La candidez de la infancia y las emociones de los niños configuran una parte de la atmósfera navideña. El Expreso Polar es una adaptación tecnológica de la literatura tradicional llevada a la pantalla grande. Y la verdad es que no hay mucha diferencia en el encantamiento que logra entre los adultos y los más pequeños. Queremos destacar como publicación de la semana este clásico del escritor estadounidense Chris Van Allsburg. Un entrañable cuento de navidad con las características de los escritores de los años ochenta. Como si un anciano relatara un recuerdo de su infancia, la película nos cuenta, en primera persona, las aventuras de un niño de 8 años de edad que aborda un tren fantástico en la noche del 24 de diciembre, en Nochebuena. Este tren lo llevará, en compañía de muchos otros chicos, al Polo Norte, justamente cuando comienza a perder la esperanza de continuar creyendo en la existencia del espíritu que conlleva celebrar la Navidad.
Narrado por el protagonista con una ternura e inocencia intactas en la adultez, a muchos nos recuerda aquellas cosas en las que dejamos de creer, las fantasías que abandonamos o aquella magia que antes protagonizábamos y ahora evocamos de lejos. Un relato que propone una reflexión desde el imaginario. Es el tipo de literatura que Peter Handke denominaría “la literatura que hace al hombre cambiar”, porque sin renunciar al mundo y a la vida de los hombres (la Navidad, un viaje en tren), cuestiona lo convencional, lo posible, y se pone en el límite entre el sueño y la realidad. Es una literatura que hace al lector pensar, un libro escrito con la cabeza y con el corazón, lleno de intensidad. Este libreto puede ser como muchos que en materia de comunicación demanda atención en sus dos niveles de significado. Uno, el superficial cuento de navidad con el símbolo de “Papa Noel” y, más allá, el mensaje de la fe. Confiar y subirse al tren que lleva a un lugar inmaterial desconocido.
Es una fábula de buenos sentimientos en un punto de giro en la historia de las máquinas del cine. Es preciso advertir el argumento central de la narrativa del protagonista: ¿existe o no Santa Claus? Y pierde sentido desde el momento en que un tren se detiene enfrente de su casa. Pero no podría decirse que deje de ser una experiencia notable. El título original es The Polar Express, estrenada en el año 2004, su director fue Robert Zemeckis el mismo que digirió ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, La muerte le sienta bien y Forrest Gump. La actuación principal de El Expreso Polar estuvo a cargo de Tom Hanks, Leslie Zemeckis, Eddie Deezen y Nona Gaye. La sofisticada técnica de animación que emplearon se llama “captura de movimiento”: una especie de escáner para las tres dimensiones que graba los gestos de los actores. Este recurso fue el principal elemento del que se valió el cineasta Zemeckis para narrar la aventura del niño que estaba a punto de perder la fe en la Navidad.
El espectáculo de cada escena es figurado por computadora, y es un recurso que atrapa a los niños. Sin embargo, recibió críticas de todo orden. Algunos la calificaron como una película excelente, pero con personajes extraños, aclamando la historia y la actuación; otros criticaron el diseño de los personajes y sus movimientos. Expreso Polar es el segundo libro de Chris Van Allsburg llevado al cine desde Jumanji en 1995. Finalizamos comentando que estuvo nominada a tres premios Óscar pero no recibió ninguno. Las categorías de Óscar a la mejor canción original por el tema musical «Believe», Óscar al mejor sonido y Óscar a la mejor edición de sonido.
Enlace de la película:
Fuente consultada https://www.ablij.com/articulos/el-expreso-polar https://www.semana.com/el-expreso-polar/69645-3/

