El sentido de la vida es un terreno de grandes y complejas definiciones, y además, ocupa mucho espacio en nuestra mente. Cuando nos preguntamos sobre su percepción, no hay manera de negar que hemos cambiado el objetivo de Ser por el de Tener. Así empezamos a desconocernos. La vorágine cotidiana nos ha llevado a una carrera sin tregua por la supervivencia, pero desde la premisa del tener, más que del ser. Todo esto se ha fundamentado en una cultura de consumo que nos vende una plenitud material que coarta la espiritual en su proceso de crecimiento interior.
La mayoría de la gente se encuentra absorta en las cosas materiales, tanto que la relación más íntima con el Dios o el Ser se ha volcado hacia un clamor por tener el dinero suficiente, por el confort requerido en estos tiempos o, en última instancia, por la indispensable salud, como si eso se podría procurar a partir de algo externo que nos salva. Raramente se pide por un don supremo, por la contemplación del divino rostro, o por la transformación interna.
La vida espiritual no depende de la riqueza ni de la pobreza. La vida espiritual es trascendental. En la escritura sagrada Bhagavad Gita, por ejemplo, Arjuna, que era miembro de una familia real, era también un devoto puro de Dios que en esta epopeya escucha al Señor Krishna decir: “Esta ciencia suprema fue recibida a través de la cadena de sucesión discipular, y los reyes y santos así lo entendieron”.
En el pasado, todos los reyes que eran santos, entendían la ciencia espiritual. Cualquiera que fuese la condición material de una persona, ya sea un rey o una persona con pocos recursos económicos, era una condición que no impedía el entendimiento de una vida espiritual. Vida que conlleva, en principio, saber que no somos este cuerpo y que nuestra identificación debe ser guiada hacia la conciencia original de lo que somos. Este es el verdadero comienzo de la vida espiritual. Toda tradición espiritual profunda se dispone para este propósito: revivir nuestra conciencia original.
En el Bhagavatam se dice que la meta suprema en la vida es liberarse, lo que no implica necesariamente el desarrollarse económicamente. Deberíamos ganar dinero de forma honesta y no para la gratificación de los sentidos, sino para las necesidades básicas de la vida, para cumplir con las solicitudes del cuerpo, no para crear necesidades artificiales.
El propósito supremo es alcanzar la liberación, no tener un nuevo modelo de carro cada año u obtener ganancia material, o mantenerse ocupado cuidando excesivamente el cuerpo o la figura. Es hora de darle un lugar al alma que está adentro. En nuestra sociedad, con tantas distracciones, obviamente nos mantenemos desconectados del ser verdadero, sin dar crédito al autoconocimiento, a nuestro interior como seres divinos.
Entregamos nuestro tiempo en horas laborales sin ningún propósito trascendente, más que aquel que conduce a acumular riquezas materiales. Nuestro tiempo debe estar enfocado, en su mayoría, al conocernos a nosotros mismos, procurándonos adecuadamente el sustento, aspecto que se contempla en los cuatro principios de la vida o Purushartas y se conoce como Artha, que es el logro de los recursos materiales. El propósito principal de estos Purusharthas es hacer que el hombre se percate de que su deber principal es proyectarse en su divinidad.
El maestro Paramahansa Yogananda, solía decir a sus discípulos: “No importa en qué sentido se haga girar una brújula, su aguja siempre se dirige hacia el Norte, así sucede también con un verdadero Yogui, aun cuando se encuentre sumergido en múltiples actividades exteriores su mente está siempre en el Señor y su corazón canta constantemente: Mi Dios, mi Dios, el más adorable entre todos”.
El Ser conoce el curso de todos nuestros pensamientos y Él no se nos va a revelar mientras no le hayamos entregado nuestro último deseo terrenal.
Fuentes consultadas
- Máximas de Paramahansa Yogananda. Self Realization Fellowship, 2001. Primera edición en español.
- Los secretos de un Yogui. Centro Hare Krishna. Quito – Ecuador. Editorial de los Vaisnava Acaryas.


Hermosa publicación, cuando leo estás enseñanzas tan verdaderas y necesarias me surge el deseo de compartirlas con mis seres queridos. Gracias muy inspirador