A lo largo de nuestra vida compartimos con muchas personas en el marco de un relacionamiento asociado a nuestros roles y dinámicas bien sea familiares, académicas, laborales y sociales. Con una parte de éstas construimos vínculos de diferente tipo, algunos planos y simples, otros significativos y unos pocos entrañables.
Se tiende a pensar que esos vínculos se construyen por la inercia de la vida en tanto – por ejemplo -con la familia se da por hecho y con otros como compañeros de trabajo, vecinos y estudio, se deriva del entorno cotidiano en cuanto la permanencia de nuestra presencia nos coloca en una dinámica que configura contextos relacionales de hecho.
En alguna medida podemos atribuir cierta inercia determinante de las relaciones o conexiones entre nosotros y otros; pero la esencia de éstas y como nos percibimos, así lo que nos motiva a compartir y permanecer con esos vínculos lo define la forma en la que nos sentimos cuando estamos junto a estas personas.
¿Qué será eso que logra una especialidad en el otro respecto a nosotros?
Una cita a Quentin Tarantino puede mostrarnos una perspectiva para responder esta pregunta con la frase “Ahí es cuando sabes que has encontrado a alguien realmente especial. Cuando puedes callarte la boca por un minuto y compartir cómodamente el silencio”.Suena a paradoja, pero es exactamente una perspectiva sensata respecto a lo que de valor puede brindar una relación.
Para compartir hay infinitas formas de intercambio, pero pocas veces o nunca, consideramos el silencio como un acto alrededor del cual haya valor. Más bien, tendemos a acortar los silencios, a evitarlos, a gestionar el riesgo de caer en ellos; cuando pueden los silencios -al contrario – regalarnos tanto de nosotros como de los otros.
Justamente porque la tendencia es a incomodarnos con el silencio, y podría ser debido a que tendríamos que mirarnos más, abrirle un espacio a la contemplación propia y del otro, y eso parece intimidarnos. Cuánta evasión hay en encontrarnos de otras formas, en reconocernos y vernos.
Tanto nos tememos que no nos exponemos. Hay que arriesgarse por uno mismo y por los otros, para que esta humanidad no se pierda y se sostenga en encuentros valiosos donde, así como en la música, el silencio configure melodías que nos revivan, que nos alienten, que nos conecten con nuestra más entrañable forma de reconocernos: Vernos en el silencio.


De acuerdo con ese sentir!!! El silencio nos permite conocer al otro a través del observar, del sentir… las palabras no son necesarias…. serían un obstáculo. Gracias
Como dice la madre teresa de calcuta….debemos de ser todo silencio…ella lo decia con referencia a la oracion ..creo ke tambien debemos silenciar la mente…..om namaha shivaya …gracias…
EN LO EFIMERO,HE ENCONTRADO,TODO.