Tal vez el primer intento de la mente humana, en su ansia de darle sentido a la propia existencia, en los comienzos de nuestro andar evolutivo, fue el reconocimiento de la existencia de fuerzas sobrenaturales regentes del mundo visible. El hombre primitivo comenzó a proyectar esta idea en las fuerzas de la naturaleza ante las cuales se sentía vulnerable, como lo son, por ejemplo, el rayo, el trueno, las tormentas, etcétera, al igual que ante aquellas que le fascinaban y las sentía necesarias como el sol, la luna, la lluvia.
En algún momento comenzó a venerar, a endiosar a seres animados como el oso, el león, el águila, viendo en ellos fuerzas poderosas que enfrentaban a la naturaleza. Con esto intentaban hacerse uno con ellas y de esa manera ejercer un control, dominar el mundo que les rodeaba. Así surgieron los primeros grupos sociales o clanes como el del oso, del tigre, del jaguar, del águila, y otros.
A medida que fue adquiriendo mayor control sobre las fuerzas del mundo natural, volcó la mirada hacia sus propios logros y comenzó a imaginar al dios a su imagen y semejanza, revistiéndolo de sus propios elementos culturales, humanizándolos y dotándolos de sus propias virtudes, alegrías y miserias.
Así nos encontramos con dioses paternales, sabios, jocosos, empáticos, protectores, iracundos, lujuriosos, guerreros, tiránicos, entre otros, proyecciones de la mente humana presentes en todos los mitos y leyendas de la antigüedad, tanto en oriente como en occidente, donde el dios antropomórfico se hizo presente.
La idea de un dios único, el monoteísmo, surgió en la mente de Akenathon el faraón del antiguo Egipto que hace unos 2500 años, quien la impuso, optando por representarlo con una imagen universalmente reconocida, despojada de todo animismo natural o antropomorfismo, el Sol.
Esta idea del dios único, sin forma, fue llevada un paso más adelante por Abraham, el primer profeta semita, quien renunció a todo tipo de representación visual del dios. Sin embargo, tanto Akenathon como Abraham no dejaron de impregnarlo de características psicológicas humanas como la de un padre dador de bondades o alguien a quien temer.
El paso definitivo a la idea del Dios sin forma, a la más pura abstracción conceptual, se dio en la cultura védica de la antigua India. Pareciera paradójico, aunque no lo es, que en una civilización donde existen más de 58 millones de dioses, donde desde una piedra, una montaña, un árbol, un mono, un elefante, además de infinidad de dioses antropomórficos, en ese ambiente politeísta surgiera la concepción de Dios como conciencia pura.
El vedanta, fonema que significa literalmente el final de los vedas, los textos sagrados del Hinduismo, es una filosofía no dualista que declara que “la liberación no puede ser alcanzada mediante rituales, acciones u obras de caridad”. Su meta “es el conocimiento de Brahmán (la Existencia Absoluta) que está más allá de la ilusión (Maya) del mundo y de la propia mente.
La realidad última está más allá de los límites del intelecto y del mundo manifestado”, la cual es posible ser realizada a través de los métodos prácticos del yoga.
La idea central es que, “en esencia, nosotros y el Ser Supremo somos uno”, de ahí que nuestra verdadera naturaleza es El Ser o Conciencia Absoluta, la Esencia Eterna que reside en cada uno de nosotros, la cual solo es posible alcanzarla superando la ilusión sensorial de individualidad, la creencia del “yo” y “lo mío”. Solo así podremos reconocer el Ser dentro de nosotros y en todos los seres.
El vedanta nos enseña la unidad de la vida y la unidad de la conciencia.
Referencias
-Evolutionary explanation of religions. https://riojournal.com/article/66132/
-Vedanta. El antiguo conocimiento de la humanidad
– https://www.sivananda.eu/es/meditacion/vedanta.html#:~:text=La%20meta%20del%20Vedanta%20es,intelecto%20y%20del%20mundo%20manifestado.
– https://revistagaleradas.com/hesiodo-el-creador-de-dioses/


Gracias, me encantó
Me encanto la verdad que si
Me encanto