Los orígenes del cómic, como forma de expresión cultural, son bastante inciertos. La versión más aceptada lo sitúa en Inglaterra en el Siglo XVIII, cuando unos humoristas gráficos comenzaron a realizar caricaturas satíricas de sus gobernantes utilizando globos de diálogo en sus dibujos. El cómic desde sus orígenes ha sido empleado como un recurso dialéctico para confrontar, no solo las contradicciones sociales, sino las del alma humana.
La historieta, como género, es considerada por muchos autores como un noveno arte que ha llegado, incluso, a convertirse en un fenómeno de masas. Según el escritor italiano, Umberto Eco, este puede ser analizado, como cualquier otra expresión artística, aplicando ciertas ideas estéticas, ya que en algunos casos los gráficos han alcanzado un nivel equiparable al de una obra de arte.
“Como instrumento de propaganda ideológica
existen numerosos ejemplos en el cómic
norteamericano, además de otros tantos…”
En otro orden de ideas, el poeta y escritor venezolano, Ludovico Silva, diserta sobre cómo el cómic ha sido usado como instrumento de alienación social al trasmitir un «mensaje oculto» de supremacía velado en las historias de súper héroes. De este uso como instrumento de propaganda ideológica existen numerosos ejemplos en el cómic norteamericano, además de otros tantos en el soviético durante la llamada «guerra fría».
Un ejemplo actual del empleo del cómic como recurso de exploración psicológica de la condición humana lo encontramos en la novela gráfica Becky Riot del novel autor español Mariano Pardo. Esta propuesta literaria le valió el Premio Injuve a la Creación Joven 2018, del Instituto de la Juventud de España.
La novela ilustrada, al estilo comic, gira alrededor de las vicisitudes de la vida de un adolescente de nuestros tiempos que siente que su voz no es escuchada, ni en su casa ni en el instituto donde estudia. La protagonista, Becky, es una chica solitaria e insegura, carismática y perdedora al mismo tiempo, que vive el trauma de la separación de sus padres y es objeto de constante bullying en el instituto al que asiste, donde no logra sobresalir.
“La obra de Pardo recurre al humor
negro para abordar la idea del fracaso
y la soledad en la adolescencia…”
Un día el autor descubre en la web unos videos del colectivo feminista ruso de punk-rock, Pussy Riot, famoso por sus posturas de confrontación política y social del status quo. Betty decide crearse una nueva identidad, «Becky Riot», para rebelarse contra el sistema y desahogar así su frustración. En su nueva identidad, encapuchada como sus ídolos, Betty es provocadora, subversiva e insumisa.
La obra de Pardo recurre al humor negro para abordar la idea del fracaso y la soledad en la adolescencia. Explora el sentimiento de estar haciendo las cosas mal, de ser incapaz de hacer algo sin equivocarse. La inseguridad de intentar acercarse al otro al mismo tiempo que se teme no ser aceptado, así como otros complejos que suelen invadir a los jóvenes.
Pardo reconoce la influencia que han tenido en su trabajo diversos iconos del cómic contemporáneo, en especial el de los Simpson. «He acudido mucho a Los Simpson porque como cualquier persona de mi generación, crecí viendo la serie y la forma que tiene mi cerebro de componer imágenes es muy similar a los típicos planos que hay en Los Simpson».
Fuentes consultadas: Origen comic , Influencia del comic, RTVE

