Empecemos por una verdad absoluta, en rigor, ese tipo de circunstancias que pasan inadvertidas por entre tanta insalubridad espiritual, por entre tanto reacomodo teórico al servicio de unas filosofías que siguen sin aportar a la expansión de la conciencia, en perspectiva evolutiva: la noche de Shiva del próximo martes 25 de febrero, constituye uno de los momentos más conmovedores de la existencia. Legado universal que acontece y oscila en el cosmos con su energía destructora y transformadora.
El trance divino donde la Fuerza Padre interviene con toda su sabiduría, y quienes experimentan esa especie de dualismo trascendido, formas de renunciación momentánea, de abandono de todo tipo de esclavitud, y toda acción promovida por el deseo, van apuntalando su ser, removiendo tejidos, coronando el entendimiento, afianzando determinantes. Es más bien, no una residencia en la Tierra, sino una residencia en el vacío, en la nada, en la infinitud.
Shiva, el Ser Supremo. La realidad última. Los estados de la mente y patrones de existencia son un efecto de su energía. Millones de dioses giran en su entorno, como infinitas veces su garra, su valor, intervienen para la dicha humana. Como dicen los Vedas, de Shiva nacen los Dioses, en múltiples formas, “los celestiales, los hombres, el ganado, los pájaros, la inhalación y la exhalación, arroz y cebada, austeridad, fe, verdad, castidad y la ley”. Tutelaje cósmico pleno.
Su vibración se encuentra en todo lo que existe, por eso es tantas veces Shiva, tantas veces Rudra. Inabarcables dimensiones como las intensidades de esos 1000 ojos que ratifican su providencia como el dios de los dioses. El dios único escondido en todos los seres. ¿Cómo no ser Shiva, cómo no ser Rudra, si es el testigo, el consciente, el que nace de sí mismo es forma y fondo de tu existencia?
El centro de toda unidad de conciencia, Shiva el espacioso, el que todo lo abraza, y sus aspectos trascienden la razón, porque su danza es el movimiento último de la conciencia pura, como señala el Yoga Vashista, en esa ejemplar instrucción que hace el rishi Vashista al príncipe Rama -argumento pivote- atribuida al legendario Valmiki, autor del Ramayana.
Shiva no se agota. Es sustento eterno. El apasionado amante de Parvati, con sus dos hijos Ganesha y Skanda; el primero, el dios elefante, el segundo, el joven guerrero de siete caras. No es una saga, es condumio de verdades védicas enfáticas, y despojadas de todo fanatismo. Y es que el mito enseña, formula, define esa manera de cómo debemos conducirnos en el laberinto de la vida, con el fin último de que prevalezcan los valores espirituales.
Razón por la cual, la Noche de Shiva, el Maha Shivaratri, maha, grande, la bendición sin límites, nos marca, nos sujeta, nos enorgullece, su metafísica es abrumadora porque es el acento cósmico de la ineludible verdad del ser: buscar su unidad. Contemplamos y experimentamos un instante de lucidez, de consagración, de iluminación. Nunca el hombre se había sentido tan ser como en ese momento.
Entremos en el umbral, extasiados y convencidos, en contentura absoluta, en entrega amorosa, con la sagrada orientación de la poderosa Fuerza Padre.
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graccias hermoso articulo la noche de Shiva fue auspiciosa el es el Todo
Simplemente gracias por cada uno de los enriquecedores
Upani News !!! 🙏🏽Gracias de ❤️