La pandemia llegó con el “un, dos, tres, ¡escondite inglés!” y, como cuando se jugaba de niños todos quedamos petrificados, inmovilizados en la posición en la que nos encontrábamos. Algunos quedaban forzados al sostener una posición medianamente cómoda, donde se podía sostener un equilibrio por un largo tiempo, otros quizás tenían que mantener una posición en equilibrio en una pierna, sabiendo que si te caes pierdes. Nos instalamos en nuestra casa, en la casa de nuestros padres, o nos juntamos con amigos, para pasar lo que en principio creímos era quizás un par de semanas. Nunca consideramos siquiera, que tan preparados podíamos estar para pasar meses, días completos, 24 h al lado de la persona que elegimos como compañía. Pero lo que nunca imaginamos es que podíamos pasar la cuarentena solos, con nosotros mismos.
“Para aquel que ha conquistado la mente,
la mente es la mejor de las amigas,
pero, para aquel que no lo haya logrado,
su misma mente será la mayor de sus enemigos.”
Incontables son los casos de padres que han tenido que ocuparse de entretener y educar hijos pequeños durante meses, además de tener que cumplir con los deberes laborales a través del llamado smart working. Recordarle a los niños que esta no es la normalidad de vida, pero que a su vez deben adherirse a las nuevas reglas por un tiempo indefinido, se ha convertido en un riesgo de crecimiento asocial, ya que todo transita bajo la dependencia de aparatos tecnológicos.
Los nuevos padres no son los únicos en encontrar dificultades durante la cuarentena, son acompañados en su desasosiego por las familias que se reunieron en estas circunstancias, los hijos ya mayores que decidieron aprovechar la situación actual para pasar unas semanas con los propios padres para reconectar, y que se encontraron, con el pasar del tiempo, en una particular condición, frecuentemente caracterizada por una suerte de inesperada y inconveniente regresión a la adolescencia. Fue así que, semana tras semana, y mes tras mes, el mundo entero tuvo que buscar la forma de convivir con sus compañeros de pandemia.
“Ekaanth, o aislamiento es una oportunidad
para sondear en las profundidades de uno
mismo y observar el funcionamiento
de los propios pensamientos”
Las circunstancias de vida, y los grados de desesperación, varían además que por la compañía, por las dimensiones de la propia casa, la presencia de jardines, de mascotas etc. Pero un caso particularmente sufrido, lo vivieron quienes vivieron el cierre, por elección o circunstancia, de manera solitaria. Las redes y los medios de comunicación cumplieron la función de leal trámite hacia una forma de socialización, que, si bien no sacia el hambre de comunicación, ayudó inmensamente a la enorme cantidad de personas que, sin ella, no hubiesen tenido escape de sí mismos, además que a través de formas de distracción como ver series o películas y leer libros. Porque ahí está el problema fundamental de estar solos consigo mismos: escucharse pensar. Como explicado por Krishna en el Bhagavad Gita, “la mente es la amiga de los sabios, y la enemiga de los ignorantes” y “para aquel que ha conquistado la mente, la mente es la mejor de las amigas, pero, para aquel que no lo haya logrado, su misma mente será la mayor de sus enemigos.”
“Es comúnmente reconocido que, en
efecto, la soledad se puede sentir también
mientras se está rodeados por personas”
Según los Vedas, el Ekaanth, o aislamiento es una oportunidad para sondear en las profundidades de uno mismo y observar el funcionamiento de los pensamientos, de las acciones, sin ninguna influencia externa con el fin de elevar la propia consciencia. Es una manera de analizar de forma imperturbada la estabilidad de nuestra mente. Una mente inestable es definida por los Vedas como una mente que siente soledad, ansiedad por la aceptación social y de seres queridos, necesidad de reconocimiento por la autoridad entre muchos otras.
Es reconocido que la soledad se puede sentir mientras se está rodeado de personas, ya que es una percepción interna, quien se siente solo, se siente así por un problema consigo mismo, y todo lo que se siente emerge cuando se silencia el ruido externo y se para el movimiento. Características que se han manifestado desde el 2020.
En conclusión, se esté con quien se esté, cada circunstancia puede ser una hermosa ocasión para reconectar y sanar relaciones.
Referencias: https://www.theguardian.com/society/2020/jun/02/social-distancing-quarantine-only-children-impact https://www.thecut.com/2020/11/covid-19-pandemic-kids-mental-health.html https://www.nytimes.com/2020/05/12/well/family/young-adults-parents-quarantine-virus.html Bhagavad Gita


Que es estar solo? Existe realmente esa condición dentro de un universo donde no hay vacío? Será que estamos tan desconectados que ni siquiera nos damos cuenta de que la separatividad es una ilusión más? Estár con uno es el Todo? Todo está en uno? Somos el Todo? Que es el Todo?
Gracias Daniela por inspirarme con esta reflexión que de vez en cuando me surge y me permite sondear más profundamente.
Muy bien redactado,, claro, por lo mismo muy entendible, y muy profundo contenido, a la vez es sencillo, Felicidades a Daniela y que siga ilustrándonos con sus
escritos…