TV. Considerado grande e incomparable entre compositores del siglo XX, falleció en Moscú el mismo día que Stalin, el 5 de marzo de 1953.

