Philip Calderón | SKY Ecuador
En Turquía, hace unos 1600 años, se construyó un templo que hospedó a la iglesia ortodoxa griega por unos 1100 años con un pequeño paréntesis de unos 50 años en donde luego fue reconvertida en iglesia católica. A mediados del siglo XV, tras la Conquista de Constantinopla por el Imperio Otomano, el templo –el más importante de la cristiandad- fue transformado en mezquita. Luego de 500 años se decidió que la edificación era un patrimonio de todos y fue declarado museo en 1935 durante la administración de Mustafá Kemal Ataturk.
Santa Sofia acogió a millones de personas en los últimos 85 años ya que su majestuosidad e historia quitaba el aliento a los turistas que la visitaron. La arquitectura, de la denominada Basílica de Santa Sofía de Constantinopla, ubicada en Estambul, fue diseñada (Artemio de Tralles e Isidoro de Mileto, en 532-537 d.C) de tal manera que uniera las tradiciones de oriente y occidente. Es decir; sus orígenes son absolutamente integracionistas, o de una visión inclusiva, para usar un término muy manoseado por la sociología contemporánea.
El pasado 10 de julio el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan –en rigor, el Consejo de Estado aprobó una resolución del Consejo de Ministros y el mandatario firmó- anunció que, a partir del 1 de agosto de 2020, sería transformada de nuevo en mezquita.
Existen tantos sentimientos encontrados por esta decisión que han generado cientos de análisis y críticas al rededor del planeta, sin embargo, personalmente la decisión me parece correcta.
¡Se la llevaron otra vez los practicantes de la fe Islámica!, ¿Será esto un asunto de política o es que esa maravillosa estructura no puede ser un museo? ¿Será que este edificio nació para ser templo y tenía que volver a serlo?

La decisión de cambiarle de estatus a ese edificio que siempre fue más templo que museo es una decisión que la considero acertada. No puede un templo de esas características ser profanado una y otra vez por los ávidos turistas que van por la foto o el estatus quo de la visita obligada turística.
Ayasofya como la conocen los turcos, es una obra maestra de la arquitectura mundial construida en el siglo VI por los bizantinos que coronaban allí a sus emperadores. Se levantó como la construcción más grande del planeta para juntar a miles y orar. Hay cosas que nacen de una manera y no deben cambiar nunca su fin
También ha sido el símbolo más importante de los Otomanos desde siempre por lo que si esta es una movida política del actual presidente para ganarse votos, la jugada puede que no sea el real motivo de la decisión, más bien veo un paso firme de la religión Islámica que retoma un templo y pisa firme en un país como Turquía donde la cultura occidental cada día está más presente.
Que nadie se confunda con la politiquería que está decisión puede tener, este templo revive desde agosto del 2020, se reviven los ritos, la oración y esperemos de ahí vuelvan a encenderse más y más creyentes consientes.


Me gustó el escrito del museo ahora nuevamente templo .
Bonito artículo y estoy de acuerdo. ?