José Pulido también quedó fotografiado en su sala. A sus ochenta. Con la vida latente desde la luz del balcón que lo alcanza, pero lo que más, estrujándonos con esa sensibilidad que lo lleva a desordenar palabras bajo el perfecto orden que requiere un poema.
Y fue, después de una conversación casual, que nos quedamos nombrando a la Frida, a razón de un ejercicio con los iniciados de México en el que- precisamente- por sentirla “ícono único” de un universo todavía inexplorado e inexplicable, preferí dejarla para su estudio en otro momento, dentro de lo que resultan nuestras intensidades espirituales.
Así, José, introduciéndose, como acostumbra, dijo: “¿Si conoces mi poema de Frida, aquel que me inspiró las fotografías de Leo Matiz? Del urgente recorrido y a la vez breve, solté casi involuntario ese “no”, tan indeseable como sincero. “Ah, ya lo busco”, dijo de inmediato.
Siguió su voz de recitador consumado, trémulo declamador de su alma. Así, en la medida que arrojaba su sentir en imágenes armadas de su fervor literario producía gráficos momentos íntimos, transiciones y sucesiones hasta abruptas en ese inusitado pero arrollador forzamiento de la memoria ¿propia?
Y es que el uso tan indiscriminado de la Kahlo nos ha sometido a un acopio visual, a llevar un rastro casi involuntario, guardamos el aroma de su estancia en Coyoacán. De ella la más expuesta y sobreexpuesta, la más explotada, quizá superando a la Monroe.
Frida la más fotografiada, la cómplice de todo disparo a su figura. Ella, la que recurrió sin decoro ni humildad posible a los selfies desde sus pinceles. Ella, la Frida que quedó para siempre fotografiada en el poema más fotográfico del poeta.
Su declaración, nunca tardía, del amor que le inspiró Frida.
FRIDA SE QUEDÓ FOTOGRAFIADA
José Pulido
Esos cerros bordando faldas y huipiles
en el mes de julio de su cuerpo
esa gaviota en el horizonte de su frente
eso que se estremece como un pez sin agua
entre la esterilidad y el adorno
esos árboles tocando pianos de nubes
esa oxidación de estrellas y sortijas
esa pequeña flor magenta en el camino de su voz
ese marfil órale ajedrez apretado sonreído bajo la nicotina
esa música invisible del inmenso deseo.
Desnuda en la penumbra la señora Frida.
Enorme corazón de huesos rotos
sueño amoroso humeante que las pesadillas exhalan
Madre de los seres indefensos
ojos de madrugada cristalina para siempre
de dulzura implacable
El sello de tu boca con besos sedentarios de indígena y hebrea
que el aire sea un corsé que el alma sea un corsé
que se abombe la enagua y se estreche la blusa
un río de dolores fluye desde su cabellera hasta sus pies
cada cabello de su cabellera es un hilo de sutura
de la noche cirujana que esgrime un bisturí
sus pies igualan en crujidos a su pecho
toda vestida de alegría la muchacha triste
Las cintas de su pelo, las flores de su pelo
los sentimientos de su cabellera, el pensamiento de sus besos
lienzos con olor a yodo y a mercurocromo
hospital con vértigo de trementina y volcán de hembra recostada
Las cartas con sus llamas de pasión ascendiendo hacia su cuello
el hielo de la soledad y de los malos recuerdos bajando desde sus crinejas
y nada que podían los elementos con la belleza indestructible
que proyectó desde sus escombros
aquella nación femenina
Tanto amor derrochado como un torrente sin cauce
la naturaleza miraba sus derrotas y sus glorias
desde la fauna edénica
zoología de penas divertidas
Ninguna cama volverá a ser lo mismo en el amar y en el sufrir
los ojos de los monos afortunados la miran
ahora que se ha ido la ambulancia
destartalada intensidad del escribir
redacta ella, la pintora más sincera de los santos óleos
con la potencia airosa de sus dedos
“Espero alegre la salida, y espero no volver jamás”
Y se ruedan las sábanas
Ese cielo aferrado como pereza a tu espalda
detrás del muro y del jardín
y al lado con su emoción melosa el Xoloitzcuintle
no te sientes, camina, no te quedes parada,
vamos a buscar huesos
ni saltando alcanzaría tu espejo
deja tu otra yo y vayamos
al patio de la casa, a buscar huesos
el que encuentre un fémur gana un fémur
Desde antes que nacieras
el universo dibujó tu boca
alguien en Nueva York creyó que estaba alucinando
cuando descubrió en una azotea el amarillo anaranjado azul y blanco
del traje cuyo cielo está detrás del muro con espejo
y la pintora que sería deseada, amada y traicionada
solo añoraba las mañanas con sus perros
y la agrietada conversación amorosa del pintor
La bella durmiente se quedó convertida en caballete
aunque Diego se inclinó desde las alturas y la besó
Su rostro intacto como de altar y de papalote en la repisa celestial
la columna vertebral del tiempo sosteniendo una estatuilla de barro
y en el centro de su calavera una bandada de ideas
a punto de volar con el estruendo de la seda
Eternas lanzas ensartando sus carnes
los aparatos infernales solo se apaciguan con sus manos
ella y el sol recostados en el muro encalado en lujuria y engaño
toda fotografiada, que si mira hacia atrás se vuelve película
Su rostro intacto y firme de trapecista húngara
contorsionista de Tlatilco en ese verano de poliomielitis aguda
frágil y poderosa reina despechada
las cámaras y los fotógrafos que van a morir te saludan
A los hombres de México les dieron una Malinche para odiar
y la señora Frida ha recuperado la nobleza del amor
para que la Malinche los perdone
Una vez el caracol del destino caminó en su vientre
ella fue el púlpito de los pericos
que contaban en su idioma verde las heridas de antaño
Escribía pintando y pintaba escribiendo
sobre las tripas revueltas del querer
y la ternura in pectore martirizada por el siglo veinte
Era la tlacuiloa que pintaba los códices del México presente y ausente
Pez y perro Xoloitzcuintle, penca de maguey, ajolote y dios de fuego
Magdalena Carmen Freda Frida Kahlo y Calderón,
si Adelita se fuera con otro
vagina con alma, fractura sin nostalgia en el ómnibus de Jehová
cara de virgen con quien practicó sus embarazos catastróficos
el Espíritu Santo
Ahora pueden pensar lo que les venga en gana
mira esa realidad en clave de sueño
los dioses que se embobaron con ella
han destruido el mundo cuatro veces
y lo han reiniciado con una semilla de pavo real
con un huevo de nopal, con un ovario de cuervo
que parió tus cejas
Este es el quinto sol que tenemos y que usamos me lleva la chingada
ahora pueden creer o seguir cultivando los olvidos
la niña Frida nació y murió como una muñeca acunada en espinas
que ella misma pintó.

Foto: Jorge Sarmiento


Un continuo de hermosas imagenes producidas por el sonido de su voz, cada frase del poema un impacto sentido por dentro, implosión de recuerdos.
Agradecimiento inmenso a todos.
maravilloso!..no,emocionante, o quizás no haya palabras para decir ,describir el sentir .
Frida kalo ,tan única,especial pero siempre Pasión y dolor….que hizo que mi corazón la ame .Gracias gracias gracias 🙏🌻✨️
Hermoso homenaje a Frida. Gracias.
Hermosisimo, gracias!
Muy bello poema, un gran homenaje a Fridha Kalo, ella lo merece, una gran artista, toda su vida fué apasionada. En realidad el poeta hace un retrato minucioso desde una poética de la intimidad, vital, descarnada, el poema es una via hacia la expresión espiritual y las palabras son un encanto
Extraordinario homenaje a un poeta de una extraordinaria calidad como creador y enraizado con la gente de la calle.
Hermoso madre, muy preciso en este momento de mi vida en el estudio de artes visuales y pintura, justo ayer hablábamos de Frida 💙