Alfred Stevens, pintor belga, nació en Bruselas el 11 de mayo de 1823, en una familia inmersa en el arte. Su padre era coleccionista, su madre dirigía un café centro de reunión de artistas e intelectuales, su hermano mayor era pintor y el menor era crítico y marchante de arte.
En 1843 ingresa en la Escuela de Bellas Artes de París, es discípulo de Ingres y hace contacto con grandes artistas. Sus primeros trabajos abordan el tema de las clases bajas parisinas y en la Exposición Universal de París 1855 exhibe “Lo que se llama vagancia” (1854), impactando profundamente a Napoleón III.
Descubrió su mejor talento al retratar mujeres jóvenes, vestidas a la moda y en ambientes burgueses, lo que impulsó su carrera y el reconocimiento de la alta sociedad, convirtiéndose en un pintor permanentemente solicitado y “sin rival”.
En la Exposición de París 1867 ganó la medalla de primera clase y la Legión de Honor. Se desenvolvía fluidamente en la corte, entre aristócratas y en el medio arístico y bohemio. Introdujo a los artistas franceses en Bélgica e instituyó un taller-escuela solo para mujeres. Sus obras fueron compradas por el rey Leopoldo de Bélgica y por el Museo de Bruselas.
En su estilo academicista incorporó elementos impresionistas como la pincelada entrecortada y las franjas oscuras en fondos de color, así como el “japonismo”, de moda entre artistas. Entre sus obras más destacadas están: “El traje azul” (1866), “El Baño” (1867), “La psique” (1871), “La parisina japonesa” (1872) y “En el estudio” (1888).
Entre 1880-87, vive una crisis, se sumerge en el impresionismo y aborda otros temas como los paisajes y las marinas. En 1900 fue homenajeado con una retrospectiva en la Escuela de Bellas Artes.
Falleció el 29 de agosto de 1906 en París.

