En este mes de septiembre celebraremos Navaratri, nueve grandes noches dedicadas a la Madre Divina en sus múltiples formas de energía, creación y protección. En el Ashram Caminantes del Atardecer, de la Escuela Valores Divinos en Costa Rica, nos reuniremos en un entorno donde la naturaleza se manifiesta como expresión viva de esa Fuerza Madre. La selva, los ríos, las playas y el mar cercano testifican que todo está animado por su presencia, y que a través de la música y del silencio podemos nutrirnos con sus resonancias. Es en este contexto que nos podemos dejar llevar por los sonidos del océano y la música de Paul Winter: un puente sonoro hacia la conciencia oceánica y hacia la Madre que todo lo es y todo lo envuelve.
El éxtasis oceánico en la psique humana
El agua es un medio privilegiado para la transmisión del sonido. Su densidad y cualidades vibracionales hacen que las ondas acústicas viajen con una velocidad mucho mayor a la que encontramos en el aire. Escuchar música o cantos de ballenas en este entorno nos invita a sumergirnos en otra dimensión de la conciencia, aquella que está inscrita en nuestras improntas más temprana, donde lo oceánico es la experiencia de lo infinito y lo materno.
Stanislav Grof, en sus estudios sobre las matrices perinatales, hablaba del éxtasis oceánico como una vivencia primordial que refleja la simbiosis entre madre e hijo en el útero. El feto, protegido por el líquido amniótico, habita un estado de unidad en el que sus necesidades son satisfechas sin esfuerzo alguno. Este ecosistema perfecto, que muchos asocian al “paraíso original”, puede vivirse también en proporciones cósmicas: nos sentimos uno con el mar, con el universo, con todo lo que nos rodea.
En muchas culturas ancestrales, los cetáceos han sido considerados seres sagrados. El Oráculo de Delfos en Grecia recuerda la figura de Apolo transformado en delfín para guiar a los hombres hacia la sabiduría. Los Dogon de Mali hablan de los Nommos, maestros del agua que vinieron del sistema de Sirio. En Oceanía, tribus de Hawai, Australia y Nueva Zelanda reconocen en los delfines poderes curativos capaces de elevar la energía de los seres humanos. Estas narraciones no son simples mitos: son símbolos de la relación profunda entre lo humano y lo oceánico, entre la conciencia terrestre y la cósmica.
Paul Winter y el llamado de las ballenas
En este contexto emerge la figura de Paul Winter, saxofonista y compositor estadounidense, pionero de la World Music y activista ecológico. Desde la década de 1970 ha integrado en sus obras los sonidos de la naturaleza y de animales, especialmente las ballenas, creando una experiencia musical que trasciende lo humano.
Su álbum Callings de 1980, es una de sus creaciones más emblemáticas en este sentido. Grabado en parte con los cantos de ballenas jorobadas, leones marinos, orcas y delfines, el saxofón de Winter se convierte en el puente entre el humano y el reino natural suboceánico. Winter no se limita a acompañar los sonidos de los cetáceos: establece una conversación en la que los silencios, los ecos y las resonancias marinas forman parte esencial de la composición.
Escuchar Callings es vivir un ritual sonoro en el que el océano mismo se vuelve protagonista. El álbum puede llevar a conectar con la memoria prenatal de flotar en el líquido amniótico, con la impronta profunda de escuchar el canto de la Madre a través del agua y con la necesidad de retribuir a quien tanto nos dio. Su música se convierte en un mensaje profundo de interconexión, de vida, de correspondencia y reciprocidad.
Música, ciencia y conciencia oceánica
La ciencia ha mostrado la complejidad de los sistemas de comunicación de los cetáceos. Delfines y orcas utilizan la ecolocalización para orientarse en el océano oscuro, emitiendo clics que viajan a través del agua y recogiendo la información de los ecos. Esta habilidad les otorga una percepción tan precisa que algunos científicos la comparan con una visión tridimensional. Para nosotros, escuchar sus cantos no solo despierta curiosidad, sino que puede activar resonancias arquetípicas en el inconsciente.
La música, como señala Carol Bush, despierta nuestra expresión fluida de los sentimientos y nos conecta con el potencial intuitivo. Cuando escuchamos los cantos de ballenas acompañados por la improvisación de Winter en temas como Blues´s Cathedral, la experiencia se asemeja a un retorno al útero cósmico: un espacio de protección, de unidad, de sentido y completud.
Un Navaratri junto al océano
La conexión con la conciencia oceánica a través de la música nos recuerda que somos parte de un todo interdependiente. Nos enseña que el mar no es solo un ecosistema físico, sino también un espejo de nuestro inconsciente. En un tiempo de crisis global, la música de Paul Winter y el canto de las ballenas nos reconectan con el llamado de la Madre para cuidar su creación y a sus hijos, reconociéndonos como lo que somos, siendo bondadosos con nosotros mismos.
Que esta próxima celebración de Navaratri, en medio de los latidos de la Madre Naturaleza, sea como entregarnos a los brazos de Sarasvati, y ahí, envueltos en su regazo, nos convirtamos en instrumentos capaces de entonar sus divinas melodías.
Fuentes consultadas:
Bush, C. (1995). Healing Imagery and Music: Pathways to the Inner Self. Portland, Oregon: Rudra Press.
Grof, S. (2009). El Juego Cósmico. Exploraciones en las Fronteras de la Conciencia Humana. Barcelona: Kairós.
Winter, P. (1980). “Callings. A Celebration of the Voices of the Sea”. https://open.spotify.com/intl-es/album/2gvOTIyyXN2wYX2jvbidmn?si=bFI1ZI_BSEWUbIltuEG_3Q


Qué hermosa conexión has hecho entre océanos, mares, agua , sus criaturas, nuestro sublime hogar acuoso y éste próximo Navaratri. La madre nos acogerá en su regazo , así como el mar a la tierra.
Gracias