Hoy en día se habla mucho de los diferentes tipos de educación; integral, formal, informal, secundaria, universitaria, también se usa la frase “universidad de la vida” para agrupar esos conocimientos que alcanzamos a través de la experiencia de la vida, sin la necesidad de haber acudido a un instituto o escuela.
Como seres humanos que somos, integrales, seres holísticos, pero, sobre todo, seres espirituales, con diversas experiencias mundanas, humanas, materiales y absolutamente divinas, al mismo tiempo.
Desde nuestros primeros años de edad comenzamos a desarrollarnos como grandes aprendices, primero de nuestro entorno más cercano, nuestra familia, padres, hermanos, primos, amigos; y luego de nuestro centro educativo, pre escolar, escolar, nuestro entorno social, cultural, etc, y así sucesivamente hasta lograr cumplir alguna que otra ambición o propósito profesional.
En términos generales, salvo algunas excepciones, nuestros sistemas educativos se centran en el desarrollo de habilidades para la formación laboral. Nos educan para ser funcionales y productivos al sistema. Ese es el foco. La vida moderna, consumista y capitalista nos exige y sobre exige, logros de todo tipo, sociales, materiales, profesionales, que dominan nuestra mente y determinan las acciones consecuentes. Esto nos lleva eventualmente caer en una gran trampa de competencias desmedidas que muchas veces nos alejan de quienes realmente somos.
Probablemente todos conocemos a alguien que, luego de un gran esfuerzo y dedicación, ha terminado una larga carrera y se da cuenta de que eso no es lo que realmente quiso. Esto se debe básicamente a que no nos hemos dedicado el tiempo suficiente para autoconocernos, y nos entregamos ciegamente a las normas impuestas por la cultura y costumbres de la sociedad en la que estamos inmersos, o a las expectativas que algunos de nuestros referentes tienen sobre nosotros.
Esto va en aumento y se han incrementado las enfermedades como la depresión y la ansiedad, ya que buscamos la felicidad en cosas externas y materiales, siendo esto lo opuesto.
Desde el comienzo de los tiempos existen escuelas de desarrollo de conciencia, o de desarrollo espiritual. Antiguamente en Babilonia, India, Egipto, Grecia, México, Perú, -por dar algunos ejemplos- existieron grandes civilizaciones que tenían como epicentro la enseñanza espiritual, la enseñanza esencial, incluyendo este aspecto dentro del entendimiento del desarrollo integral del ser humano y su conexión con la divinidad, el Ser, Dios, conciencia cósmica, o como se quiera llamar. Hoy en día aún se preserva ese conocimiento en varias órdenes espirituales tanto en oriente como occidente.
Este conocimiento espiritual es de suma importancia para el desarrollo humano. Somos intrínsecamente espirituales, instrumentos divinos, y es necesario aprender a Ser y Estar en estos predios de la manera más exacta, justa y perfecta. Esta enseñanza nos educa en la evolución y nos integra a lo que verdaderamente somos en nuestro intercambio. Si no amalgamamos nuestra experiencia vivida en esta tierra con el Ser que sabemos somos y existe, simplemente tendremos una fugaz y vacía experiencia que carece de sentido real, lo cual, como siempre, desembocará en alguna que otra disfunción o enfermedad, a razón de la propia desconexión.
La educación espiritual es esencial, porque nos enseña las leyes cósmicas y cómo aplicarlas, nos enseña a meditar, a entonar sonoridades, rituales movimientos y danzas. Nos enseña a purificarnos, a trascender y liberarnos. Pero por sobre todas las cosas nos enseña a amar, a amar y servir, servir en un propósito mayor.
La educación espiritual real no tiene nada que ver con el dogma o creencias religiosas, más bien tiene que ver con el Ser, con la conciencia, con ese evento cuántico que representa nuestra existencia.
Fuentes: https://www.demicasaalmundo.com


La vida es muy sabia y nos presenta a cada momento aquello que necesitamos para aprender. Tras mi experiencia como madre, decidí hacer un grado en educación y observé que una nueva visión era fundamental en los padres y actualmente lo único que puedo decir es que el cambio ha de ser individual, interno y desde el interior irradiarlo hacia afuera, aunque el camino sea duro y tedioso. Ejemplo, actitud y amor, son fundamentales en esta época donde los valores se han perdido. Gracias Joaquín.
Es hora que los gobiernos dentro su plan de estudio que tengan para población estuviera en sus pensum de estudios educación Espiritual que sería el inicio de los cambios para una nueva sociedad.
Tal vez uno de los pioneros en educación formal orientada hacia el despertar del Ser es Rudolf Steiner. El sistema educativo por el creado, aun activo y reconocido en varios pises, se basa en «El arte de enseñar a través de la belleza, de despertar aquello que ya late en el Hombre. Se pretende no educar sino despertar. Despertar primero a los maestros, para que luego ellos despierten a los niños y adolescentes».
Sería maravilloso que existieran más escuelas Waldorf (los que basan la educación en la filosofía de Rudolf Steiner) .
Incluso el estado debería contar con esta opción.