“El Efecto Mariposa, sincronicidad: Jung y la teoría de las casualidades significativas”, así funciona el juego de la vida, una obra del español Joaquín de Saint-Aymour, donde dejar ver su experiencia personal con una poderosa psico-técnica junguiana mantenida en secreto por los miembros del Círculo Hermético, la comunidad iniciática que fundó Carl G. Jung para preservar y divulgar su legado. El autor es especialista en Semiótica y también cursó estudios de Teología.
EL INCONSCIENTE COMO HIPERESPACIO
Pero es que, además, los elementos de los juegos de rol son muy parecidos al simbolismo que analizó Jung para desarrollar su teoría sobre la Sincronicidad o las Casualidades Significativas. Los naipes y las figuras alegóricas (héroes y villanos, monstruos, magos, princesas, tesoros y objetos mágicos) son comparables a los arcanos mayores del Tarot y a los Arquetipos que explican las distintas fases de personalidad por las que pasa el ser humano a lo largo de su vida, según la vieja ciencia sumeria de los horóscopos y los doce símbolos astrales. Añádase a esto el referido dado, que aporta la incertidumbre del azar, alegoría de la buena y de la mala suerte, de la Providencia y del Destino.
En última instancia, eso que llamamos realidad no es sino realidad virtual; así lo afirma tanto la física cuántica como también las más ancestrales filosofías orientales, como el budismo. Lo material, la vida cotidia – na, es el resultado de la suma de conciencias de todos los jugadores implicados, de todos los roles que participan en el mismo Juego de la Vida. Incluso es algo más que eso. Para Jung, la realidad es también la suma de todas las conciencias de todas las personas que han vivido sobre la Tierra desde el principio de los tiempos, algo así como una inteligencia virtual que permanece latente y no se pierde; un limbo que podríamos comparar con Internet y el hiperespacio.
INFORMÁTICA Y MEDITACIÓN TRASCENDENTAL
Ese limbo fue calificado por Jung como Inconsciente Colectivo, y durante toda su vida intentó métodos diversos para entablar relación con él y servirse de su inmensa potencia, como un demiurgo ancestral en busca de su poder sobrenatural o un cabalista en pos de la palabra mágica: «La exploración del inconsciente ha descubierto el antiquísimo y eterno camino de la iniciación. Ahora no se trata simplemente de mi credo, sino de la experiencia más importante e incisiva de toda mi vida». Primero lo intentó a través del análisis de los sueños y los complejos, luego con los oráculos, e incluso con los mandalas orientales y su incógnita técnica de la Imaginación Activa, basada en los estados de trance que se logran con sofisticadas técnicas de meditación trascendental oriental u occidental, tales como el zen y el hesicasmo.
Igual que hoy los cibernéticos (los magos de nuestro tiempo) usan el computador como nuevo mandala informático para obtener predicciones de futuro. Esto mismo lo resumen Andoni Alonso e Iñaki Arzoz en una curiosa frase incluida en su libro La nueva ciudad de Dios.
«El método imaginal de la visualización creativa para acceder al otro mundo a través de los mandalas se convierte, por obra y gracia del ordenador mandálicocuántico, en la tecnología para crear ese mundo paralelo y celestial». La sorprendente hipótesis de Jung se basaba en la meditación para lograr estados alterados de conciencia que podían ser similares a la randomización que efectúan los ordenadores. Hay que añadir que la informática no era una ciencia desconocida en tiempos de Jung. De hecho, durante la segunda guerra mundial los ingleses, con la ayuda del matemático Allan Turing, utilizaron los primeros y rudimentarios calculadores algebraicos para descifrar los códigos encriptados de la misteriosa máquina cifradora Enigma que utilizaban los nazis para sus comunicaciones de guerra.
Aquellas máquinas darían pronto origen a Colossus, el primer computador, creado en 1943. Dos años después, J. Presper Eckert y John W. Mauchly construyen el ENIAC (Electronic Numerator Integrator Analytic Computer), considerado el primer computador digital, electrónico y programable. Además, el término bit fue utilizado por primera vez en 1946 por John Turkey para designar la unidad binaria de información. Pero es cierto que la palabra informática no sería usada por Philippe Dreyfus hasta 1962, un año después de fallecer Jung. Sólo al final de su vida descubrió Carl Jung cómo llevar a cabo su metamorfosis mágica, y lo haría recurriendo a los postulados simbólicos de la alquimia, uniendo una vez más la antigua ciencia con la moderna técnica. Para Jung, si la alquimia persigue la transmutación del plomo en oro y la transformación de la materia por medio de las operaciones precisas, la transformación de la realidad personal debe realizarse por medio de la transmutación de la conciencia, transformando el plomo de los complejos y los impedimentos en el oro de las potencialidades y los poderes de la Piedra Filosofal. Auténtica magia moderna en acción.
Jung había encontrado por fin el poder transformador del futuro y ahora tenía que protegerlo de las malas intenciones. Para custodiar dicho poder, el secreto gnóstico más grande de todos, la capacidad de modificar el Destino personal y colectivo, contenido en un diario de anotaciones jamás publicado ni difundido, Carl Jung creó una hermandad de personas especialmente preparadas que fuesen filtrando tan alto conocimiento de manera convenientemente obtusa y dosificada; transmitidas oralmente, igual que las enseñanzas iniciáticas de los mitos helenísticos, para que sólo quienes lo merecieran pudiesen descifrarlo. Esa hermandad fue bautizada como Los Elegidos.
INFIERNO Y SUBCONSCIENTE
Jung hablaba en clave sobre sus provocadoras teorías para la transformación humana, siendo deliberadamente obtuso. «Lo peor que le puede ocurrir a cualquiera es que se le comprenda por completo». Todo era para él muy alegórico y simbólico: la indagación o descenso al subconsciente era comparado por él como el descenso de Dante a los infiernos, o los buscadores de la Sabiduría a la remota en las míticas Agartha o Sambalah de las profundidades, pues «un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las ha superado nunca».
Y esa muerte simbólica es la misma que según Jung ha de experimentar la persona antes de convertirse en un Héroe arquetípico. La misma muerte que Jesucristo: «En la iniciación se pide al novicio que abandone toda ambición intencionada y todo deseo y se someta a la prueba, tiene que estar dispuesto a sufrir esa prueba sin esperanza de triunfo, de hecho tiene que estar dispuesto a morir, y aunque la señal representativa de esa prueba puede ser moderada o muy dolorosa, la intención es siempre la misma: crear la sensación simbólica de la muerte, de la que surgirá la sensación simbólica del renacimiento».
En estos principios se basaría posteriormente Carl Jung para definir al ser humano esquizotomizado, incapaz de asumir su responsabilidad ante la sociedad, inmaduro e inoperante para gobernarse él y a sus semejantes: «Los grandes problemas de la humanidad nunca se han resuelto por medio de leyes generales, sino a través de una regeneración de las actitudes de los individuos». Hay que señalar que Jung considera que la personalidad se dirige hacia una meta casi determinista, y va cambiando a través de la vida para alcanzar ese objetivo prefijado. La Teoría de la Individuación junguiana busca integrar al ser humano esquizotomizado (dividido) por la Sombra, para así hacerle alcanzar una nueva síntesis de vida que responda «a lo que ha venido a realizar en este mundo».
Referencias:


me ha encantado, quiero saber mas sobre esto. gracias
muy agradecido por la lectura, ONS!