Nos encontramos ante acontecimientos devastadores para la condición humana, entre los cuales las confrontaciones bélicas armamentistas – que son la línea frontal más densa de estas batallas – contrastan con la sutileza de imaginarios de bienestar que compiten desde orillas ideológicas y políticas que en sí mismas son creaciones instaladas para llevar la humanidad al límite y probar su actuar ante el caos.
Teorías, modelos, sistemas probados en laboratorios delimitados por fronteras invisibles, categorizando – por tipos de enfoques – unos bloques que condicionan entornos, donde variables son observadas, medidas, documentadas. En los que se insertan agentes que cambian vectores de comportamiento y así, pareciera no terminar esta manipulación experimental, que deriva en disminuir la frecuencia en la que vibra nuestra escencia y apagar por completo su resplandor.
¿Y qué quedaría entonces si esto sucede? Se daría por perdido el experimento genético del origen humano perfeccionado y demostrado en logro por algunas civilizaciones extintas? o ¿la tarea retomada hace milenios por conciencias cósmicas en asistencia al hombre para reactivar su estructura esencial cumplirá su propósito?
Estos y otros escenarios pueden ser el futurible, del cual metafóricamente varios escritores reconocidos han traído en la ciencia ficción una aproximación predictiva o quizá un tanto previsible, dentro de lo que puede inferirse con lo que acumulamos de historia evolutiva en el planeta.
Uno de ellos, Isaac Asimov de los más destacados en su género literario, y ante todo científico, que desarrolló un relato en el que se proyectan dinámicas de escala no solo planetaria sino galáctica, que recrean a escala nuestra estas tensiones entre las fuerzas de las que no está exento al parecer ningún sistema evolutivo.
Hay una mención destacada que esta entrega propone, especialmente por el hecho de las guerras que hoy se libran en el planeta y cabe preguntarse si deberíamos permitirnos que sucedan. Asimov postula que “Solo existe una guerra que se le puede permitir al ser humano: la guerra contra su extinción”.
Y surge entonces un asunto grueso ante esta afirmación que podríamos sin duda respaldar, y es relacionado con el lugar donde tendría lugar la guerra que quizás nos podemos permitir para evitar nuestra extinción como humanidad, así como precisar contra quienes se da la confrontación.
El Bhagavad Gita, suprema enseñanza de la tradición védica, recrea en el diálogo de Krishna con su discípulo Arjuna este dilema que conlleva al lucha interna del alma en atacar al enemigo real que está contenido en su estructura egóica y apego emocional representando a su familia a la cual no encuentra justificado destruir.
En escencia la guerra contra la extinción de la condición humana se libra en el ámbito individual donde los campos de batalla son físicos, mentales y emocionales. Las armas de combate están dispuestas en la misma tradición védica destacando al Yoga en su integralidad. Al usarlas como es debido, vamos destruyendo enemigos internos y restableciendo orden, lo que equivale a ir disolviendo oscuridad y revelando nuestra verdadera condición: la Luz.
No hay tregua, no puede haber.

