Este mes se cumplirán 255 años del nacimiento de Ludwig Van Beethoven, el genio del alma musical que extendió sus alas de sonido y experiencia más allá de los límites del tiempo y el espacio. Su música suena en nuestros corazones con la vitalidad y el sentimiento de aquello que nunca es vencido. Parafraseando a Borges, rememorar su música es adentrarse en los jardines prodigados a la plural memoria del porvenir.
Se dice que el conmemorado maestro, intentando sobrevivir psicológicamente al tormento de una sordera avanzada, solía pasearse por las calles como un loco iluminado y embriagado en éxtasis creativo, tarareando melodías que sólo él podía imaginar, obras enteras que se desplegaban en su interior como sueños despiertos y sonidos inaudibles de infinita riqueza.
Oliver Sacks hace un análisis de los escritos de Beethoven a este respecto, en donde en sus cartas y comunicados más íntimos, revelan la naturaleza de estos fenómenos creativos que, desde la mirada del neurólogo inglés, coincidían con la experimentación de alucinaciones musicales. Este particular fenómeno (el de escuchar música sin una fuente externa que la produzca), a la luz de los estudios de Sacks, parece darse como un mecanismo de compensación de un cerebro, que habituado a reproducir música, al verse de repente imposibilitado de escucharla desde una fuente externa, reproduce los conductos neurológicos para producirla internamente y así compensar esta habituación. Esta forma de escucha musical interna es similar a la que se produce en los sueños, cuando soñamos con música.
El estudio del fenómeno onírico-musical ha despertado grandes preguntas en torno a su función psicológica. Desde la psicología de los arquetipos, para Juan Eduardo Cirlot (analista junguiano), soñar con música es experimentar el contacto directo con una de las energías arquetípicas de mayor complejidad, ya que abarca el simbolismo de todos los elementos presentes en el arte musical: desde los instrumentos en todas sus variedades, hasta los 4 elementos musicales en sí: ritmo, melodía, armonía y timbre.
Según Cirlot, la interpretación del simbolismo de la música en los sueños puede verse desde dos miradas: la primera, como parte de un patrón de ordenamiento con el cosmos astro-biológico (el inconsciente colectivo); y la segunda, como un fenómeno de correspondencia ligado a las necesidades psicodinámicas de expresión y comunicación (el inconsciente personal). La analogía entre los 4 elementos de la música (ritmo, melodía, armonía y timbre) con los 4 escalones de la escalera de Jacob, nos presenta una clave para entender su función trascendente en su capacidad de conectar el cielo con la tierra (Streitch, 2009).
En los misteriosos ardides que la imaginación nos juega para acercarnos a nuestro potencial de unificación, es posible que la música en los sueños cumpla algún tipo de función trascendente, o en términos junguianos, se convierta en Hermes, llevando los mensajes del Self hacia el ego, favoreciendo así el proceso hacia la individuación.
Hildemarie Streich, en su artículo: “Music in Dreams”, hace un análisis de sueños musicales, en los cuales se presenta el motivo narrativo principal y una breve interpretación desde la psicología de los arquetipos. El siguiente sueño es extraído de este artículo y proviene de un joven americano de origen judío, ateo profeso y con cierto complejo de inferioridad. Tras haber cometido un delito, se sentía avergonzado de su propio origen racial:
“En mi sueño, voy caminando con un hombre negro que canta una larga canción acerca de su vida y sus problemas. Esta canción es a la vez religiosa y expresa un anhelo por retornar al hogar. Se llama: “Hogar de Moisés, Hogar de Cristo, Hogar de Dios”. Profundamente conmovido por la canción de este hombre negro, le digo que yo soy su amigo”.
Este sueño dio inicio a una nueva actitud hacia su propia vida, su raza y hacia el “hermano oscuro” antes oculto en su alma. El sueño parece compensar la actitud ateísta del soñante recordando su anhelo de retorno al hogar espiritual.
Los sueños musicales son experimentados por personas de toda naturaleza, con o sin conocimientos formales de música. Contemplar esta posibilidad psicológica, musical y espiritual puede abrir nuevas y sorprendentes vías de autoconocimiento y transformación, especialmente en una era en donde los desarrollos tecnológicos parecen aturdir y adormecer nuestros sentidos más profundos, nuestras capacidades de trascendencia, nuestras naturalezas más sutiles y creativas.
Fuentes
consultadas:
Cirlot, J. (1990). A Dictionary of Symbols. London. Routledge.
Sacks, O. (2009). Musicofilia. Relatos de la Música y el Cerebro. Editorial Anagrama.
Streitch, H. (2009). Music in Dreams. Jung Journal: Culture & Psyche 3:2 / Spring, 2009


muy interesante este artículo!