Grigori Yefímovich Rasputín (o Raspútin en ruso), místico y cortesano ruso, nació en Pokróvskoye, Siberia occidental, el 21 de enero de 1869, quinto hijo de una familia campesina ortodoxa que lo bautizó al día de nacido. Era analfabeta, se casó en 1887, sobrevivieron tres hijos y en 1892 abandonó a la familia, refugiándose en el monasterio de Verjoturie.
Luego ingresó en una secta cristiana condenada por la Iglesia Ortodoxa, los khylstys o flagelantes, que marcó el resto de su vida. Afirmaban que la fé verdadera se alcanzaba a través del dolor y en sus reuniones celebraban frecuentemente fiestas y orgías. Retirándose, llevó una vida de ermitaño, conoció al iluminado Macario quien logró que dejara de beber y comer carne y se ganó la reputación de staret, autoproclamado hombre santo que predice el futuro y cura los enfermos.
Tal reputación lo acompañó a San Petersburgo, fue presentado a Nicolás II y su esposa Alejandra en 1905 y en 1908 fue llamado al palacio por una nueva crisis de Aléxei, único varón y heredero del Imperio, que era hemofílico. No se sabe cómo, pero Rasputín mejoró su situación y trajo calma al niño y a su madre. Desde entonces se instaló en la corte y ejerció enorme influencia especialmente en la zarina.
Era un “encantantador” de casi dos metros de altura, aspecto sobrio, cabello y barba largos y ojos claros penetrantes difíciles de evitar. Para los zares era un “hombre de Dios” al que consultaban todo, para parientes y funcionarios, un farsante sexualmente desbocado que arruinaría al régimen monárquico. Rasputín predijo que la Gran Guerra perjudicaría a Rusia y que el imperio caería por el pueblo seis meses después de su muerte. Ambas cosas se cumplieron.
Tras una conspiración, Rasputín fue asesinado el 30 de diciembre de 1916.
Fotografía: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/7/71/Rasputin_PA.jpg.

