En el maremágnum de la era digital ¿Quién tiene tiempo para leer? Tomar un libro impreso entre las manos, con olor a nuevo o a polvo de estantería. Contemplar sus hojas prístinas, virginales, jamás leídas; el prefacio de un nuevo amor. Si, por el contrario, la edición presenta una tapa endurecida, con carácter, que muestra el nunca vano pasar de los años, será como sentarnos en el regazo de nuestra abuelita o escuchar a un viejo y sabio maestro. La magia de los libros es así.
Recordemos que nuestra querida humanidad se sostuvo en la tradición oral por milenios. Generalmente ante el fuego, de la cueva, a campo abierto o del hogar, grupos humanos se sentaban a escuchar a quien mejor narraba las historias de la tribu, la familia, el pueblo o el país. Proezas heroicas, profecías, la palabra de Dios, historias infantiles. El folklore siempre contó con el código del lenguaje hablado para preservar su memoria.
Cuando la palabra se escribió, nació el alfabeto. Al que precedió la escritura cuneiforme de Mesopotamia, los jeroglíficos del antiguo Egipto, los ideogramas de la civilización China. Pero antes de todos aquellos estuvo el Sánscrito, Madre de todas las lenguas indoeuropeas y Morada de los dioses. El código Sánscrito es el recipiente fonético de los Vedas, nombre que llevan la compilación de las leyes universales y divinas, dadas a la humanidad para la elevación de su conciencia. Por varios milenios se transmitieron oralmente bajo la tradición Maestro – discípulo.
La humanidad, impulsada por el anhelo de civilización, pretendió preservar la palabra escrita en diferentes soportes: piedra, piel de cordero, hojas de palma, papiros, rollos, por nombrar algunos. Preservados y resguardados en templos, abadías, monasterios y bibliotecas como la de Alejandría: la lectura era privilegio de pocos. No fue hasta mediados del siglo XV, cuando Gutenberg democratizó la lectura gracias a la invención de la imprenta de tipos móviles. El primer libro impreso: La Biblia.
La aurora del audiolibro está estrechamente vinculada a otro invento, el fonógrafo de Tomás Alva Edison. Que fue la primera forma que tuvo la civilización moderna para grabar en rollos de cera un código que pudiese ser reproducido como sonido. La canción infantil Mary had a Little Lamb, fue lo primero que se grabó y reprodujo en la voz del propio Edison.
Posteriormente, el gramófono sirvió como reproductor de la palabra hablada grabada en discos de vinilo. La mayoría de las grabaciones consistían en historias infantiles, relatos cortos y poemas; ya que el formato no permitía mayor tiempo de grabación. Esto ocurría en la segunda década del siglo XX.
En el período comprendido entre 1930 y 1950, los audiolibros fueron utilizados como una forma de proporcionar acceso a la literatura a la población invidente. Iniciativa impulsada por la gran cantidad de veteranos de guerra que perdieron la vista combatiendo en las dos guerras mundiales.
En 1952 dos mujeres recién graduadas, Barbara Cohen y Marianne Rooney, convencen a Dylan Thomas para grabarlo recitando su poesía. Sabían de la fuerza de los versos de Thomas y de lo cautivante de su voz y querían conservar el registro para la posteridad. El lado A del disco contenía una serie de poemas del autor y el lado B La navidad de un niño en Gales. Ese fue el nacimiento de Caedmon Records, responsable de llevar a formato audible muchos clásicos y literatura contemporánea.
Las décadas del 60 y 70 fueron dominadas por la cinta magnética, que permitió grabaciones de mayor duración y gestó al casete. Este, junto al walkman, permitiría la portabilidad de los audiolibros. En los vagones del metro se podía ver a algunas personas con auriculares, un pequeño porcentaje de ellas, escuchando tal vez una que otra pieza literaria.
Del disco compacto pasamos a la revolución del Mp3 y el poder descargar grandes cantidades de data directo a la computadora. Un avance tecnológico comparable al de la imprenta de Gutenberg. Revolucionando la forma en que accedíamos a los libros, que ahora no sólo eran audibles, sino digitales, intangibles, inmateriales.
El nuevo milenio nos trajo los podcasts. Empresas como Apple, Amazon Audible y Librivox, masificaron el acceso a los audiolibros, capitalizando un mercado digital floreciente. Hoy en día ya ni siquiera es necesario descargar el archivo de audio al disco duro. El Livestreaming permite escuchar a nuestros autores favoritos con sólo un par de clicks o a través de una aplicación en el celular.
Vivimos pegados a una pantalla, con ojos cansados. Poder cerrarlos y escuchar una voz educada, de dicción perfecta e intención dramática, relatarnos una exquisita historia escrita siglos atrás por algún escritor inspirado. Transportarnos así en el tiempo y sentirnos protagonistas. Experimentar la potencia de nuestra imaginación cuando nuestra mente no está parcialmente ocupada en descifrar códigos escritos. Ser capaces de informarnos e ilustrarnos mientras estamos atrapados en el tráfico o preparando la cena. Todas son ventajas que ofrece el Audiolibro.
FUENTES:
https://lapiedradesisifo.com/2019/07/16/breve-historia-de-los-audiolibros/
https://www.comfama.com/bibliotecas/libros/audiolibros/que-es-un-audiolibro/
https://www.revistadelibros.com/origen-y-evolucion-del-lenguaje/

