Que la súplica “I can´t breathe” (No puedo respirar) haya quedado fijada en el consciente y el inconsciente colectivo, a razón de una tragedia racial, como grito de reivindicaciones y confrontaciones, no termina de creerse. Crudo el hecho, así como las implicaciones desencadenadas por el suceso. George Floyd ya fue despedido masivamente y quedará el registro de los abominables tiempos vividos. Seguiremos respirando las secuelas.
La frase fue repetida una y otra vez con aliento agónico. Se interrumpió la voluntad de respiro. Cesó una vida tras una dudosa faena policial. Tras el estallido y su impacto social persiste una reverberante lucha que harán aun menos respirables los espacios comunes. Y es que cada vez ocurren con más frecuencia y repercusión mediática encuentros discriminatorios entre quienes hacemos masa humana en este sistema.
Específicamente este asesinato operó como un “respirador” (de esos mismos que socorren a los contagiados por la COVID19). Fue la válvula perfecta para darle más oxígeno a los virulentos conflictos raciales en tiempos de susceptibilidad extrema, caos en todos los órdenes y más evidencia de la escasez de valores.

Convivimos en medio de asfixiantes posturas, más que pandémicas, anomalías profundas que han minado para siempre al colectivo, infectándolo hasta la médula convivencial. Sufrimos de convulsiones espasmódicas de intolerancia, irrespeto y odio. Todo supeditado a las ya incurables patologías crónicas, resultante de aquello que nos dividió, clasificó, etiquetó, discriminó, fraccionó y finalmente quebrantó un orden para nada ajeno a la condición humana: amarnos.
Asimismo, la incompetencia humana generalizada de brindarse propósito claro de existencia y de habitabilidad en el devenir de las encarnaciones, nos ha distanciado de toda posibilidad de convivencia sana y posible.
No somos capaces de protegernos de nosotros mismos. Incluso, estableciendo más leyes y derechos, lo que sostenemos es un embrollo evolutivo-degenerativo que en nada garantiza ni soportabilidad y menos tolerancia.
No hay cuenta posible de cuántas veces se ha impelido a esta acción desde una naturaleza -más que normal o mecánica- consciente. Es decir, sabemos que no basta respirar, hay que hacerlo conscientemente, considerando que no se trata del mecanicismo que nos mantiene vivos, más bien respirar sumidos en la plenitud que depara y nos lleva a estar y ser en nosotros mismos. Activarnos para lo que significa vivir, existir, subsistir, sobrevivir y hasta morir. Y lo digo en contraparte, porque el alarido vital de la EVD, desde que vio luz hasta este día es: respira. Esa simpleza existencial. El grito de la escuela es respira. Siempre. No lo olviden jamás. Ni muertos.


Saludos desde Puebla México.
La respiración es vida y respirar es vivir. Pero la respiración conciente es saber vivir la vida, aprovecharla en su sentido mas verdadero. Infinitamente agradecido de respirar en la EVD, infinitamente agradecido a la Madre Shaktiananda, quien con toda la fuerza de la Luz nos recuerda constantemente cómo respirar ??
La manipulación de las masas asfixia al hombre mientras ella se oxigena de caos. Letras que explotan realidad. Gracias a esa impregnación de oxigeno lleno de fotones podemos continuar. ShaktiMa, Kriya Yoga, EVD, ?