Siyyid Alí Muhammad (El Báb), profeta persa, nació el 20 de octubre de 1819 en Shiraz, Fars, al suroeste del actual Irán. Hijo de un comerciante que falleció siendo Alí pequeño, por lo que su tío materno lo crió. Asistió a una escuela maktab, pero sus inclinaciones hacia las matemáticas, la caligrafía, la espiritualidad y la creatividad diferían del plan de estudios oficial.
Trabajó en el comercio con su tío, y se dedicaba a estudiar textos religiosos y a repetir versos y oraciones. Descrito como un hombre honesto, pulcro, de impertubable serenidad, gentil, juvenil y magnético, fue reconocido como “poseedor de un conocimiento innato”. Discutió textos sagrados con eruditos y sirvió de inspiración para muchos. Fue cuando tomó el título de El Báb (la puerta). Desarrolló enseñanzas (Babismo) que se distanciaban del Islam y anunció la venida de un Mensajero de Dios más elevado que él mismo, que iniciaría una era de unión, paz e iluminación.
Al comienzo sus enseñanzas interpretaban el Corán y Hadith, en cómo “convertir la acción ritual en un viaje espiritual”. Posteriormente recorre una vía filosófica explicando la metafísica de la creación y del ser, para finalizar con el establecimiento de principios legislativos y de Revelación Progresiva.
En más de una veintena de escritos, elevó a la mujer a la altura del hombre, proscribió el maltrato y abogó por su educación. Señaló la necesidad de un sistema rápido de comunicación de noticias para toda la población, ordenó generosidad y caridad de los ricos hacia los pobres, pidió por la pureza del agua y prohibió la mercantilización de los cuatro elementos, resaltó la belleza y el refinamiento en el arte y las acciones.
Miles fueron sus seguidores y los poderes político y religioso lo persiguieron, hubo insurrecciones y masacres, y el 9 de julio de 1850 fue ejecutado. Bahá’u’lláh, el anunciado, continuó sus enseñanzas fundando el Bahaísmo.

