Respiro sin ausentarme de mi dolor,
pero, asimismo, ejerzo presencia con mi amor.
Madre Shaktiananda
Cuando a mi mamá le diagnosticaron una enfermedad en estado avanzado, los médicos se preguntaban cómo había hecho para no sentir dolor desde mucho antes. Este llegó como una ráfaga y no se volvió a ir hasta que murió. En ella se sintetizaron los dos polos del dolor: un umbral alto, que le hizo desatender durante mucho tiempo – no sabemos cuánto- los llamados sutiles que le hacía su cuerpo, y una presencia crónica que transformó su vida en la búsqueda del tratamiento, del medicamento y de la postura precisa para minimizarlo.
Acompañarla en este proceso me ayudó a comprender una dimensión física del dolor: la de aquel que invade el cuerpo y va tomando posesión de sus rincones, expulsando a quien lo padece del control de su vida. Y a su vez, me ayudó a preguntarme por la dimensión espiritual que alberga atravesar ese dolor físico, vivirlo intensa e inevitablemente: ¿qué nos quiere decir?, ¿podemos trascenderlo?, ¿luchamos contra él o lo aceptamos?
Observé que, aunque sea físico o emocional, hay en él algo que incita a la transmutación, a una especie de viaje iniciático que nos lleva de un lugar a otro: de la vida a la muerte, de los hábitos errados a una relación más amorosa con uno mismo, de la ignorancia a la Conciencia.
La Madre Shaktiananda a través de sus meditaciones nos ha entregado profundas enseñanzas sobre el dolor: a aceptarlo como parte de nuestra humanidad, a ubicarnos en un lugar de nuestro Ser donde no existe, y a no temerle cuando llegue.
Un primer paso es la aceptación del dolor. El filósofo e historiador rumano, Mircea Eliade lo llama “el dolor universal”: “La experiencia humana, de cualquier índole que fuere, engendra sufrimiento. ‘El cuerpo es dolor porque es el lugar del dolor; los sentidos, los objetos, las percepciones, son sufrimiento, porque conducen al sufrimiento, porque el sufrimiento le sucede’ (Aniruddha)” (1).
Esta aceptación del dolor puede tornarse para muchos en una manera de vivir inconsciente y sin salida: el cuerpo y las emociones se acoplan en una danza en la que se envían mutuas señales y la percepción del dolor puede asumirse como resignación, como queja y como desesperanza. Si nos quedamos en esa dimensión humana del dolor, corremos el riesgo de encerrarnos en nuestra cárcel mente- cuerpo: vivirlo en ausencia del reconocimiento de que somos mucho más que eso.
Paramahansa Yogananda en El Romance Divino nos dice: “Si aprendes a vivir en tu cuerpo sin pensar que ese cuerpo eres tú mismo, no sufrirás tanto. El dolor es sólo mental”.
Es ese el segundo paso que permite a muchos iniciar ese viaje al reconocimiento del Ser y ubicar ese espacio interno donde no existe la percepción del dolor. Eliade nos dice: “En efecto, si bien la condición humana está eternamente ligada al dolor (…) cada individuo que participa de esa condición puede trascenderla, ya que cada cual puede anular las fuerzas kármicas que la gobiernan” (p.22).
Es difícil aceptar esta idea cuando el dolor físico o emocional atraviesan implacablemente el cuerpo; no obstante, trascenderlo no se refiere a dejar de sentirlo sino al lugar desde el cual decidimos experimentarlo. El silencio interno, la respiración consciente y la meditación nos dan soporte en ese proceso.
Por último, los seres humanos solemos albergar temores frente a lo que no controlamos: a la muerte, al abandono y, claro está, al dolor. Y vivimos en una sociedad que ofrece anestesiarnos de muchas maneras. Aprender a no temerle a nuestro mal físico, mental o emocional se constituye en una postura radical en estos tiempos. Supone un encuentro interno impulsado por el amor y por el reconocimiento de nuestra presencia.
Eso no significa no buscar alternativas, sino más bien que estas se tomen desde una actitud de consciencia y confianza hacia nosotros mismos, sin resistencias, albergando la certeza de que en ese lugar interno hay ausencia de dolor.
FUENTES CONSULTADAS: Eliade, Mircea. Pantanjali y el yoga. ED. Paidós. 1978.


Que bueno este mensaje,aprender a controlar nuestro cuerpo y emociones,a veces resulta tedioso,en mi caso me hago muchas preguntas,?con respecto a esa molestia física, y trato de llevarla y controlar, no siempre se logra, intento descubrir el porque de ello.llevo años manejando situaciones físicas y a su vez emocionales y todo se relacionay hay un porqué..muchas gracias
Gracias por este artículo, expresa perfectamente lo que he estado experimentando. He ido trabajando la aceptación de lo que me produce dolor (físico o emocional) como primer paso para transformar conscientemente lo que esta atorado en la memoria celular. Pero hay un punto en el que el conscientizar el hecho de que el dolor no duele es lo que realmente me libera de él.
Es verdaderamente interesante y misterioso
Me gustaría recibir vuestras enseñanzas para complementar mis investigaciones y estudios espirituales