En el mundo dual, la verdad se devela en los pares de opuestos. Humildad y soberbia. La primera, afirma Cervantes en su Coloquio de los perros, es la mayor de las virtudes, ya que sin ella; las otras no son. El ser humilde es consciente de sus limitaciones e insuficiencias y actúa en consonancia de tal conciencia.
La humildad es la sabiduría de aceptar nuestro verdadero nivel de conciencia y un nivel de conciencia en sí misma. Asimismo, es la capacidad que tiene el ser humano de reconocer sus habilidades, cualidades y capacidades. Para así aprovecharlas y obrar en bien del otro, sin hacerlo notar ni exaltarse por ello. Ser humilde inspira confianza, nos hace flexibles y adaptables a cualquier circunstancia. La persona humilde, con el tiempo se hace noble y gana el corazón de su prójimo.
La soberbia, en cambio, es la raíz del mismo mal. Recordemos el mayor acto de soberbia: La rebelión de Lucifer. En el poema de John Milton Paraíso Perdido, Satanás dice: “Mejor reinar en el infierno que servir en el cielo”. Desobedece a su creador argumentando que el reino de los cielos es una monarquía absoluta. Envidia el libre albedrío dado al humano. Rompe la Ley. Abandona el Amor. Se crea la dualidad.
La soberbia es considerada por el catolicismo como uno de los siete pecados capitales. Siempre llevado por el orgullo y la vanidad, el soberbio se cree mejor que los demás y busca, constantemente, la aprobación y adulación de quien considera debe impresionar. Actuando para su propio beneficio narcisista, engrandeciendo su ego hasta, si la circunstancia se lo permite, convertirse en megalómano.
El Morya, Maestro Ascendido, en su encarnación como el Rey Arturo, fundó una orden llamada Los caballeros de la mesa redonda. En dicha mesa, cuenta la leyenda, había la siguiente inscripción: “Al servirnos unos a otros nos hacemos libres”. En el corazón de los caballeros de Camelot estaba arraigada la vocación de servir al otro, al bien común y al plan. Profesaban frases como: “Si debes morir, muere sirviendo algo más grande que a ti mismo. Mejor aún, vive para servir.”
Arturo (El Morya) pertenece al primer rayo (Azul), de la voluntad de Dios. Lo que nos lleva a inferir que la voluntad de Dios para con el humano es el servicio. Y está dicho que la mayor bendición que un alma se puede procurar es entregarse al servicio del plan divino.
Al servicio se le llama Karma Yoga en la tradición del Dharma. La palabra Karma significa acción; Yoga es unión. Así que Karma Yoga es la unión con Dios a través de la acción. La acción desinteresada. La que está desapegada de los resultados.
El discernimiento
Al reunirse Arturo con sus caballeros, sentados ante la mesa redonda, pronunciaban al unísono la siguiente oración: “Que Dios nos de la sabiduría para descubrir lo correcto, la voluntad para elegirlo y la fortaleza para hacerlo perdurar.” De igual manera el iniciado en un sendero espiritual debe hacer uso del discernimiento para poder escoger servir siempre. Y lo que es más importante; servir con humildad, contentura y hasta gozo.
En las comunidades espirituales debe existir la cooperación y el respeto mutuo. Cada integrante debe contribuir ofreciendo su habilidad. La humildad es un requisito si uno quiere consagrar su talento al plan mayor.
Fuentes Consultadas: https://hermandadblanca.org/los-maestros-ascendidos/ https://agniyoga.org/ay_es/Leaves-of-Moryas-Garden-I.php Película: First Knight 1995 (Netflix) https://biblioteca.org.ar/libros/656292.pdf https://es.wikipedia.org/wiki/Soberbia https://www.significados.com/humildad/ Música recomendada para la lectura: Edward Elgar: “Pomp and Circumstance”.


Cuando uno no viene de paquete así, tan humilde, o escogió el orgullo y la soberbia como recurso o escudo protector, el camino del servicio al Guru y al prójimo, constante e ininterrumpido, Sana
Muy cierto. Gracias por tu comentario.