Generalmente se considera que la enfermedad es producida por causas externas, y pocos tienen conciencia de que su origen se halla en la inactividad de la fuerza vital interna. Cuando los vehículos celulares o tisulares (tejidos de los organismos) de la energía vital se encuentran gravemente dañados, dicha energía se retira de la región afectada, dando lugar a la perturbación o enfermedad.
Dicha fuerza vital, el prana es la esencia, no solamente de las ciencias curativas de las civilizaciones antiguas más avanzadas, sino también del futuro. Esta esencia es la conexión entre el cuerpo y la mente y, por ende, es un factor fundamental.
Para sanar y hacernos íntegros en bienestar debemos equilibrar cuerpo, mente y espíritu. Necesitamos cuidar muy bien nuestro cuerpo. Necesitamos tener una actitud mental positiva hacia nosotros mismos y hacia la vida. Necesitamos además una fuerte conexión espiritual. Cuando están equilibradas estas tres cosas sentimos alegría de vivir. Ningún médico, ningún terapeuta nos puede dar esto si no nos decidimos a participar en nuestro proceso de curación.
La verdadera curación se lleva a cabo únicamente a través del conocimiento espiritual. La causa primordial de todos los demás males, físicos, materiales y mentales, yace en la ignorancia del hombre con respecto a su naturaleza real o del Alma.
El bienestar físico automáticamente sigue al bienestar espiritual. Somos responsables de un ciento por ciento de todas nuestras experiencias, somos nosotros los creadores de todo tipo de manifestación interna que nos desestabilice.
Por medio del ayuno, masajes, tratamientos osteopáticos, los ajustes quiroprácticos, las posturas de yoga, etcétera, podemos ayudar a suprimir o aliviar la congestión de nervios o vértebras, facilitando así el libre flujo de la mencionada energía.
Cuando se combinan las técnicas psicofisiológicas con el poder de la voluntad, la fe y la razón de manera que se logra controlar y dirigir la energía vital y se alcanza el estado supraconsciente, la curación es segura, en este estado es posible percibir de forma definida la circulación interior de la fuerza cósmica vibratoria.
En la cultura védica, por ejemplo, desde tiempos inmemoriales se desarrolló el arte de hacer vibrar ciertas notas en el aire, entonando sus cantos védicos de una forma específica; tales cantos estimulaban el despertar del silencioso poder curativo del Ser mismo y de la energía cósmica a fin de que obrasen rápidamente para disipar la enfermedad, el pesar o la pobreza.
La respiración consciente es otra herramienta poderosísima en la curación de enfermedades, que no son más que trabas que obstruyen el libre fluir de las dinámicas internas. La respiración consciente trabaja como un hilo conductor entre estas tres instancias de las que hemos hablado: cuerpo, mente y espíritu. En ese sentido, contribuye a desbloquear las trabas en el libre fluir de la energía vital, permitiendo un flujo y reflujo constante que solo es una metáfora energética de la respiración natural.
Es necesario y fundamental conocer nuestro cuerpo, nuestra mente y, en consecuencia, nuestro espíritu. Intuir dónde están los bloqueos y utilizar herramientas conscientemente para destrabar cualquier obstáculo en el camino del prana, para lograr una conexión más profunda que nos permita comprender que somos más que un cuerpo físico y una mente inquieta, somos ese espíritu que habita, e incluso somos más que eso en sí.
Fuente: Paramahamsa Yogananda. Afirmaciones científicas para la curación

