Las películas de ciencia ficción siempre gozaron de una cualidad de irrealidad, a pesar de sostenerse sobre hechos reales o posibles, que fortalecen la veracidad del relato para el espectador. Sin embargo, en muchas ocasiones, los relatos futuristas y/o fantásticos se han convertido en predicciones.
En el caso de la película “Buena suerte, diviértete, no mueras” (Good luck, have fun, don`t die), nos enfrentamos a un posible futuro que ya está enraizado fuertemente en nuestro presente, pero al que esperamos, ojalá no con ingenuidad, no tengamos que llegar.
La historia nos ubica en un punto de nuestro tiempo presente, en donde un viajero del tiempo llega a un restaurante a reclutar al grupo de personas encargadas de detener el desarrollo de la Inteligencia Artificial que acabará con media humanidad y atrapará a la otra mitad. Esta premisa nos recuerda a “Terminator”, en donde el viaje en el tiempo se convierte en factor crucial para poder evitar un futuro comprometido para la humanidad, a manos de las máquinas.
Pero en este caso no se recluta a los más hábiles en combate, sino al ciudadano de a pie, que brilla más por su propio inconformismo con la decadencia ante la tecnología que ya puede detectar. Es así como el viajero del tiempo conforma el más variopinto grupo de “soldados” para lanzarse en la difícil tarea de detener el desarrollo de la IA. Cada uno representando el arquetipo de una humanidad doblegada por el peso del avance aplastante de la tecnología.
De forma capitular, como si de episodios de la serie “Black Mirror” se tratara, nos presentan a cada uno de estos personajes, quienes se han enfrentado a las distintas formas en las que la sociedad humana le ha cedido terreno a los nuevos condicionamientos asociados a la tecnología. Empezando por una adolescencia enajenada con las pantallas, los algoritmos y las tendencias; el consumismo llevado al límite de proyectarse hacia los proyectos de clonación humana, de los que poco se habla actualmente pero se murmura dentro de las teorías conspirativas.
En resumen, la deshumanización en todos sus sabores y colores.
La matemática no sólo funciona dentro de los sistemas operativos de la tecnología, sino que se presentan como las formas de ecuación en las que se construye el presente y el futuro posible. Esta noción se revela cuando el viajero en el tiempo comenta que se encuentra en su intento número 117 de esta misión, en la que ha combinado a las distintas personas de este restaurante, en busca de la ecuación que le permita alcanzar su meta. Fallando en todas ellas, sólo para regresar en el tiempo y retomar la misión, tomando mejores decisiones cada vez, como si de reencarnaciones se tratara.
La película tiene la capacidad de sumergirnos en el frenesí de dopamina que el scrolling puede generar, al llevarnos por escenarios de situaciones inverosímiles potenciadas por el escenario tecnológico, hasta el punto de sentir que la propia realidad podría estarse deformando por la influencia de una humanidad modificada en su propia programación interna, proyectando su capacidad creativa de forma negativa.
La película navega entre lo delirante y lo cómico, pero desde la ironía y el humor negro, actuando como anestesia para enfrentarnos a una prudente distancia de lo que se escapa de la pantalla y salpica nuestra propia realidad. Es allí donde sólo los espectadores más osados pueden entrar al denso terreno de la auto observación para llevarse de esta historia una advertencia y tomar acciones presentes que modifiquen un apocalíptico futuro posible.
Su director, Gore Verbinski (El Aro, Piratas del Caribe, La Cura del Bienestar), cansado de ser rechazado por los estudios al exponer propuestas de películas remake y secuelas, que es lo que el público mejor digiere hoy en día y genera más números, tomó esas negativas como el sincronismo para contar una historia original pero sobre todo necesaria para los tiempos que estamos viviendo. Ante la pregunta de qué opina de la IA, Gore comenta que esta no se va a presentar como una entidad amenazadora y asesina como los robots de las películas de antaño, será mucho peor pues nos consumirá alimentando nuestros deseos y esclavizándonos con ellos.
Protagonizada por Sam Rockwell, ganador del Oscar por “Three Billboards Outside Ebbing, Missouri”, “Good luck, have fun, don`t die” se estrenó en febrero de 2026 en Estados Unidos y estará llegando a las salas de cine de sudamérica en abril.
Fuentes:
https://es.wikipedia.org/wiki/Good_Luck,_Have_Fun,_Don%27t_Die
https://www.fotogramas.es/festival-de-berlin/a70350137/good-luck-have-fun-dont-die-pelicula-gore-verbinski-director-piratas-caribe-festival-berlin-berlinale-2026/

